El rol de la banca de desarrollo internacional en la reconstrucción de Cuba
Por Francisco Díaz Pou · 25 de julio de 2026
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, quedó en evidencia la magnitud de la destrucción sufrida por los países beligerantes, con excepción de aquellos ubicados en el hemisferio occidental. Los Aliados victoriosos enfrentaron entonces una crisis de alcance mundial que exigía una respuesta poco común por su escala, duración y complejidad.
La reconstrucción requería movilizar enormes recursos financieros, sociales y políticos para sacar a las naciones afectadas del estado de postración económica, institucional y social en que habían quedado. No se trataba de una tarea de solución rápida: exigía un esfuerzo sostenido durante más de una década por parte de los países aliados, gobernados en su mayoría bajo el modelo de democracia liberal prevalente en Norteamérica y Europa occidental.
La necesidad de una respuesta institucional duradera
El mayor riesgo de aquel esfuerzo multinacional era que el apoyo político y económico se debilitara con el tiempo. La dinámica propia de los sistemas democráticos, sujetos a cambios de gobierno, disputas partidistas y variaciones en las prioridades nacionales, hacía necesario crear un mecanismo capaz de sostener la cooperación internacional al margen de intereses particulares, regionales o coyunturales.
La solución fue impulsar la creación de entidades supranacionales encargadas de administrar el proceso de reconstrucción y, con el tiempo, de ordenar el sistema económico internacional que surgiría después de la guerra.
Bretton Woods y el nuevo marco económico internacional
La Conferencia Financiera y Monetaria de las Naciones Unidas, celebrada en Bretton Woods en 1944 y organizada por los Aliados hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, sentó las bases del llamado nuevo orden económico internacional. Aunque ese marco ha experimentado numerosos ajustes, sus instituciones principales han influido en la economía mundial durante los últimos ochenta años. Ante el éxito inicial en los territorios que fueron parte del teatro de operaciones de la guerra, se decidió expandir su asistencia financiera a los países en vías de desarrollo a nivel mundial.
El propósito central era promover la interdependencia económica y evitar la repetición de las crisis financieras, comerciales y monetarias que habían contribuido a las tensiones internacionales de las décadas anteriores. Entre sus resultados más importantes estuvieron:
- La creación del Fondo Monetario Internacional, orientado a promover la estabilidad de los tipos de cambio y de los flujos financieros internacionales.
- La fundación del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [BIRF], más tarde integrado al Grupo del Banco Mundial, cuyo propósito inicial fue financiar la reconstrucción de la infraestructura de los países afectados por la guerra.
- El inicio de las negociaciones que desembocaron en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), concebido para reducir los desajustes del comercio internacional provocados, en gran medida, por las pugnas arancelarias entre países.
Cuba y los organismos surgidos de Bretton Woods
Cuba participó en la Conferencia de Bretton Woods y fue miembro fundador de las tres organizaciones creadas o impulsadas por ese nuevo marco de cooperación internacional. Incluso, la primera reunión preparatoria del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio se celebró en La Habana.
En 1948, a petición del Gobierno cubano, el BIRF realizó un estudio de la economía nacional y formuló varias recomendaciones. Entre ellas figuraban la creación de un banco central encargado de ejecutar la política monetaria del país y el establecimiento de bancos de fomento orientados a dinamizar la producción agropecuaria e industrial.
En 1950, el BIRF envió una misión económica y técnica para realizar un estudio más amplio de la economía cubana. Al concluir su labor, la misión preparó un informe en el que identificó los principales problemas económicos del país y señaló proyectos de desarrollo viables. Para ello contó con la cooperación de entidades del Gobierno cubano y de la sociedad civil, incluidos especialistas como Ramiro Guerra, Julián Alienes Urosa y Casto Ferragut. Además, a solicitud del Gobierno de Cuba, la firma internacional Price, Waterhouse & Co. evaluó el estado de las finanzas públicas, y esa auditoría fue incorporada al análisis de la misión.
El informe del Banco Mundial fue conocido popularmente por el apellido del jefe de la misión, Francis A. Truslow. El documento fue ampliamente debatido y varias de sus recomendaciones comenzaron a implementarse.
Durante la expansión económica de la década de 1950, Cuba recibió asistencia técnica del Grupo del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Asimismo, bancos de fomento de reciente creación, como el BANFAIC, obtuvieron créditos a corto y mediano plazo de estas entidades, con el aval del Banco Nacional de Cuba, para financiar parte del déficit de la balanza comercial generado por sus proyectos de desarrollo.
Ruptura institucional y aislamiento financiero
El principal argumento del régimen castrista para justificar el desastre actual de Cuba ha sido el llamado bloqueo de los Estados Unidos. Sin embargo, el aislamiento financiero comenzó a gestarse internamente tan pronto la familia Castro tomó el control del país en 1959.
Al inicio del proceso revolucionario fidelista, los hermanos Castro decidieron romper los lazos de asistencia y cooperación financiera con el FMI y el Banco Mundial. Además, Cuba no participó en la fundación del Banco Interamericano de Desarrollo en 1960.
Ese aislamiento financiero y tecnológico fue impuesto por el liderazgo castrista siguiendo el precedente de Joseph Stalin, quien impidió el ingreso de la URSS a estos organismos en 1945 por temor a que la interdependencia económica redujera su poder absoluto. Cuba inició así su propio aislamiento antes de la ruptura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y antes de la Crisis de los Misiles de 1962.
Mientras los demás países del hemisferio occidental han recibido asistencia técnica y financiera de la banca internacional de desarrollo, la Cuba castrista ha demonizado esas instituciones durante más de seis décadas.
Prioridades de una reconstrucción nacional
Cuba enfrenta una implosión económica que ha provocado una crisis humanitaria de dimensiones incalculables. El régimen castrista ha conducido al país a esta situación debido a su incapacidad para manejar los asuntos públicos durante más de seis décadas, y no cuenta con los instrumentos ni la credibilidad necesarios para resolver la crisis que ha creado.
El equipo gobernante que asuma la responsabilidad de iniciar la reconstrucción nacional, una vez concluido el actual control absoluto del poder, deberá ejecutar planes de corto, mediano y largo plazo para atender esta tragedia humana.
En el corto plazo, la hambruna, la insalubridad y la pérdida de las condiciones básicas de subsistencia deberán enfrentarse mediante un plan asistencial capaz de cubrir necesidades mínimas de alimentación, servicios esenciales y atención sanitaria.
Para ello, el nuevo Gobierno deberá contar con la credibilidad necesaria para movilizar a la diáspora cubana en apoyo de la población de la Isla. También deberá solicitar ayuda inmediata de los Estados Unidos para asegurar la transferencia de alimentos básicos —como trigo, arroz, aceites vegetales y productos lácteos— mediante los programas de asistencia alimentaria que ese país ofrece a regiones afectadas por crisis similares.
Reintegración a la banca internacional de desarrollo
De inmediato, el nuevo equipo gobernante deberá iniciar negociaciones con el FMI y el Banco Mundial para solicitar la reintegración de Cuba a dichas entidades, así como gestionar su incorporación al Banco Interamericano de Desarrollo.
El FMI podría poner en marcha un programa de cooperación técnica y financiera que apoye la formulación e implementación de políticas monetarias y fiscales. Su participación también añadiría un marco de disciplina institucional indispensable, ausente durante décadas en un sistema donde los recursos económicos han sido subordinados al control político.
Asimismo, el FMI podría asistir en la recreación de una banca nacional de desarrollo destinada a proveer financiamiento esencial a los sectores agropecuario e industrial. Debido al prolongado aislamiento promovido por el liderazgo castrista, los funcionarios responsables de las finanzas públicas necesitarán asistencia técnica para alcanzar el nivel profesional requerido en la ejecución de esas políticas.
El Banco Mundial y el BID deberían desempeñar un papel central en el financiamiento de la reconstrucción de la infraestructura física del país. Esta labor debe incluir, entre otras áreas, la construcción y equipamiento de hospitales, la rehabilitación de acueductos y alcantarillados, y la modernización del transporte público en sus distintas modalidades.
La participación de estos organismos supranacionales garantizaría mayor continuidad al proceso de reconstrucción durante décadas y contribuiría al desarrollo sostenido de la economía cubana. Sin su apoyo, el crecimiento y la modernización institucional del país serían más lentos, inestables y costosos para el pueblo cubano.
El restablecimiento de relaciones con estos organismos exigirá que el nuevo Gobierno cubano acepte sus reglas de operación. Una relación de interdependencia requiere supervisión estrecha de los programas financiados o auspiciados por ellos.
Lecciones históricas y papel de los Estados Unidos
La opinión prevaleciente entre historiadores y analistas rusos que han estudiado la desintegración de la URSS es que sus Estados clientes, como Cuba y Siria, drenaron recursos indispensables para el desarrollo soviético. La autarquía impuesta por Stalin al finalizar la Segunda Guerra Mundial privó a la URSS de la sofisticación y experiencia necesarias para gestionar y supervisar proyectos de desarrollo y asistencia económica. Esa debilidad permitió que los Estados clientes manejaran con amplia discrecionalidad la ayuda financiera que recibían.
A lo largo de más de ochenta años, la banca internacional de desarrollo ha perfeccionado sus programas de asistencia, razón por la cual los países donantes suelen preferir este vehículo para apoyar procesos de reconstrucción nacional.
En el caso de Cuba, los Estados Unidos no cuentan por sí solos con la estructura administrativa necesaria para operar el tipo de asistencia que provee la banca de desarrollo. Su contribución podría concentrarse en medidas específicas y de rápida implementación, como la concesión de un trato arancelario preferencial, la asistencia técnica agropecuaria y la eliminación de leyes y regulaciones federales que dificultan el libre intercambio de bienes y recursos financieros entre ambos países.
En síntesis, la banca internacional de desarrollo sería el principal instrumento para asistir al nuevo Gobierno en la magna obra de reconstrucción nacional. Su participación también ofrecería garantías a la inversión extranjera, al reducir el riesgo de arbitrariedades gubernamentales como las que han caracterizado a Cuba durante los últimos sesenta y siete años.