¿Dónde estaría Cuba si no se hubiese invertido tanto en hoteles?

Por: Miguel Alejandro Hayes

Cuba no estaría mucho mejor si las inversiones del empresariado militar cubano hubiesen ido a sectores distintos del turismo. En el mejor de los casos posibles, la isla seguiría formando parte del selecto grupo de los países más pobres de la región.

No se conoce con exactitud el monto total de inversiones hoteleras de Cuba. Lo que sí se sabe es el equivalente contable de toda esa inversión en CUP, pero no la cantidad real de divisas ejecutadas.

Sin embargo, teniendo en cuenta que, entre 1997 y 2017, todos los hoteles 5 estrellas del país fueron construidos por la misma empresa extranjera; que esta declara haber levantado 22 hoteles, y que cada uno puede costar entre 100 y 500 millones de USD, se puede estimar que el monto total de la inversión hotelera asciende a varios miles de millones de dólares.

Según una opinión generalizada entre expertos, analistas y activistas cubanos, ese dinero pudo haberse destinado a otros fines. La idea implícita es que Cuba estaría en mejor situación si no se hubiera invertido en hoteles y sí en otros sectores más rentables.

Para analizar si esta hipótesis se sostiene desde el punto de vista económico, y con fines ilustrativos, se puede suponer —de manera sobreestimada— una inversión hotelera total de 25 000 millones de USD durante un período de 25 años (2000-2024), a razón de 1 000 millones por año.

Surge entonces la pregunta: ¿dónde estaría la economía cubana hoy si, a inicios de siglo, el régimen hubiera dirigido esos fondos a sectores con mayor rentabilidad y reinvertido todas las ganancias en una política de crecimiento eficaz? Incluso, ¿qué habría pasado si la inversión hotelera hubiera sido exitosa?

Bajo estos supuestos, es necesario agregar una tasa de rentabilidad y un patrón de reinversión. Para construir el mejor escenario posible, se toma como referencia un rendimiento del 14,3 % (rentabilidad media de inversiones en EE. UU. disponibles para reinversión), destinando cada año el total de beneficios nuevamente a la economía.

El resultado sería que, además del crecimiento real observado en el período, la economía cubana habría sumado unos 23 723 millones de USD adicionales (Tabla 1), una cifra que supera el tamaño actual del PIB del país.

Tabla 1. Elaboración propia.

Si se toma la estimación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) —que sitúa el PIB per cápita cubano en 1369 USD y es inferior a la realizada en el Caribbean Basin Research Institute—, el PIB total actual estaría por debajo de los 40 000 millones de USD, mientras que el ingreso per cápita rondaría los 3492 USD. Esto mantendría a Cuba entre las cinco economías más pobres de la región (Tabla 2).

Tabla 2. Elaboración propia con datos oficiales y resultados del modelo económico.

En el mejor escenario posible, con inversiones óptimas equivalentes a las de un país desarrollado, la economía cubana apenas se habría duplicado y seguiría en la parte más baja del escalafón regional. Dicho de otro modo: ni bajo supuestos extremadamente favorables, Cuba estaría bien solo por haber cambiado el destino de la inversión.

A largo plazo, si el proceso hipotético hubiera comenzado en el año 2000, y con los rendimientos casi imposibles aquí utilizados, el país no llegaría a los niveles actuales de ingreso per cápita de República Dominicana —octava economía de la región— hasta llegado el año 2035 (Gráfico 1).

Gráfico 1. Elaboración propia a partir de los modelos económicos de este material.

Podría pensarse que este plazo se reduciría aumentando el monto de inversión inicial. No obstante, aunque la lógica es válida, esto solo sería posible si la economía cubana tuviese una alta productividad, algo que no ocurre: no existe en la isla un sector con la capacidad productiva necesaria. Sin esta, no importa el capital invertido, no habrá resultados.

Por tanto, el problema no radica ni siquiera en el sector elegido para invertir, sino en que los niveles de riqueza generados por el sistema y su capacidad productiva son insuficientes para salir de la franja de las economías más pobres. Ni siquiera si la inversión hotelera hubiera funcionado plenamente se habrían alcanzado montos y productividad suficientes para cambiar la posición de Cuba en la región.

En consecuencia, los problemas de la economía cubana no son solo cuestión de elección de política económica (política de inversión). Insistir en culpar a las decisiones puntuales y no a la propia imposibilidad estructural del sistema es, al mismo tiempo, un error político y una falta de rigor analítico.

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