¿Por qué la importación es la variable determinante de la escasez de alimentos en Cuba?

Por: Miguel Alejandro Hayes

Para comprender la dinámica de la escasez en Cuba, es imperativo partir de un hecho estructural aceptado que servirá como premisa fundamental de este análisis: el 80% de los alimentos consumidos en la isla son importados. En consecuencia, la producción local apenas aporta el 20% restante.

Lo anterior trasciende el mero dato estadístico; constituye una condición con implicaciones profundas. Significa que, en la estructura del consumo cubano, el sector externo ostenta la mayoría absoluta.

Esta asimetría genera dos realidades dispares en términos de impacto. Cada variación del 1% en la oferta importada provoca que el total de alimentos disponibles fluctúe un 0,8%. En contraste, para lograr ese mismo movimiento en el total mediante la producción nacional, el esfuerzo (o la caída) tendría un impacto cuatro veces menor: apenas un 0,2%.

Esta «ley de movimiento» de la escasez cubana puede formalizarse de la siguiente manera:

  1. ​​ΔT=0.8Δx​
  2. ΔT=0.2Δy​

Donde:

  • ​​ΔT: variación porcentual del total.
  • Δx: variación porcentual de x (importaciones); donde 0,8 es la pendiente (la proporción del total explicada por x).
  • Δy: variación porcentual de y (producción nacional); donde 0,2 es la pendiente (la proporción del total explicada por y).

Si la intuición fallase al analizar la oferta de alimentos en Cuba, las cifras la rectifican. Imaginemos un escenario catastrófico: si la producción nacional de alimentos desapareciera por completo (una caída del 100%), la oferta total de comida en el país «solo» disminuiría un 20%. Sin embargo, dado el peso de la importación, bastaría con que las compras al exterior cayeran un 25% para provocar ese mismo nivel de devastación.

Un ejemplo más actual y realista ilustra mejor esta relación: una debacle productiva que redujera la producción nacional a la mitad (50%) generaría una contracción del 10% en la oferta total. No obstante, para sufrir ese mismo golpe de escasez, es suficiente con que las importaciones se reduzcan apenas un 12,5%.

En resumen: una pequeña variación en las importaciones equivale, en términos de oferta agregada, a un desastre en la producción nacional.

Esto expone un error recurrente en el debate público: atribuir la agudización de la escasez principalmente al desplome de la producción interna. Matemáticamente, esto implica otorgar a la variable «producción» un peso que no posee. Si se busca explicar por qué la carestía se agrava hoy, o por qué existen caídas relevantes en la oferta de alimentos, la mirada debe dirigirse, esencialmente, a los barcos que arriban y no a los surcos.

Las consecuencias de política económica que se derivan de lo anterior son severas. Dada esta desproporción estructural, si se pretendiera duplicar la oferta actual de comida basándose exclusivamente en lo nacional, la producción local tendría que quintuplicarse (un crecimiento del 400%), una meta prácticamente irracional.

Por consiguiente, cualquier salida inmediata a la crisis alimentaria cubana y a su escasez crónica pasará, inevitablemente, por el aumento urgente de las importaciones. De forma paralela, podría iniciarse una estrategia de producción nacional que reemplace o reduzca el peso de las importaciones (sustitución de importaciones), pero esta sería, a todas luces, una solución a mediano plazo.

Asimismo, toda propuesta de reforma o cambio sistémico actual que señale a la producción nacional como la respuesta urgente, está apostando por alternativas inviables.

Es necesario aclarar que este análisis no constituye un menosprecio a la soberanía alimentaria ni sugiere abandonar la producción. Se trata de honestidad intelectual: la deformación estructural de la economía y su dependencia externa son realidades demostradas y deben ser el punto de partida para cualquier solución. El comportamiento de la escasez se explica, por origen y peso matemático, desde la importación, no desde la producción.

Finalmente, cabe destacar que tanto el problema alimentario como la salida urgente (y posible) vía importaciones, quedan fuera del alcance del régimen cubano, en tanto este carece de los recursos financieros para asumirla y de la credibilidad internacional para acceder a ellos.

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