La nación cubana inició su largo y dramático proceso de consolidación a lo largo del siglo XIX. Al final de esa centuria, después de una lucha cruenta, quebró su vínculo con la metrópoli española, a la que estuvo ligada durante cuatro siglos, y emergió con identidad propia. Mientras esto ocurría, se incorporó plenamente a la economía mundial por medio de un producto de gran demanda en los mercados de los países del llamado Primer Mundo.
El azúcar transformó la sociedad al incorporar varios elementos al paradigma colonial vigente. Uno de ellos fue la lamentable expansión del sistema esclavista, con el consiguiente desarrollo del modelo de plantación. Otro fue la incorporación acelerada de los avances de la Revolución Industrial en los procesos de fabricación del azúcar. La modernización de la industria azucarera fue uno de los componentes de mayor peso en el desarrollo de la identidad nacional.
Confiamos en que esta serie de artículos ayude a comprender nuestra historia, con sus éxitos y fracasos, para volver a desarrollar un modelo de sociedad más eficiente, justo y solidario, como merecemos los cubanos.
