Por: Francisco Díaz Pou
El anuncio reciente del presidente Trump sobre las conversaciones con el régimen castrista, junto con sus reiterados comentarios acerca del grave deterioro de la economía cubana, ha tenido una influencia notable en el desarrollo del calendario de la crisis que atraviesa la Isla. Estas declaraciones han alterado la percepción social y el ritmo de los acontecimientos, estableciendo así una nueva dinámica para la situación nacional.
Tal como se ha señalado, el Estado cubano ha demostrado su fracaso como empresario responsable en la producción de alimentos y su incapacidad para gestionar de manera eficaz los recursos agrarios del país. Ante este panorama, resulta imprescindible impulsar la privatización de la producción agropecuaria, lo que permitiría un manejo más eficiente y productivo de los recursos disponibles.
Tradicionalmente, la industria azucarera ha sido el pilar fundamental del sector agropecuario cubano, sustentada en gran medida por las inversiones en infraestructuras realizadas durante varias décadas antes de la instauración del régimen castrista. Durante el periodo republicano precastrista, el desarrollo agropecuario fue posible gracias a la existencia de 161 centrales distribuidos en las seis provincias de la época, que funcionaban como verdaderos parques industriales en sus respectivas regiones. El personal técnico y administrativo de estos ingenios facilitaba la realización de zafras azucareras en tiempos y costos competitivos, además de brindar apoyo a su entorno geográfico en diversas actividades productivas, generando así un importante sinergismo económico.
En la actualidad, los centrales existentes requieren inversiones considerables en maquinarias y equipos para sus operaciones. Como parte del proceso de modernización, es imprescindible incorporar técnicas y procedimientos ejecutados por personal altamente capacitado, lo que permitiría incrementar la producción y el rendimiento industrial.
Desafíos en el sector agrícola
Más allá del deterioro de la planta industrial, la industria azucarera demanda una inversión significativa en los cultivos de caña de azúcar. De forma inmediata, se requiere al menos duplicar el rendimiento agrícola mediante la introducción de mejores variedades de caña y la aplicación de buenas prácticas en los cultivos, incluyendo el uso de abonos y herbicidas. Frente a la crisis demográfica que enfrenta el país, la mecanización de las labores agrícolas y de cosecha resulta imprescindible, lo que implica la incorporación de equipos y métodos de alta tecnología, así como programas de capacitación para el personal.
La incorporación de estos elementos permitiría a las empresas azucareras aplicar un modelo de producción moderno a otros cultivos, con el objeto de aprovechar al máximo los recursos disponibles y mitigar el impacto de la estacionalidad que afecta el cultivo, la cosecha y la producción industrial de la caña de azúcar. De este modo, los activos de las empresas serían utilizados eficientemente.
Además de la caña de azúcar, existen otros cultivos que resultan fundamentales para satisfacer la demanda interna del país. Entre ellos destacan el arroz, los frijoles, el maíz y la soya, productos básicos en la alimentación de la población cubana. Estos cultivos presentan una elevada demanda y pueden integrarse adecuadamente al modelo de producción previsto para el sector azucarero, aprovechando la infraestructura y los recursos disponibles en las empresas agroindustriales.
Por otro lado, es relevante considerar la posibilidad de diversificar la producción agrícola con vistas a la exportación. Una vez restablecidas las rutas de transporte comercial, como funcionaban en la era precastrista, se abriría la oportunidad de exportar hacia los mercados de Estados Unidos y Canadá los llamados “vegetales de invierno” y diversas frutas tropicales. Esta estrategia permitiría aprovechar las ventajas climáticas de Cuba y ampliar las fuentes de ingreso para el sector agropecuario, contribuyendo así a la recuperación económica nacional.
Estos factores convierten a la industria azucarera en el punto de partida ideal para una reactivación rápida de la producción agropecuaria en el país. Sin embargo, el gobierno, en su papel de empresario, carece de los recursos financieros, la tecnología y la fortaleza empresarial necesarios para enfrentar este reto.
El rol de las instituciones financieras en el desarrollo agroindustrial
A lo largo de más de sesenta años de dominio revolucionario, la economía cubana ha perdido el respaldo de instituciones financieras que, en otros países de la región, han resultado esenciales para el desarrollo sostenible. En la etapa previa a la revolución, el gobierno cubano estableció el Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC), institución que, apoyada por el Banco Nacional de Cuba (Banco Central), el sistema financiero privado y la cooperación de la banca de desarrollo internacional —incluido el Banco Mundial—, logró dinamizar la economía y respaldar actividades productivas como el cultivo de arroz.
Sin embargo, en 1960, el régimen castrista decidió romper los vínculos con la banca de desarrollo y más tarde cerró el BANFAIC y confiscó la banca privada estatizando todas las actividades financieras. Estas medidas condujeron a la descapitalización de la economía nacional, provocando la salida masiva de recursos financieros y humanos y generando un aislamiento económico que persiste hasta hoy. Esta situación propició la dependencia de la economía cubana primero de la Unión Soviética y, posteriormente, de Venezuela, lo que obstaculizó la adopción de estrategias de desarrollo sostenible y contribuyó al deterioro económico del país.
Por ello, la reactivación del sector agroindustrial demanda, como requisito fundamental, la recreación del BANFAIC. Esta institución debe operar como un organismo paraestatal, autónomo respecto al Poder Ejecutivo, y su objetivo central sería ofrecer asistencia financiera y técnica a los productores agropecuarios. Asimismo, es imprescindible que el nuevo gobierno restablezca relaciones de cooperación con el Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y promueva la integración de Cuba en el Banco Interamericano de Desarrollo.
Al lograr restablecer estos lazos institucionales, el BANFAIC podría acceder a asistencia técnica y financiera para ejecutar sus programas de financiamiento. La reconstitución del sistema financiero privado constituye el complemento indispensable junto al BANFAIC para la reactivación efectiva de los sectores agropecuario e industrial.
El programa de reactivación puede ponerse en marcha de forma inmediata si el Gobierno lleva a cabo los ajustes estructurales necesarios, lo cual implica su retirada de la función gestora y la adopción de un rol regulador. Este cambio permitiría la devolución de las propiedades a las empresas azucareras que las operaban hasta su confiscación por parte del Estado en 1959 y 1960.
Clasificación de los centrales azucareros según su capacidad de reactivación
Las empresas azucareras que fueron confiscadas por el régimen pueden clasificarse en función del estado actual de sus activos, la planta industrial y los terrenos que poseen. Esta clasificación es relevante para determinar su capacidad de integrarse al programa de reconstrucción.
A partir del diagnóstico realizado sobre el estado actual de sus activos, los centrales azucareros pueden organizarse en cuatro grandes categorías, lo que permite establecer prioridades claras en el programa de reconstrucción y modernización del sector. Esta clasificación es esencial para focalizar los esfuerzos, recursos y acciones a ejecutar, maximizando el impacto de las inversiones y facilitando una recuperación escalonada y eficiente de la industria azucarera.
Grupo 1: centrales con mayor potencial de reactivación inmediata.
Este grupo está conformado por 22 centrales que estaban agrupados en 17 empresas azucareras al momento de su confiscación por el régimen en octubre de 1960. Estos centrales pese a atravesar una prolongada etapa de deterioro en sus instalaciones, mantienen un mínimo nivel de funcionalidad. Este aspecto les permite reincorporarse a la producción en el corto plazo, generalmente en el transcurso de un año. La selección responde a criterios objetivos, enfocados en su capacidad de retomar actividades productivas de manera eficiente y rápida.
- Los terrenos que pertenecen a estos centrales son aptos y están disponibles para el cultivo de caña de azúcar. Esto les permite iniciar de inmediato un programa intensivo de siembras, garantizando el suministro constante de materia prima necesaria para la producción.
- La participación reciente y sostenida en las zafras evidencia que estos centrales han mantenido un nivel de operatividad y experiencia productiva acumulada durante los últimos años. Esta trayectoria refuerza su capacidad de responder de manera eficiente a los desafíos que implica la reactivación de la industria azucarera.
La posibilidad de retomar operaciones está al alcance de estos centrales con inversiones moderadas. Dichas inversiones se orientarían principalmente hacia la modernización de plantas, equipos industriales, maquinaria agrícola y material rodante para el acarreo de la caña al central. Sin embargo, es imprescindible considerar desafíos como la disponibilidad de financiamiento y la capacitación del personal en nuevas tecnologías, factores que pueden incidir en el ritmo de reincorporación y el éxito del proceso de modernización. De hecho, la mayoría de los centrales incluidos en este grupo son reconocidas actualmente como activos por el monopolio estatal AZCUBA.
Grupo 2: centrales con potencial de reactivación a mediano plazo.
En este grupo lo integran 22 centrales agrupados en 18 empresas azucareras que fueron confiscadas en octubre de 1960. Estos centrales cuyas plantas industriales, aunque relativamente conservadas, han tenido una participación limitada en las últimas cinco zafras. Sus condiciones se caracterizan por una infraestructura industrial y de comunicaciones aceptable, pero que requiere de inversiones significativas para alcanzar niveles óptimos de funcionamiento y competitividad.
- Infraestructura industrial y de comunicaciones que, aunque funcional, demanda inversiones considerables para su modernización.
- Posibilidad de retomar operaciones productivas en un horizonte de mediano plazo, estimado en aproximadamente dos años, si se ejecutan las inversiones necesarias para la mejora técnica e industrial.
- Incremento sustancial de los cultivos, aplicando métodos adecuados para garantizar un volumen suficiente de caña de azúcar dos años después del inicio de las labores de recuperación.
Grupo 3: centrales con potencial de reactivación a largo plazo.
Los 9 centrales agrupados en 9 empresas incluidas en el Grupo 3 presentan condiciones que dificultan su reincorporación en el corto o mediano plazo. Su ausencia en las zafras durante un periodo superior a seis años ha impactado negativamente tanto la infraestructura industrial como la disponibilidad de equipos agrícolas. Muchos de estos activos han sido canibalizados o trasladados a otros centrales en funcionamiento, lo que incrementa la necesidad de una inversión considerable para restaurar la operatividad.
A este panorama se suma la dispersión de la fuerza laboral, que ha migrado hacia otras regiones o sectores productivos, dificultando la recuperación del capital humano y la experiencia necesarios para garantizar una reactivación exitosa. Por tanto, la rehabilitación de estas empresas exige una planificación detallada y una inversión significativa destinada a la renovación de plantas, la recuperación de equipos agrícolas y la reconstrucción de las capacidades laborales.
En síntesis, el Grupo 3 se compone de empresas cuya reactivación solo sería viable en el largo plazo, siempre que se implementen estrategias adecuadas y se destinen recursos suficientes para revertir el deterioro acumulado y restablecer las condiciones productivas.
Grupo 4: centrales azucareros cuyas plantas industriales han sido desmanteladas.
Este grupo está compuesto por centrales cuya planta industrial ha sido completamente desmantelada, quedando únicamente la infraestructura física remanente, las vías de comunicación y los terrenos disponibles. En estas condiciones, la posibilidad de reactivar la producción azucarera en el corto y mediano plazo es prácticamente nula, pues los recursos existentes solo permiten el desarrollo de otras actividades agroindustriales.
En este contexto, las alternativas viables para estos centrales se centran en la producción y conservación de productos agrícolas destinados al mercado de consumo, sea este nacional o internacional, aprovechando tanto la infraestructura como la disponibilidad de los terrenos. Por ello, la función principal de este grupo se orienta hacia la diversificación de la producción agroindustrial, utilizando los recursos remanentes de la antigua actividad azucarera para nuevos fines productivos.
Al analizar la composición de las empresas azucareras, se observa que algunas de ellas eran propietarias de varios centrales. Esta situación implica que, dentro de una misma empresa, pueden coexistir centrales con distintas condiciones y potencialidades para su reactivación. Como resultado, existen casos en los que una empresa cuenta con centrales que podrían reanudar sus operaciones en el corto y mediano plazo, tras realizar inversiones enfocadas en la modernización de la infraestructura industrial y agrícola, mientras que otros de sus centrales requieren mayores esfuerzos, planificación y recursos para lograr su rehabilitación a largo plazo.
Algunas empresas, como es el caso de las del grupo 4 que disponen únicamente de la infraestructura física y los terrenos de centrales cuyas plantas industriales han sido desmanteladas, es muy probable que orienten su actividad hacia la diversificación agroindustrial en lugar de la producción azucarera tradicional.
La adecuada identificación y clasificación de estas empresas resulta esencial para priorizar las inversiones y acciones necesarias, permitiendo una recuperación eficiente del sector agroindustrial azucarero del país.





