Panorama del protestantismo en Cuba: cuarenta años iluminando la memoria histórica de la fe evangélica

Por: Carlos R. Molina Rodríguez

Este año se cumple un aniversario de singular trascendencia para la historiografía y la identidad religiosa cubana: cuatro décadas de la publicación de Panorama del protestantismo en Cuba, obra del doctor Marcos Antonio Ramos. Publicado por primera vez en 1986, este libro de 668 páginas, prologado por el eminente historiador metodista Justo L. González, no solo vino a ocupar un espacio decisivo en el conocimiento de la trayectoria evangélica en la Isla, sino que se erigió desde entonces como el texto de referencia para generaciones de creyentes, académicos e interesados en comprender la profunda y compleja huella del protestantismo en la nación cubana. En ocasión de tan significativa efeméride, este artículo busca explorar los orígenes, el contenido y el legado de esta magna obra, a la vez que rendir tributo a su autor —mi mentor y amigo—, quien con rigor y pasión ha dedicado su vida a preservar y analizar esta memoria.

Marcos Antonio Ramos nació en Colón, provincia de Matanzas, en 1944. Su vida y obra están marcadas por una doble condición: la de cubano exiliado, partiendo de la Isla en 1962 junto a su familia, y la de historiador meticuloso que desde la distancia geográfica, pero nunca espiritual, se consagró a documentar y entender la trayectoria de la fe que vio nacer en su tierra. Su formación teológica e histórica se desarrolló en los Estados Unidos, donde forjó una sólida carrera académica como profesor y autor. Ordenado pastor bautista, su ministerio ha estado inseparablemente unido a la investigación, dotándolo de una sensibilidad única para comprender la vida interna de las congregaciones. Es su profunda conexión con el pueblo protestante cubano, su empatía y su compromiso intelectual lo que imprime a su trabajo un carácter único y autorizado. Su trayectoria lo ha consolidado como el historiador mayor del protestantismo en Cuba, un título que refleja el respeto unánime hacia su obra fundamental.

Antes de la aparición del Panorama…, los estudios sobre el tema eran escasos y fragmentarios. Existían contribuciones valiosas pero limitadas, como la síntesis histórica de Guillermo Cabrera Leiva (Breve reseña histórica del protestantismo en Cuba, 1953) o la perspectiva externa ofrecida en el trabajo en alemán de Theo Tschuy (Hundert Jahre Kubanischer Protestantismus, 1868-1961: Versuch einer kirchengeschichtlichen Deutung, 1978). Un precedente fundamental desde Cuba lo constituyó el ensayo “Los misioneros patriotas” del historiador presbiterano Rafael Cepeda, publicado en 1976. En este trabajo, Cepeda realizó una significativa reivindicación historiográfica al destacar el papel precursor y el carácter patriótico de los primeros misioneros protestantes cubanos, demostrando que la siembra del evangelio en el país no fue un privilegio exclusivo de las misiones estadounidenses, sino también una empresa nacional con profundas raíces en el proyecto independentista del siglo xix. Estos esfuerzos pioneros, sin embargo, no alcanzaban a ofrecer una visión integral, documentada y escrita desde una comprensión interna del fenómeno. Fue precisamente este vacío el que la obra de Ramos vino a colmar de modo definitivo. El libro surgió como la culminación y ampliación de su trabajo doctoral, convertido en un texto accesible para un público amplio. Su monumental estructura, organizada en catorce capítulos, despliega un relato exhaustivo que comienza con “Una colonización católica y un protestantismo extranjero” y recorre hitos esenciales como “Los inicios del protestantismo cubano (segunda mitad del siglo xix)”, “Protestantes en la independencia de Cuba”, “La hora de las juntas misioneras (1898-1902), “Generales y doctores; fluctuaciones económicas: los evangélicos avanzan y decaen (1909-1933)” y “Una nueva generación en Cuba (1933-1959)”, para concluir con un análisis de “Los evangélicos en la hora de la revolución”. La obra se enriquece con siete apéndices que documentan y analizan el período de 1959 a 1985, así como una bibliografía selecta que recoge lo mejor de la literatura existente sobre Cuba y el protestantismo cubano hasta ese momento. Un rasgo distintivo de la obra es su tono respetuoso y ecuánime hacia todas las denominaciones y sus líderes, sin distinción de su ubicación geográfica o postura ideológica, tratando a todos como parte constitutiva de una misma historia.

La presentación visual del libro es también significativa. La cubierta es un montaje fotográfico que integra una bandera cubana, una antigua biblia, imágenes de la construcción de un templo evangélico y un retrato del doctor Moisés Nathanael McCall, conocido como el Apóstol Bautista en la Perla Antillana. La contracubierta, por su parte, muestra una fotografía histórica de pastores y líderes evangélicos cubanos recibiendo al congresista estadounidense Adam Clayton Powell en el aeropuerto de La Habana poco después de la huida de Fulgencio Batista en 1959. El interior se complementa con varias secciones fotográficas distribuidas entre sus partes. El volumen está dedicado, en un emotivo gesto personal, a la memoria de su padre, sus abuelos y sus tíos paternos; a su madre, su esposa y su hija; y en acción de gracias a sus tíos maternos Concha Mesa y Marcos Díaz, por todo lo que hicieron por su madre y por él. Asimismo, se consagra “en homenaje a los fundadores del protestantismo cubano, patriotas y revolucionarios independentistas del siglo xix, amigos y colaboradores de José Martí y Antonio Maceo, en el centenario de la ordenación del doctor Alberto J. Díaz, ocurrida en 1885, y el inicio formal de la obra bautista en Cuba en 1886”.

La trayectoria editorial del Panorama… confirma su demanda y relevancia continua. Tras su aparición inicial en Miami en 1986, el libro fue reimpreso en 2010 en esa misma ciudad por Ediciones Universal, desaparecida casa editora que dio a la luz gran parte de la obra de clásicos cubanos y de autores exiliados. La reimpresión para el público cubano se realizó en la Imprenta Bíblica de Cuba Los Pinos Nuevos en 2016. Su influencia trascendió además el ámbito hispano con la salida, en 1989, de una versión resumida en inglés titulada Protestantism and Revolution in Cuba, publicada por el Research Institute for Cuban Studies de la Universidad de Miami. Esta edición de 168 páginas, con un prólogo del doctor Antonio Jorge, facilitó la difusión internacional de sus tesis centrales. La persistencia de estas reimpresiones y su adaptación a otro idioma, sin que haya surgido una obra que la supere en alcance histórico, es el mayor testimonio de su carácter fundacional y de la solidez perdurable de su investigación.

Estructurado con un claro sentido cronológico, el libro guía al lector desde los primeros y difíciles atisbos de presencia protestante en la Cuba colonial, marcada por la intolerancia del régimen español, pasando por el crucial siglo xix donde se gesta la llegada de los primeros misioneros y se forja una incipiente identidad en el marco de las luchas independentistas. Ramos dedica una parte sustancial a analizar el período republicano (1902-1958), detallando la expansión denominacional, la creación de instituciones educativas y de servicio, y la gradual inserción del protestantismo en la vida social de la nación. El tratamiento de la etapa posterior a 1959 representa una de sus contribuciones más valiosas y equilibradas, donde con oficio de historiador y sin caer en apologías o panfletos, aborda los profundos cambios, tensiones y redefiniciones que vivieron las iglesias en el nuevo contexto revolucionario. El mérito de la obra radica en haber integrado de manera coherente la macrohistoria de Cuba con las microhistorias de congregaciones, líderes y creyentes anónimos, ofreciendo un retrato completo y matizado.

El impacto del Panorama… ha trascendido el ámbito puramente académico para convertirse en un pilar de la conciencia identitaria del protestantismo cubano. Dentro de la Isla, a pesar de las limitaciones, el libro circuló y se convirtió en un texto formador para pastores y seminaristas, proveyendo por primera vez un relato orgánico que enraizaba su fe en la historia patria, demostrando que no eran ajenos sino partícipes de ella. Para la diáspora cubana, funcionó como un puente de memoria, ayudando a comprender y contextualizar su propia experiencia religiosa y el trauma del desarraigo. En el ámbito internacional, se consolidó como la fuente primaria obligatoria para cualquier estudio serio sobre religión en Cuba, citado por sociólogos, historiadores y politólogos, abriendo así un campo de estudio que otros han continuado después de él. La obra de Ramos permitió que el protestantismo cubano se mirara a sí mismo con mayor profundidad y orgullo, recuperando una narrativa que estaba dispersa u olvidada.

A cuarenta años de su primera aparición, Panorama del protestantismo en Cuba permanece como una obra viva, un clásico cuya vigencia se renueva con cada lectura. Es el legado perdurable de un hombre que, desde el exilio, dedicó su talento y rigor a tejer el tapiz de la memoria de su pueblo de fe. Este aniversario es una oportunidad para celebrar no solo un libro excepcional, sino la trayectoria intelectual y humana del doctor Marcos Antonio Ramos, cuyo ministerio de la historia ha fortalecido, informado y dado identidad a incontables personas en Cuba y en el mundo. Su labor, sostenida y amorosa, asegura que esta parte vital de la historia nacional nunca vuelva a ser ignorada.

Diálogo con el historiador: la voz detrás del Panorama…

Para profundizar en este legado y conocer de primera mano las reflexiones del autor en este aniversario, ofrecemos a continuación un diálogo donde su voz complementa y enriquece la perspectiva del análisis. A través de estas preguntas, buscamos desentrañar los procesos, las intuiciones y las convicciones que dieron forma a la obra.

1. ¿Podría compartir, doctor Ramos, cómo surgió el proyecto del Panorama…? ¿Fue una inquietud que nació de sus estudios, de una necesidad pastoral o de otro impulso más íntimo?

2. Investigar y escribir este libro desde el exilio presentó sin duda desafíos particulares para acceder a fuentes. ¿Cuáles fueron las mayores dificultades que enfrentó y cómo las sorteó?

3. En toda investigación hay hallazgos que conmueven. ¿Hubo alguna anécdota, documento o personaje descubierto durante su trabajo que lo haya impactado especialmente?

4. Los apéndices dedicados al período posterior a 1959 son frecuentemente elogiados por su tono equilibrado. Como historiador y como cubano, ¿cómo logró encontrar ese balance narrativo?

5. Tras su minucioso estudio, ¿hay alguna figura histórica del protestantismo cubano que considere no ha recibido el reconocimiento que merece dentro de la narrativa nacional más amplia?

6. ¿Cómo recuerda la recepción inicial del libro en distintos ámbitos? ¿Hubo alguna reacción, dentro o fuera de Cuba, que lo haya sorprendido gratamente o le haya hecho reflexionar?

7. A lo largo de estas cuatro décadas, muchos le han expresado el impacto del libro en sus vidas. ¿Hay algún testimonio de un lector que lo haya tocado de manera especial?

8. Desde 1986 han aparecido nuevos estudios. ¿Qué aspecto de la historia protestante cubana cree que necesita hoy una investigación más profunda o una mirada renovada?

9. Como maestro de muchos, ¿qué consejo le daría a un joven historiador o teólogo cubano que desee contribuir al estudio de la historia eclesial de nuestro país?

10. Por último, al contemplar su obra desde la distancia de estos cuarenta años, ¿hay algo que miraría con ojos diferentes hoy? ¿Algún énfasis que cambiaría o algún tema que siente quedó pendiente?

Este diálogo no solo cierra un círculo de homenaje, sino que abre nuevas puertas de reflexión. Sus respuestas, cargadas de memoria y lucidez, confirman que el Panorama… fue más que un proyecto académico; fue un acto de fidelidad. Fidelidad a la verdad histórica, a un pueblo de fe y a una isla que, aunque partida por la emigración, encuentra en obras como esta los hilos indestructibles de su memoria compartida. La última palabra, por tanto, no la tiene el análisis sino el testimonio, no el comentarista sino el testigo y arquitecto de esta historia. Su voz, recogida aquí, es el colofón perfecto para una obra que, a sus cuarenta años, sigue siendo la brújula que nos orienta hacia una comprensión más plena de nuestro pasado, para caminar con mayor claridad hacia el futuro que, como pueblo de fe, estamos llamados a construir.

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