Colapso y crisis de la industria azucarera: el caso del central Tuinucú, un síntoma de la crisis económica y social que afecta a Cuba.

Por: Francisco Díaz Pou

El deterioro de la industria azucarera en Cuba no es un fenómeno reciente, sino que se ha venido gestando desde los albores de la revolución castrista. Sin embargo, en la última década, este proceso se ha hecho tan evidente que incluso el público no especializado puede percibirlo claramente.

En la edición digital del 24 de marzo de 2026, el periódico Escambray —órgano oficial del Partido Comunista de Cuba en Sancti Spíritus— informó la suspensión de la molienda en el antiguo central azucarero Tuinucú (Melanio Hernández). Este cierre, causado directamente por la escasez de combustibles, afectó tanto la cosecha de caña como la producción de azúcar. Tuinucú era el único central activo en Cuba, por lo que su paralización marcó el fin de la zafra de 2026.

La crisis de la industria azucarera cubana se manifiesta de forma contundente en los resultados del central Tuinucú. Durante la zafra 2026, el ingenio solo pudo cumplir el 40% de su ya reducido plan de producción, establecido en 14.000 toneladas métricas de azúcar. En 63 días, logró apenas unas 5.600 toneladas, aunque se desconoce el número exacto de días de molienda efectiva.

El análisis de los últimos años revela una merma constante en la producción y en los rendimientos industrial y agrícola del central Tuinucú. En la zafra anterior, el central cumplió su modesto plan de fabricación de 18.500 toneladas métricas el 30 de abril de 2025, objetivo que requirió 124 días de trabajo. Sin embargo, el número de días efectivos de zafra es incierto debido a múltiples paradas por roturas de maquinaria, problemas eléctricos y suministro inestable de caña. Según los periódicos Granma y Escambray, el central continuó moliendo hasta principios de junio de 2025, pero solo produjo unas 1.700 toneladas adicionales, afectado por bajos rendimientos y lluvias que dificultaron el transporte de caña.

Azcuba, el monopolio estatal que gestiona la industria azucarera proyectó para Tuinucú un rendimiento industrial del 7% en la zafra 2025. Los cañaverales rondaban las 30 toneladas por hectárea, aunque la prensa oficial reportó que una cooperativa cercana a Sancti Spíritus podía alcanzar entre 40 y 50 toneladas por hectárea, destinadas para semilla.

Los ejecutivos del central espirituano señalaron que llevan cuatro años sin recibir fertilizantes y que los cañaverales están invadidos por malezas, lo que dificulta el uso eficiente de las antiguas combinadas cañeras. Como consecuencia, en las últimas zafras el central ha operado de manera intermitente por la falta de materia prima.

Comparación histórica: de la prosperidad a la decadencia

Para dimensionar la caída, basta revisar la última zafra bajo administración privada en 1960. En ese año, Tuinucú produjo 39.507 toneladas métricas en solo 69 días efectivos de molienda, con solo tres días de paro. El rendimiento industrial fue de 13,05% y los cañaverales alcanzaron un rendimiento promedio de 51,11 toneladas por hectárea.

Según la Compilación Estadística Azucarera 1960 del Instituto Cubano de Estabilización del Azúcar, la producción de los once centrales activos en la zafra de 1960 en el territorio actual de Sancti Spíritus fue de 293.507 toneladas métricas.

En ese mismo período, la producción nacional de azúcar en Cuba ascendió a 6.000.400 toneladas métricas, lo que demuestra el papel estratégico del sector azucarero en la economía cubana. La comparación entre ambas épocas evidencia el profundo deterioro de la industria en el país.

Perspectiva histórica: Cuba y la producción azucarera

Ramiro Guerra, historiador especializado en economía cubana, señala en su obra Azúcar y Población en las Antillas que hace tres siglos Cuba enviaba a España unas 1.800 toneladas métricas de azúcar anualmente. Un siglo después, en 1826, con la modernización industrial, los envíos a la metrópoli ascendieron a 71.727 toneladas métricas. Este crecimiento estuvo vinculado a la introducción de nuevas tecnologías y a la transformación de la demanda internacional, factores que impulsaron la producción y exportación cubana. Desafortunadamente, en la actualidad la producción azucarera cubana ha regresado a niveles equivalentes a los de la época colonial, hace trescientos años.

Perspectivas y retos de la reactivación agroindustrial en Cuba

Por: Francisco Díaz Pou

El anuncio reciente del presidente Trump sobre las conversaciones con el régimen castrista, junto con sus reiterados comentarios acerca del grave deterioro de la economía cubana, ha tenido una influencia notable en el desarrollo del calendario de la crisis que atraviesa la Isla. Estas declaraciones han alterado la percepción social y el ritmo de los acontecimientos, estableciendo así una nueva dinámica para la situación nacional.

Tal como se ha señalado, el Estado cubano ha demostrado su fracaso como empresario responsable en la producción de alimentos y su incapacidad para gestionar de manera eficaz los recursos agrarios del país. Ante este panorama, resulta imprescindible impulsar la privatización de la producción agropecuaria, lo que permitiría un manejo más eficiente y productivo de los recursos disponibles.

Tradicionalmente, la industria azucarera ha sido el pilar fundamental del sector agropecuario cubano, sustentada en gran medida por las inversiones en infraestructuras realizadas durante varias décadas antes de la instauración del régimen castrista. Durante el periodo republicano precastrista, el desarrollo agropecuario fue posible gracias a la existencia de 161 centrales distribuidos en las seis provincias de la época, que funcionaban como verdaderos parques industriales en sus respectivas regiones. El personal técnico y administrativo de estos ingenios facilitaba la realización de zafras azucareras en tiempos y costos competitivos, además de brindar apoyo a su entorno geográfico en diversas actividades productivas, generando así un importante sinergismo económico.

En la actualidad, los centrales existentes requieren inversiones considerables en maquinarias y equipos para sus operaciones. Como parte del proceso de modernización, es imprescindible incorporar técnicas y procedimientos ejecutados por personal altamente capacitado, lo que permitiría incrementar la producción y el rendimiento industrial.

Desafíos en el sector agrícola

Más allá del deterioro de la planta industrial, la industria azucarera demanda una inversión significativa en los cultivos de caña de azúcar. De forma inmediata, se requiere al menos duplicar el rendimiento agrícola mediante la introducción de mejores variedades de caña y la aplicación de buenas prácticas en los cultivos, incluyendo el uso de abonos y herbicidas. Frente a la crisis demográfica que enfrenta el país, la mecanización de las labores agrícolas y de cosecha resulta imprescindible, lo que implica la incorporación de equipos y métodos de alta tecnología, así como programas de capacitación para el personal.

La incorporación de estos elementos permitiría a las empresas azucareras aplicar un modelo de producción moderno a otros cultivos, con el objeto de aprovechar al máximo los recursos disponibles y mitigar el impacto de la estacionalidad que afecta el cultivo, la cosecha y la producción industrial de la caña de azúcar. De este modo, los activos de las   empresas serían utilizados eficientemente. 

Además de la caña de azúcar, existen otros cultivos que resultan fundamentales para satisfacer la demanda interna del país. Entre ellos destacan el arroz, los frijoles, el maíz y la soya, productos básicos en la alimentación de la población cubana. Estos cultivos presentan una elevada demanda y pueden integrarse adecuadamente al modelo de producción previsto para el sector azucarero, aprovechando la infraestructura y los recursos disponibles en las empresas agroindustriales. 

Por otro lado, es relevante considerar la posibilidad de diversificar la producción agrícola con vistas a la exportación. Una vez restablecidas las rutas de transporte comercial, como funcionaban en la era precastrista, se abriría la oportunidad de exportar hacia los mercados de Estados Unidos y Canadá los llamados “vegetales de invierno” y diversas frutas tropicales. Esta estrategia permitiría aprovechar las ventajas climáticas de Cuba y ampliar las fuentes de ingreso para el sector agropecuario, contribuyendo así a la recuperación económica nacional. 

Estos factores convierten a la industria azucarera en el punto de partida ideal para una reactivación rápida de la producción agropecuaria en el país. Sin embargo, el gobierno, en su papel de empresario, carece de los recursos financieros, la tecnología y la fortaleza empresarial necesarios para enfrentar este reto.

El rol de las instituciones financieras en el desarrollo agroindustrial

A lo largo de más de sesenta años de dominio revolucionario, la economía cubana ha perdido el respaldo de instituciones financieras que, en otros países de la región, han resultado esenciales para el desarrollo sostenible. En la etapa previa a la revolución, el gobierno cubano estableció el Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC), institución que, apoyada por el Banco Nacional de Cuba (Banco Central), el sistema financiero privado y la cooperación de la banca de desarrollo internacional —incluido el Banco Mundial—, logró dinamizar la economía y respaldar actividades productivas como el cultivo de arroz. 

Sin embargo, en 1960, el régimen castrista decidió romper los vínculos con la banca de desarrollo y más tarde cerró el BANFAIC y confiscó la banca privada estatizando todas las actividades financieras. Estas medidas condujeron a la descapitalización de la economía nacional, provocando la salida masiva de recursos financieros y humanos y generando un aislamiento económico que persiste hasta hoy. Esta situación propició la dependencia de la economía cubana primero de la Unión Soviética y, posteriormente, de Venezuela, lo que obstaculizó la adopción de estrategias de desarrollo sostenible y contribuyó al deterioro económico del país. 

Por ello, la reactivación del sector agroindustrial demanda, como requisito fundamental, la recreación del BANFAIC. Esta institución debe operar como un organismo paraestatal, autónomo respecto al Poder Ejecutivo, y su objetivo central sería ofrecer asistencia financiera y técnica a los productores agropecuarios. Asimismo, es imprescindible que el nuevo gobierno restablezca relaciones de cooperación con el Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y promueva la integración de Cuba en el Banco Interamericano de Desarrollo. 

Al lograr restablecer estos lazos institucionales, el BANFAIC podría acceder a asistencia técnica y financiera para ejecutar sus programas de financiamiento. La reconstitución del sistema financiero privado constituye el complemento indispensable junto al BANFAIC para la reactivación efectiva de los sectores agropecuario e industrial. 

El programa de reactivación puede ponerse en marcha de forma inmediata si el Gobierno lleva a cabo los ajustes estructurales necesarios, lo cual implica su retirada de la función gestora y la adopción de un rol regulador. Este cambio permitiría la devolución de las propiedades a las empresas azucareras que las operaban hasta su confiscación por parte del Estado en 1959 y 1960.

Clasificación de los centrales azucareros según su capacidad de reactivación

Las empresas azucareras que fueron confiscadas por el régimen pueden clasificarse en función del estado actual de sus activos, la planta industrial y los terrenos que poseen. Esta clasificación es relevante para determinar su capacidad de integrarse al programa de reconstrucción.

A partir del diagnóstico realizado sobre el estado actual de sus activos, los centrales azucareros pueden organizarse en cuatro grandes categorías, lo que permite establecer prioridades claras en el programa de reconstrucción y modernización del sector. Esta clasificación es esencial para focalizar los esfuerzos, recursos y acciones a ejecutar, maximizando el impacto de las inversiones y facilitando una recuperación escalonada y eficiente de la industria azucarera.

Grupo 1: centrales con mayor potencial de reactivación inmediata.

Este grupo está conformado por 22 centrales que estaban agrupados en 17 empresas azucareras al momento de su confiscación por el régimen en octubre de 1960. Estos centrales pese a atravesar una prolongada etapa de deterioro en sus instalaciones, mantienen un mínimo nivel de funcionalidad. Este aspecto les permite reincorporarse a la producción en el corto plazo, generalmente en el transcurso de un año. La selección responde a criterios objetivos, enfocados en su capacidad de retomar actividades productivas de manera eficiente y rápida.

  • Los terrenos que pertenecen a estos centrales son aptos y están disponibles para el cultivo de caña de azúcar. Esto les permite iniciar de inmediato un programa intensivo de siembras, garantizando el suministro constante de materia prima necesaria para la producción.
  • La participación reciente y sostenida en las zafras evidencia que estos centrales han mantenido un nivel de operatividad y experiencia productiva acumulada durante los últimos años. Esta trayectoria refuerza su capacidad de responder de manera eficiente a los desafíos que implica la reactivación de la industria azucarera.

La posibilidad de retomar operaciones está al alcance de estos centrales con inversiones moderadas. Dichas inversiones se orientarían principalmente hacia la modernización de plantas, equipos industriales, maquinaria agrícola y material rodante para el acarreo de la caña al central. Sin embargo, es imprescindible considerar desafíos como la disponibilidad de financiamiento y la capacitación del personal en nuevas tecnologías, factores que pueden incidir en el ritmo de reincorporación y el éxito del proceso de modernización. De hecho, la mayoría de los centrales incluidos en este grupo son reconocidas actualmente como activos por el monopolio estatal AZCUBA. 

Grupo 2: centrales con potencial de reactivación a mediano plazo.

En este grupo lo integran 22 centrales agrupados en 18 empresas azucareras que fueron confiscadas en octubre de 1960. Estos centrales cuyas plantas industriales, aunque relativamente conservadas, han tenido una participación limitada en las últimas cinco zafras. Sus condiciones se caracterizan por una infraestructura industrial y de comunicaciones aceptable, pero que requiere de inversiones significativas para alcanzar niveles óptimos de funcionamiento y competitividad.

  • Infraestructura industrial y de comunicaciones que, aunque funcional, demanda inversiones considerables para su modernización.
  • Posibilidad de retomar operaciones productivas en un horizonte de mediano plazo, estimado en aproximadamente dos años, si se ejecutan las inversiones necesarias para la mejora técnica e industrial.
  • Incremento sustancial de los cultivos, aplicando métodos adecuados para garantizar un volumen suficiente de caña de azúcar dos años después del inicio de las labores de recuperación.

Grupo 3: centrales con potencial de reactivación a largo plazo.

Los 9 centrales agrupados en 9 empresas incluidas en el Grupo 3 presentan condiciones que dificultan su reincorporación en el corto o mediano plazo. Su ausencia en las zafras durante un periodo superior a seis años ha impactado negativamente tanto la infraestructura industrial como la disponibilidad de equipos agrícolas. Muchos de estos activos han sido canibalizados o trasladados a otros centrales en funcionamiento, lo que incrementa la necesidad de una inversión considerable para restaurar la operatividad.

A este panorama se suma la dispersión de la fuerza laboral, que ha migrado hacia otras regiones o sectores productivos, dificultando la recuperación del capital humano y la experiencia necesarios para garantizar una reactivación exitosa. Por tanto, la rehabilitación de estas empresas exige una planificación detallada y una inversión significativa destinada a la renovación de plantas, la recuperación de equipos agrícolas y la reconstrucción de las capacidades laborales.

En síntesis, el Grupo 3 se compone de empresas cuya reactivación solo sería viable en el largo plazo, siempre que se implementen estrategias adecuadas y se destinen recursos suficientes para revertir el deterioro acumulado y restablecer las condiciones productivas.

Grupo 4: centrales azucareros cuyas plantas industriales han sido desmanteladas.

Este grupo está compuesto por centrales cuya planta industrial ha sido completamente desmantelada, quedando únicamente la infraestructura física remanente, las vías de comunicación y los terrenos disponibles. En estas condiciones, la posibilidad de reactivar la producción azucarera en el corto y mediano plazo es prácticamente nula, pues los recursos existentes solo permiten el desarrollo de otras actividades agroindustriales.

En este contexto, las alternativas viables para estos centrales se centran en la producción y conservación de productos agrícolas destinados al mercado de consumo, sea este nacional o internacional, aprovechando tanto la infraestructura como la disponibilidad de los terrenos. Por ello, la función principal de este grupo se orienta hacia la diversificación de la producción agroindustrial, utilizando los recursos remanentes de la antigua actividad azucarera para nuevos fines productivos.

Al analizar la composición de las empresas azucareras, se observa que algunas de ellas eran propietarias de varios centrales. Esta situación implica que, dentro de una misma empresa, pueden coexistir centrales con distintas condiciones y potencialidades para su reactivación. Como resultado, existen casos en los que una empresa cuenta con centrales que podrían reanudar sus operaciones en el corto y mediano plazo, tras realizar inversiones enfocadas en la modernización de la infraestructura industrial y agrícola, mientras que otros de sus centrales requieren mayores esfuerzos, planificación y recursos para lograr su rehabilitación a largo plazo. 

Algunas empresas, como es el caso de las del grupo 4 que disponen únicamente de la infraestructura física y los terrenos de centrales cuyas plantas industriales han sido desmanteladas, es muy probable que orienten su actividad hacia la diversificación agroindustrial en lugar de la producción azucarera tradicional.

La adecuada identificación y clasificación de estas empresas resulta esencial para priorizar las inversiones y acciones necesarias, permitiendo una recuperación eficiente del sector agroindustrial azucarero del país.

Elementos para considerar en un programa para la reconstruccion de Cuba

Introducción

La reconstrucción de Cuba constituye un reto de gran envergadura que requiere una visión estratégica, así como la coordinación de acciones entre diversos actores. El principal propósito de este proceso es revitalizar el país, poniendo especial atención en restaurar infraestructuras estratégicas, robustecer los servicios públicos y aumentar la producción interna de bienes.

El éxito de estas acciones depende de la colaboración activa entre organizaciones financieras internacionales, el gobierno y la sociedad civil. Solo mediante ese trabajo conjunto y la sinergia a alcanzar será posible avanzar hacia una recuperación sostenible, capaz de responder a las necesidades inmediatas y sentar las bases para el futuro.

Objetivos y metas

El proceso de reconstrucción debe organizarse en torno a objetivos y objetos claros, establecidos a corto, medio y largo plazo. Dada la gravedad de la crisis que atraviesa Cuba, es necesario avanzar de forma gradual y ordenada, priorizando los aspectos más urgentes y asegurando una progresión sostenida hacia la recuperación económica y social del país. Considerando la magnitud de las tareas a abordar, este programa concentra sus esfuerzos en las áreas que requieren una atención inmediata, con el objetivo de poner en marcha cuanto antes el proceso de reconstrucción nacional.

Impacto del castrismo en el agro cubano

A lo largo de más de sesenta años, el sistema económico impuesto por el castrismo tuvo consecuencias devastadoras para el sector agropecuario cubano. Las estructuras e instituciones que, con gran esfuerzo, se habían ido desarrollando durante medio siglo, fueron desmanteladas en menos de cinco años mediante la aplicación de medidas coercitivas y centralizadas.

Este proceso de estatización radical generó un colapso en la capacidad productiva del agro cubano. Como resultado, el país perdió la habilidad de proveer los alimentos necesarios para garantizar un nivel adecuado de nutrición a la población, profundizando la crisis social y económica que se vive actualmente.

Importación de alimentos y dependencia nacional

El régimen cubano ha reconocido públicamente la enorme dependencia del país respecto a la importación de alimentos esenciales. De acuerdo con declaraciones oficiales, el gobierno realiza compras de alimentos en el exterior por un valor aproximado de 2.000 millones de dólares cada año. Este monto refleja la magnitud de la crisis productiva interna y la incapacidad del sector agropecuario nacional para cubrir las necesidades alimentarias de la población.

El impacto de esta situación es evidente en el sistema de racionamiento, a través del cual el Estado tiene que importar aproximadamente el 80% del consumo nacional de alimentos. Esto significa que la mayoría de los productos básicos que llegan a la mesa de los cubanos provienen del extranjero, sujetos tanto a la disponibilidad financiera estatal como a las condiciones del mercado internacional. En consecuencia, la vulnerabilidad alimentaria se mantiene elevada y la dependencia externa limita la capacidad del país para garantizar la seguridad nutricional de sus ciudadanos.

Privatización de la propiedad rural

Uno de los ejes centrales de este programa es la privatización de la propiedad rural, una medida que se plantea como respuesta directa al evidente fracaso del Estado en su rol de empresario. La experiencia demuestra que la administración estatal ha sido incapaz de gestionar de manera eficiente los recursos agrarios del país, lo que ha llevado al desaprovechamiento de una porción significativa de las tierras productivas.

Actualmente, muchos terrenos que podrían contribuir al abastecimiento alimentario nacional están mal utilizados o permanecen baldíos. Esta situación refleja la necesidad urgente de cambiar la filosofía de gestión de la tierra, permitiendo que actores privados vuelvan a asumir el control y la responsabilidad de la producción agropecuaria. Se espera que, mediante la privatización, se logre recuperar la capacidad productiva del sector y avanzar hacia una mayor autosuficiencia alimentaria.

Acciones inmediatas para enfrentar la desnutrición

El estado de desnutrición que afecta a gran parte de la población cubana exige una intervención inmediata por parte de la nueva administración que asuma el control del país. Esta problemática, que se ha agravado por años de mala gestión y crisis alimentaria, debe ser abordada como prioridad nacional, estableciendo mecanismos efectivos para garantizar el acceso a los alimentos básicos en el menor tiempo posible.

Limitaciones del sistema estatal de distribución

Actualmente, el Ministerio de Comercio Interior es responsable de la distribución de alimentos a través de una red de “bodegas”, establecimientos organizados para administrar el racionamiento impuesto por el régimen cubano hace más de sesenta años. Sin embargo, este sistema se encuentra profundamente afectado por la corrupción y la falta de eficiencia, lo que limita su capacidad para responder de manera adecuada a las necesidades alimentarias de la población.

Alternativas de distribución en la etapa inicial

Ante las deficiencias del aparato estatal, se recomienda que, en la etapa inicial de recuperación, la distribución de los suministros alimentarios que ingresen al país sea gestionada principalmente por las agencias de la Iglesia Católica y las Iglesias Protestantes. Estas organizaciones, a pesar de operar con recursos limitados debido a las restricciones impuestas por el régimen, ya desempeñan un papel fundamental en la asistencia comunitaria y ofrecen una estructura confiable y eficiente para llegar a los sectores más vulnerables.

Privatización rural y recuperación del sector azucarero

Simultáneamente a la implementación de medidas para la distribución eficiente de alimentos, el Gobierno debe llevar a cabo el proceso de privatización de las propiedades rurales previamente incautadas. En 1958, las empresas azucareras poseían un total de 124.666,7 caballerías, equivalentes a 1.673.052 hectáreas, destinadas principalmente al cultivo de la caña de azúcar. En ese periodo, el promedio nacional del rendimiento industrial de la industria azucarera era de 12,62%, cifra considerablemente superior a la estimación actual, inferior al 7%. Esta comparación pone de manifiesto la alta calidad de las tierras y la efectividad de la gestión administrativa de las áreas agrícola e industrial empleadas en aquella época.

Devolución de propiedades y modernización agrícola

La devolución de las propiedades a las empresas azucareras se presenta como el primer paso en el proceso de desincorporar al gobierno del sector agropecuario. Una vez recuperadas las tierras, corresponde a estas empresas iniciar el cultivo de la caña de azúcar empleando métodos modernos que prioricen su mecanización completa ante la notoria escasez de mano de obra disponible, permitiendo así optimizar los recursos y maximizar la producción.

La modernización del sector azucarero no debe limitarse únicamente a la recuperación y optimización de la producción de caña de azúcar. Es fundamental que las empresas azucareras, al recuperar sus tierras y adoptar nuevas tecnologías, diversifiquen el uso de sus terrenos. Esta diversificación implica destinar una parte significativa de las áreas cultivables a la producción de cultivos esenciales para la alimentación de la población cubana, incluyendo arroz, frijoles, maíz y soya; esta última permite obtener aceite vegetal que, junto al maíz, son elementos básicos en la producción de piensos para el ganado.

Asimismo, tanto las empresas azucareras como los demás empresarios agropecuarios están llamados a asumir un papel protagónico en el abastecimiento del sector turístico. Actualmente, los establecimientos turísticos deben importar la mayor parte de los alimentos que ofrecen a sus clientes, lo que representa una oportunidad para el sector agrícola nacional. Al convertirse en los principales suministradores de productos alimenticios para el turismo, se reduciría la dependencia de importaciones y se fortalecería la economía local, beneficiando tanto a los productores como al país en general.

El rol de los organismos financieros internacionales en la recuperación agrícola

En el proceso de recuperación y modernización del sector agropecuario, la participación de los organismos financieros internacionales adquiere una importancia singular. Instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Grupo del Banco Mundial cuentan con una trayectoria sólida en la promoción y el desarrollo de la agricultura a nivel regional. Su intervención puede ser determinante para superar los desafíos presentes en el sector, permitiendo que los productores accedan a capital, maquinaria, insumos y servicios técnicos necesarios para incrementar la productividad y adoptar prácticas de gestión más eficientes.

La relación con instituciones internacionales, como el BID y el Banco Mundial, implica necesariamente el cumplimiento de normas y procedimientos estrictos en materia de protección ambiental y respeto a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo, definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Actualmente, estos principios fundamentales han sido vulnerados sistemáticamente por el régimen vigente, lo que resalta la importancia de restablecer el pleno apego a estos estándares internacionales como condición para acceder al apoyo financiero y técnico de dichas instituciones.

Restauración de la infraestructura estratégica

La restauración de la infraestructura estratégica se presenta como una prioridad impostergable para reactivar la economía nacional, actualmente paralizada por la grave crisis energética. La falta de energía ha afectado todos los sectores productivos y sociales, por lo que se requieren acciones drásticas e inmediatas para revertir esta situación.

El sistema energético nacional se sostiene sobre dos pilares fundamentales: la electricidad y los combustibles. La eficiencia y continuidad en ambos flujos resultan esenciales para el funcionamiento del país.

Situación actual de la generación eléctrica

La administración de la generación y distribución de energía eléctrica recae en el monopolio estatal Unión Nacional Eléctrica (UNE). Esta entidad gestiona un parque compuesto por diez centrales térmicas, todas ellas con más de cuatro décadas de operación y sometidas a un mantenimiento sumamente deficiente a lo largo de los años.

En la actualidad, la UNE provee menos del 50% de la demanda mínima nacional, lo que evidencia la magnitud del déficit energético. Además, el sistema de transmisión se encuentra en condiciones críticas, requiriendo una reconstrucción integral de gran escala para garantizar la estabilidad del servicio. Dichas centrales dependen de manera directa del suministro de combustible proporcionado por la empresa estatal Unión Cuba-Petróleo (CUPET). De acuerdo con las cifras oficiales divulgadas por el gobierno cubano, la producción de CUPET alcanzaba alrededor de 40.000 barriles diarios en el año 2024. Sin embargo, este volumen resulta claramente insuficiente para satisfacer las demandas energéticas nacionales, lo que evidencia una de las principales limitaciones estructurales del sector.

Desafíos y perspectivas de la rehabilitación energética

Las centrales térmicas afrontan en la actualidad su mayor obstáculo en el severo deterioro de sus equipos esenciales, como calderas, tuberías y bombas. Este desgaste es el resultado de décadas de funcionamiento continuo y de la falta de un mantenimiento adecuado. Frente a este panorama, resulta imprescindible acometer reparaciones urgentes en estos componentes para prolongar la vida útil de unas instalaciones que, por su obsolescencia, requieren intervenciones inmediatas. Únicamente a través de estas acciones podrá asegurarse una estabilidad mínima en el suministro eléctrico, mientras se avanza en una reestructuración de fondo de la industria eléctrica.

Marco legal y apertura a la inversión extranjera en la industria eléctrica

La transformación estructural de la industria eléctrica requiere, como eje fundamental, el diseño y la implementación de un nuevo marco legal que permita la entrada de inversión extranjera en todas las etapas de la generación eléctrica. Este marco es imprescindible para modernizar el sector, atraer capital y tecnología, y diversificar las fuentes de financiamiento que garanticen la sostenibilidad del sistema energético nacional.

En este proceso de cambio, el papel del Estado debe evolucionar desde una función protagónica y monopólica hacia una posición de regulador. Es decir, el Estado debe limitarse a supervisar y normar la participación de las distintas fuerzas productivas, asegurando la transparencia, la competencia leal y la eficiencia en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica. Esta transición implica una reducción gradual de la intervención estatal directa, cediendo espacio a nuevos actores económicos que puedan aportar innovación y mejores prácticas.

Un ejemplo relevante de este tipo de transformación es el caso de la República Dominicana. Hace más de sesenta años, al finalizar la Era de Trujillo, la Corporación Dominicana de Electricidad ejercía el control absoluto de la industria eléctrica. Sin embargo, en la actualidad, el sector se ha segmentado tanto geográficamente como en cuanto a la participación de múltiples agentes económicos. Estos actores desempeñan diversas funciones, tanto en la generación como en la distribución de energía, lo que ha permitido una mayor flexibilidad operativa y una adaptación más eficiente a las necesidades del mercado y de la población.

Transformación y modernización del sector petrolero: de la intervención estatal a la apertura y reorganización productiva

A partir de 1960, el Gobierno asumió el control absoluto de la industria petrolera, interviniendo y gestionando las empresas refinadoras y distribuidoras del petróleo importado. Tras más de seis décadas bajo este modelo centralizado, los resultados han sido claros: la economía ha experimentado paralizaciones recurrentes debido a la falta de combustibles, reflejando la ineficacia de la gestión estatal para garantizar el suministro y la continuidad operativa del sector.

Historia de las refinerías en Cuba

En la bahía de La Habana funcionaban dos importantes refinerías: una propiedad de la norteamericana Esso Standard Oil Co. [Exxon] y otra de la angloholandesa Royal Dutch Shell Co. [Shell]. Ambas instalaciones fueron intervenidas por el Estado y, en el caso de Esso Standard, confiscada en agosto de 1960. En Santiago de Cuba, la refinería operada por Texas Oil [Chevron] corrió la misma suerte y fue expropiada. Posteriormente, en Cienfuegos, el gobierno construyó una refinería con diseño soviético, que inicialmente fue operada por PDVSA y actualmente se encuentra bajo gestión estatal cubana. Estos cambios consolidaron la monopolización estatal del sector petrolero, desplazando a los actores internacionales que aportaban tecnología, experiencia y capital.

Propuesta para la reactivación del sector petrolero

De cara al proceso de reconstrucción económica, se plantea la necesidad de invitar a empresas como Exxon, Chevron y Shell a retomar el control y la operación de sus antiguas propiedades en el país. Esto debe ir acompañado de garantías e incentivos que aseguren sus inversiones. Con esta medida, el gobierno aliviaría la carga administrativa y financiera asociada a la gestión directa de un componente estratégico del sistema energético, facilitando la llegada de recursos y conocimientos que hoy resultan imprescindibles.

Modernización del sector petrolero

La exploración y producción de petróleo en Cuba enfrenta limitaciones significativas debido a la falta de recursos financieros y tecnológicos. Este escenario plantea la necesidad de que empresas internacionales, dotadas de mayor capacidad económica y técnica, asuman un papel protagónico en el desarrollo del sector. Al abrir el mercado a estas compañías, se lograría la modernización de la industria, la diversificación de fuentes de financiamiento y tecnología, y se aliviaría al Estado de una carga administrativa que ha restringido su eficacia. En este contexto, el Estado —representado por CUPET— debería transitar de un control monopólico a una función primordialmente reguladora, permitiendo una gestión más eficiente y moderna.

Deterioro y reforma de los servicios públicos

La degradación evidente de los servicios públicos en Cuba, como la salud, el transporte, la educación y el acceso a viviendas seguras frente a desastres naturales, exige una reflexión profunda sobre el funcionamiento del país. Es crucial analizar el “modus operandi” actual y emprender acciones concretas para remediar las deficiencias que amenazan la subsistencia nacional. Solo mediante un examen crítico y la implementación de un nuevo sistema de servicios públicos se podrá revertir la actual situación y asegurar el bienestar general de la población.

Crisis y propuestas en el sistema de salud

El sistema de salud cubano muestra un deterioro sostenido, reflejo de la insuficiente inversión en este sector. Aunque estas carencias ya se manifestaban antes de la pandemia de COVID-19, la crisis sanitaria acentuó la incapacidad del gobierno para satisfacer las necesidades de la población. La reorganización presupuestaria nacional surge como una oportunidad para asignar recursos adicionales y mitigar, aunque sea parcialmente, las deficiencias presentes en el sistema de salud en materia de edificaciones, insumos y tecnología.

Asimismo, la liberalización del ejercicio profesional se perfila como una alternativa eficaz para que un sector importante de la ciudadanía atienda sus propias necesidades, aliviando la presión sobre los servicios públicos de salud. Este enfoque permitiría optimizar el uso de los recursos disponibles y elevar la calidad de la atención médica brindada.

A corto plazo, resulta esencial que el gobierno cubano busque el apoyo de la diáspora y de organizaciones internacionales para mitigar la escasez de medicamentos y equipos médicos. Esta cooperación no solo aliviaría la falta de insumos esenciales, sino que fortalecería la capacidad de respuesta del sistema sanitario ante las necesidades urgentes de la población.

Fragilidad y reconstrucción del transporte nacional

La infraestructura vial, el sistema ferroviario y las instalaciones portuarias de Cuba se encuentran en condiciones que obstaculizan la reactivación económica del país. Frente a esta realidad, es prioritario que el gobierno dirija sus esfuerzos y recursos a la reconstrucción de estos pilares del transporte nacional. Se propone que el Estado abandone la prestación directa de servicios, delegando esa función al sector privado y asumiendo únicamente una labor reguladora para garantizar la eficiencia y el beneficio de los consumidores.

Durante la época republicana, antes de 1959, tanto el transporte motorizado urbano como el suburbano o interprovincial era manejado por el sector privado. El transporte de pasajeros en la ciudad de La Habana estaba a cargo de la Cooperativa de Ómnibus Aliados [COA] y de la empresa Ómnibus Modernos S.A., que operó con anterioridad el sistema de tranvías eléctricos de la ciudad hasta 1950. Ómnibus Modernos operaba a pérdida y fue intervenida por el Gobierno para mantener este servicio público. Por el contrario, la COA, que era una asociación de dueños de ómnibus, era de más envergadura y funcionaba sin apoyo gubernamental. En 1959 ambas empresas tenían en servicio activo 2.017 unidades, de las cuales 1.400 prestaban servicio en La Habana y sus alrededores. En 1959 existían en Cuba 303 empresas de ómnibus privadas de servicio público urbano e interurbano, municipal y provincial. En la Terminal de Ómnibus de La Habana estaban inscritas doce empresas para el transporte interprovincial.

La reconstrucción y modernización del sistema de transporte en Cuba, especialmente en lo que respecta a su infraestructura ferroviaria, constituye una tarea de gran envergadura que requiere recursos y apoyo especializado. Para lograr avances significativos en este sector, resulta indispensable contar con el respaldo de organismos financieros internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. Sin embargo, este apoyo solo será posible una vez que Cuba solicite formalmente su readmisión a estas entidades.

La decisión tomada por el gobierno cubano en 1960 de retirarse de los programas de asistencia financiera del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional ha tenido consecuencias profundas para el desarrollo nacional. Esta determinación privó a Cuba de más de seis décadas de acceso al apoyo multilateral, un beneficio del que han gozado todos los países del hemisferio occidental. Por lo tanto, retomar relaciones con estas instituciones representa un paso fundamental para superar el rezago acumulado y avanzar hacia una infraestructura de transporte más eficiente y moderna.

El turismo como pilar económico

Desde hace más de treinta años, el gobierno cubano ha apostado por el turismo como principal alternativa para suplir la asistencia económica que el campo socialista proporcionaba a la isla tras el inicio del proceso revolucionario. Ante la necesidad de encontrar una fuente de ingresos estable, los Castro decidieron subsidiar el desarrollo de la industria turística, lo que originó un marcado desvío de recursos financieros hacia este sector. Como consecuencia, el presupuesto nacional empezó a priorizar la inversión turística en detrimento de otras áreas clave de la economía, tales como la agricultura, la industria, la salud pública y la infraestructura de servicios públicos.

Gestión y control de la industria turística

Al inicio, la administración de estas inversiones estuvo a cargo del Ministerio de Turismo (MINTUR), entidad responsable de la gestión y el desarrollo del sector. Sin embargo, con la llegada de Raúl Castro al poder máximo, la estructura de control sufrió una transformación significativa. El Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) pasó a ser el administrador de facto de la industria turística cubana. Esta empresa opera bajo el control del Ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR) y se encuentra exenta de la fiscalización a la que están sometidos otros organismos gubernamentales, salvo las propias Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior. Por este motivo, la información relacionada con las inversiones en la construcción y el mantenimiento de la red hotelera permanece desconocida incluso para la mayoría de los funcionarios gubernamentales, fuera del ámbito directamente controlado por las Fuerzas Armadas.

La necesidad de reorientar la gestión turística

El impacto del desarrollo turístico sobre la economía cubana ha sido profundo y, en muchos aspectos, controvertido. Ante este escenario, resulta imperativo que el Ministerio de Turismo retome la gestión y operación del sector, transformando su rol de gestor a regulador y alineándose con los planes de desarrollo económico y social del país. Este cambio permitiría una mayor transparencia en la administración de recursos y contribuiría a equilibrar las prioridades nacionales, favoreciendo el desarrollo integral de Cuba.

Programa de acción a corto plazo

Sector Agropecuario

  • Iniciar el proceso legal para la devolución de las propiedades incautadas.
  • Negociar con los propietarios los posibles planes de producción y el apoyo requerido, tanto financiero como técnico, para alcanzar las metas.
  • Recrear el BANFAIC como organización paraestatal y, por consiguiente, independiente del Poder Ejecutivo en su operación, para proveer asistencia financiera y técnica a los productores agropecuarios.
  • Fortalecer los programas de extensión agropecuaria a nivel municipal como vehículos para la transferencia de tecnología a los productores.
  • Promover la creación de mercados mayoristas regionales independientes que capten la producción agropecuaria y la redistribuyan a los mercados de venta al detalle [bodegas, mercados, etc.] para sustituir el ineficiente y corrupto sistema de acopio administrado por el Ministerio de Agricultura.

Restauración de la infraestructura estratégica

  • Iniciar el proceso legal para la devolución de las propiedades incautadas a empresas extranjeras o nacionales a principios de la gestión del gobierno actual.
  • Iniciar las negociaciones con esas empresas o sus sucesores para determinar el grado de reincorporación de esas empresas en el esfuerzo productivo.
  • Iniciar los contactos para la readmisión de Cuba a la membresía del Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Además, solicitar la admisión como miembro pleno del Banco Interamericano de Desarrollo.

Panorama del protestantismo en Cuba: cuarenta años iluminando la memoria histórica de la fe evangélica

Por: Carlos R. Molina Rodríguez

Este año se cumple un aniversario de singular trascendencia para la historiografía y la identidad religiosa cubana: cuatro décadas de la publicación de Panorama del protestantismo en Cuba, obra del doctor Marcos Antonio Ramos. Publicado por primera vez en 1986, este libro de 668 páginas, prologado por el eminente historiador metodista Justo L. González, no solo vino a ocupar un espacio decisivo en el conocimiento de la trayectoria evangélica en la Isla, sino que se erigió desde entonces como el texto de referencia para generaciones de creyentes, académicos e interesados en comprender la profunda y compleja huella del protestantismo en la nación cubana. En ocasión de tan significativa efeméride, este artículo busca explorar los orígenes, el contenido y el legado de esta magna obra, a la vez que rendir tributo a su autor —mi mentor y amigo—, quien con rigor y pasión ha dedicado su vida a preservar y analizar esta memoria.

Marcos Antonio Ramos nació en Colón, provincia de Matanzas, en 1944. Su vida y obra están marcadas por una doble condición: la de cubano exiliado, partiendo de la Isla en 1962 junto a su familia, y la de historiador meticuloso que desde la distancia geográfica, pero nunca espiritual, se consagró a documentar y entender la trayectoria de la fe que vio nacer en su tierra. Su formación teológica e histórica se desarrolló en los Estados Unidos, donde forjó una sólida carrera académica como profesor y autor. Ordenado pastor bautista, su ministerio ha estado inseparablemente unido a la investigación, dotándolo de una sensibilidad única para comprender la vida interna de las congregaciones. Es su profunda conexión con el pueblo protestante cubano, su empatía y su compromiso intelectual lo que imprime a su trabajo un carácter único y autorizado. Su trayectoria lo ha consolidado como el historiador mayor del protestantismo en Cuba, un título que refleja el respeto unánime hacia su obra fundamental.

Antes de la aparición del Panorama…, los estudios sobre el tema eran escasos y fragmentarios. Existían contribuciones valiosas pero limitadas, como la síntesis histórica de Guillermo Cabrera Leiva (Breve reseña histórica del protestantismo en Cuba, 1953) o la perspectiva externa ofrecida en el trabajo en alemán de Theo Tschuy (Hundert Jahre Kubanischer Protestantismus, 1868-1961: Versuch einer kirchengeschichtlichen Deutung, 1978). Un precedente fundamental desde Cuba lo constituyó el ensayo “Los misioneros patriotas” del historiador presbiterano Rafael Cepeda, publicado en 1976. En este trabajo, Cepeda realizó una significativa reivindicación historiográfica al destacar el papel precursor y el carácter patriótico de los primeros misioneros protestantes cubanos, demostrando que la siembra del evangelio en el país no fue un privilegio exclusivo de las misiones estadounidenses, sino también una empresa nacional con profundas raíces en el proyecto independentista del siglo xix. Estos esfuerzos pioneros, sin embargo, no alcanzaban a ofrecer una visión integral, documentada y escrita desde una comprensión interna del fenómeno. Fue precisamente este vacío el que la obra de Ramos vino a colmar de modo definitivo. El libro surgió como la culminación y ampliación de su trabajo doctoral, convertido en un texto accesible para un público amplio. Su monumental estructura, organizada en catorce capítulos, despliega un relato exhaustivo que comienza con “Una colonización católica y un protestantismo extranjero” y recorre hitos esenciales como “Los inicios del protestantismo cubano (segunda mitad del siglo xix)”, “Protestantes en la independencia de Cuba”, “La hora de las juntas misioneras (1898-1902), “Generales y doctores; fluctuaciones económicas: los evangélicos avanzan y decaen (1909-1933)” y “Una nueva generación en Cuba (1933-1959)”, para concluir con un análisis de “Los evangélicos en la hora de la revolución”. La obra se enriquece con siete apéndices que documentan y analizan el período de 1959 a 1985, así como una bibliografía selecta que recoge lo mejor de la literatura existente sobre Cuba y el protestantismo cubano hasta ese momento. Un rasgo distintivo de la obra es su tono respetuoso y ecuánime hacia todas las denominaciones y sus líderes, sin distinción de su ubicación geográfica o postura ideológica, tratando a todos como parte constitutiva de una misma historia.

La presentación visual del libro es también significativa. La cubierta es un montaje fotográfico que integra una bandera cubana, una antigua biblia, imágenes de la construcción de un templo evangélico y un retrato del doctor Moisés Nathanael McCall, conocido como el Apóstol Bautista en la Perla Antillana. La contracubierta, por su parte, muestra una fotografía histórica de pastores y líderes evangélicos cubanos recibiendo al congresista estadounidense Adam Clayton Powell en el aeropuerto de La Habana poco después de la huida de Fulgencio Batista en 1959. El interior se complementa con varias secciones fotográficas distribuidas entre sus partes. El volumen está dedicado, en un emotivo gesto personal, a la memoria de su padre, sus abuelos y sus tíos paternos; a su madre, su esposa y su hija; y en acción de gracias a sus tíos maternos Concha Mesa y Marcos Díaz, por todo lo que hicieron por su madre y por él. Asimismo, se consagra “en homenaje a los fundadores del protestantismo cubano, patriotas y revolucionarios independentistas del siglo xix, amigos y colaboradores de José Martí y Antonio Maceo, en el centenario de la ordenación del doctor Alberto J. Díaz, ocurrida en 1885, y el inicio formal de la obra bautista en Cuba en 1886”.

La trayectoria editorial del Panorama… confirma su demanda y relevancia continua. Tras su aparición inicial en Miami en 1986, el libro fue reimpreso en 2010 en esa misma ciudad por Ediciones Universal, desaparecida casa editora que dio a la luz gran parte de la obra de clásicos cubanos y de autores exiliados. La reimpresión para el público cubano se realizó en la Imprenta Bíblica de Cuba Los Pinos Nuevos en 2016. Su influencia trascendió además el ámbito hispano con la salida, en 1989, de una versión resumida en inglés titulada Protestantism and Revolution in Cuba, publicada por el Research Institute for Cuban Studies de la Universidad de Miami. Esta edición de 168 páginas, con un prólogo del doctor Antonio Jorge, facilitó la difusión internacional de sus tesis centrales. La persistencia de estas reimpresiones y su adaptación a otro idioma, sin que haya surgido una obra que la supere en alcance histórico, es el mayor testimonio de su carácter fundacional y de la solidez perdurable de su investigación.

Estructurado con un claro sentido cronológico, el libro guía al lector desde los primeros y difíciles atisbos de presencia protestante en la Cuba colonial, marcada por la intolerancia del régimen español, pasando por el crucial siglo xix donde se gesta la llegada de los primeros misioneros y se forja una incipiente identidad en el marco de las luchas independentistas. Ramos dedica una parte sustancial a analizar el período republicano (1902-1958), detallando la expansión denominacional, la creación de instituciones educativas y de servicio, y la gradual inserción del protestantismo en la vida social de la nación. El tratamiento de la etapa posterior a 1959 representa una de sus contribuciones más valiosas y equilibradas, donde con oficio de historiador y sin caer en apologías o panfletos, aborda los profundos cambios, tensiones y redefiniciones que vivieron las iglesias en el nuevo contexto revolucionario. El mérito de la obra radica en haber integrado de manera coherente la macrohistoria de Cuba con las microhistorias de congregaciones, líderes y creyentes anónimos, ofreciendo un retrato completo y matizado.

El impacto del Panorama… ha trascendido el ámbito puramente académico para convertirse en un pilar de la conciencia identitaria del protestantismo cubano. Dentro de la Isla, a pesar de las limitaciones, el libro circuló y se convirtió en un texto formador para pastores y seminaristas, proveyendo por primera vez un relato orgánico que enraizaba su fe en la historia patria, demostrando que no eran ajenos sino partícipes de ella. Para la diáspora cubana, funcionó como un puente de memoria, ayudando a comprender y contextualizar su propia experiencia religiosa y el trauma del desarraigo. En el ámbito internacional, se consolidó como la fuente primaria obligatoria para cualquier estudio serio sobre religión en Cuba, citado por sociólogos, historiadores y politólogos, abriendo así un campo de estudio que otros han continuado después de él. La obra de Ramos permitió que el protestantismo cubano se mirara a sí mismo con mayor profundidad y orgullo, recuperando una narrativa que estaba dispersa u olvidada.

A cuarenta años de su primera aparición, Panorama del protestantismo en Cuba permanece como una obra viva, un clásico cuya vigencia se renueva con cada lectura. Es el legado perdurable de un hombre que, desde el exilio, dedicó su talento y rigor a tejer el tapiz de la memoria de su pueblo de fe. Este aniversario es una oportunidad para celebrar no solo un libro excepcional, sino la trayectoria intelectual y humana del doctor Marcos Antonio Ramos, cuyo ministerio de la historia ha fortalecido, informado y dado identidad a incontables personas en Cuba y en el mundo. Su labor, sostenida y amorosa, asegura que esta parte vital de la historia nacional nunca vuelva a ser ignorada.

Diálogo con el historiador: la voz detrás del Panorama…

Para profundizar en este legado y conocer de primera mano las reflexiones del autor en este aniversario, ofrecemos a continuación un diálogo donde su voz complementa y enriquece la perspectiva del análisis. A través de estas preguntas, buscamos desentrañar los procesos, las intuiciones y las convicciones que dieron forma a la obra.

1. ¿Podría compartir, doctor Ramos, cómo surgió el proyecto del Panorama…? ¿Fue una inquietud que nació de sus estudios, de una necesidad pastoral o de otro impulso más íntimo?

2. Investigar y escribir este libro desde el exilio presentó sin duda desafíos particulares para acceder a fuentes. ¿Cuáles fueron las mayores dificultades que enfrentó y cómo las sorteó?

3. En toda investigación hay hallazgos que conmueven. ¿Hubo alguna anécdota, documento o personaje descubierto durante su trabajo que lo haya impactado especialmente?

4. Los apéndices dedicados al período posterior a 1959 son frecuentemente elogiados por su tono equilibrado. Como historiador y como cubano, ¿cómo logró encontrar ese balance narrativo?

5. Tras su minucioso estudio, ¿hay alguna figura histórica del protestantismo cubano que considere no ha recibido el reconocimiento que merece dentro de la narrativa nacional más amplia?

6. ¿Cómo recuerda la recepción inicial del libro en distintos ámbitos? ¿Hubo alguna reacción, dentro o fuera de Cuba, que lo haya sorprendido gratamente o le haya hecho reflexionar?

7. A lo largo de estas cuatro décadas, muchos le han expresado el impacto del libro en sus vidas. ¿Hay algún testimonio de un lector que lo haya tocado de manera especial?

8. Desde 1986 han aparecido nuevos estudios. ¿Qué aspecto de la historia protestante cubana cree que necesita hoy una investigación más profunda o una mirada renovada?

9. Como maestro de muchos, ¿qué consejo le daría a un joven historiador o teólogo cubano que desee contribuir al estudio de la historia eclesial de nuestro país?

10. Por último, al contemplar su obra desde la distancia de estos cuarenta años, ¿hay algo que miraría con ojos diferentes hoy? ¿Algún énfasis que cambiaría o algún tema que siente quedó pendiente?

Este diálogo no solo cierra un círculo de homenaje, sino que abre nuevas puertas de reflexión. Sus respuestas, cargadas de memoria y lucidez, confirman que el Panorama… fue más que un proyecto académico; fue un acto de fidelidad. Fidelidad a la verdad histórica, a un pueblo de fe y a una isla que, aunque partida por la emigración, encuentra en obras como esta los hilos indestructibles de su memoria compartida. La última palabra, por tanto, no la tiene el análisis sino el testimonio, no el comentarista sino el testigo y arquitecto de esta historia. Su voz, recogida aquí, es el colofón perfecto para una obra que, a sus cuarenta años, sigue siendo la brújula que nos orienta hacia una comprensión más plena de nuestro pasado, para caminar con mayor claridad hacia el futuro que, como pueblo de fe, estamos llamados a construir.

The use of the “blockade” in cuban official discourse

By Francisco Diaz Pou

For more than sixty years, the Cuban government under the Castro regime has consistently relied on the term «blockade» as the central argument to explain the ongoing economic and social crises affecting the country. This narrative has remained unchanged, directed both toward the Cuban population and the international community. The government has repeatedly portrayed the so-called «blockade» as the primary source of the nation’s hardships. As a result, the concept of the «blockade» has become the dominant explanation provided to justify internal difficulties and setbacks. 

 Fidel Castro’s visit to Washington in 1959

A few months after the seizure of power on January 1, 1959, Fidel Castro led a delegation of senior officials of the regime on an official visit to Washington. Among the attendees were prominent members of the Cuban economic team, such as Finance Minister Rufo López Fresquet, former economist of the Association of Industrialists of Cuba; Felipe Pazos Roque, president of the National Bank of Cuba (now the Central Bank) and founder of the institution in 1948; and Justo Carrillo, president of the Agricultural and Industrial Development Bank [BANFAIC] and its founder in 1950. Both Felipe Pazos and Justo Carrillo had previously resigned from their executive positions in 1952 following the coup d’état. However, at Fidel Castro’s request in 1959, they were reinstated in their respective leadership roles, highlighting Castro’s trust in their expertise and the continuity of professional management within the new administration.

Felipe Pazos’ career and influence on the Cuban economy

Felipe Pazos was a distinguished economist whose academic journey began at the University of Havana, where he earned degrees in Civil Law as well as Political and Social Sciences. He furthered his expertise by specializing in Economics at Columbia University and the New School for Social Research in New York. Pazos’ academic reputation led to his participation in the Cuban delegation at the United Nations Financial and Monetary Conference, better known as the Bretton Woods Conference of 1944. This historic gathering, attended by representatives from forty-four allied nations, established the framework for the post-World War II global economic and financial order.

With the founding of the International Monetary Fund (IMF) in 1946, Pazos was appointed to lead the Latin American Division of the IMF’s Research Department. His tenure at the IMF demonstrated his commitment to international economic cooperation and policy development. In 1948, Pazos returned to Havana, where he founded and assumed the presidency of the National Bank of Cuba, the country’s highest monetary authority. Through these roles, Felipe Pazos played a crucial part in shaping Cuba’s economic policies and institutions during a period of significant transition.

Expectations and development of the visit to Washington

The visit of Fidel Castro and his economic team to Washington in 1959 was met with considerable anticipation in both Cuba and the United States. Given the longstanding historical relationship between the two nations, there was widespread expectation that the meetings would lead to a renewed and strengthened partnership, particularly through increased economic cooperation. 

Contrary to these hopes, Fidel Castro made it clear to his delegation that they were not to seek any form of assistance from the U.S. government. This directive was issued despite the willingness of the United States to support the economic plans presented by the Cuban officials. Castro’s firm stance not only took the American hosts by surprise but also caught members of the Cuban delegation off guard, as they had anticipated a different approach to the discussions.

Castro’s Strategic Shift Following the Buenos Aires Conference

Upon returning to Cuba, Fidel Castro’s true strategic intentions became evident. Shortly after, he traveled to Buenos Aires to participate in an Inter-American Conference, where he directly confronted the United States. Castro issued a bold challenge, demanding that the U.S. provide $30 billion to Latin American governments for economic and social development, insisting that these funds be given without any conditions attached.

The United States refused Castro’s proposal. In response, Castro escalated his anti-imperialist rhetoric, shifting focus away from Cuba’s specific national interests. Instead, he cultivated the image of himself as a «heroic anti-imperialist fighter.» This approach would come to define both his political career and the legacy of his followers, as Castro prioritized international ideological positioning over domestic concerns.

The La Coubre incident and the construction of the external enemy

From the outset, the Castro regime made the establishment of Armed Forces a top priority, aiming to build a military capability that far exceeded the country’s actual needs. This strategy served not only to bolster national defense, but also to strengthen political control by promoting the militarization of Cuban society and maintaining a perpetual state of readiness for war. The regime’s approach was shaped by the context of the United States’ embargo on war materiel, which had been imposed during the Batista government and left Cuba in need of alternative sources for military supplies.

In its search for arms, the Cuban government initially turned to Western and Eastern European countries. Early efforts to procure weapons from Poland proved unsuccessful, as the Soviet Union advised the Polish authorities against moving forward with arms sales to avoid escalating tensions with the United States1. Undeterred, the regime found more cooperative partners in France and Belgium, both of which agreed to supply Cuba with the necessary weaponry.

The culmination of these efforts occurred on March 4, 1959, when the ship La Coubre arrived at Havana’s port carrying Franco-Belgian arms and ammunition. Unfortunately, a critical error was made by docking the vessel at the Tallapiedra dock, which was located near the city’s electric power plant and just steps away from the main avenue of the port. During the unloading process, improper handling of the ammunition led to a series of explosions, resulting in the tragic loss of more than one hundred lives.

 Fidel Castro’s reaction and meeting with the Soviet envoy

The day following the tragic explosions at Havana’s port, Fidel Castro used the funeral of the victims as an opportunity to publicly accuse the United States of sabotaging the unloading of armaments and ammunition from the ship La Coubre. Castro suggested that the incident was intended to echo the infamous explosion of the battleship Maine in Havana Bay in 1898, which had precipitated the Spanish-American War. By invoking this historical event, Castro drew upon nationalist and anti-American interpretations, which argued that the explosion of the Maine was caused by a mine attached to its hull—a theory used to justify U.S. intervention in Cuba. However, later research by Admiral Rickover, the architect of the U.S. Navy’s atomic submarine fleet, concluded that the explosion was caused by the self-combustion of the ship’s coal deposits2.  

Mere hours after Castro’s speech, a confidential meeting took place at the residence of Antonio Núñez Jiménez, director of the National Institute of Agrarian Reform (INRA). Attending were Aleksandr Alekseev—who had arrived in Havana as a journalist but was, in fact, a senior KGB official specializing in Latin American affairs—and only the Castro brothers and Núñez Jiménez. Alekseev was the highest-ranking Soviet official in Cuba at that time, as diplomatic relations between Cuba and the USSR had been severed during the Batista government.

At the meeting, Fidel Castro spoke candidly, telling Alekseev, “Under the present circumstances, any friendly gesture of the Soviet government toward Cuba would be accepted with gratitude by our people.” Castro asserted his conviction that the United States had orchestrated the explosion of La Coubre, acknowledging that while he lacked legal or irrefutable evidence, he was convinced that the U.S., which had been pressuring its allies not to supply Cuba with weapons, had sabotaged the ship as a warning.

According to Alekseev’s report to Moscow dated March 8, 19603, Castro was psychologically prepared to confront the “Colossus of the North.” He explained a series of countermeasures he was prepared to implement, including the nationalization of all American property—particularly sugar companies—cutting off the supply of drinking water to the U.S. military base at Guantanamo, mobilizing the people’s militia and revolutionary army to defend against probable U.S. intervention, and deploying security services to suppress any counterrevolutionary activity within Cuba.

During a six-hour lunch with Alekseev, Fidel Castro inquired whether Cuba could rely on the Soviet Union for supplies and weaponry in the event of a blockade or U.S. intervention. Castro further noted that Cuba possessed many uninhabited bays suitable for Soviet ships and submarines. Additionally, he admitted that Havana lacked economists with experience in constructing a socialist economy and hoped the USSR would send experts to assist. Alekseev’s report to Moscow highlighted Castro’s most significant statement: he now regarded the Soviet Union as a model for Cuba’s future.

The implementation of the Castro plan

In March 1960, Fidel Castro outlined his strategy before the Soviet envoy and began to implement it in the following months. On July 6, the Council of Ministers issued Law-Decree 851 that authorized the nationalization of U.S. assets and companies. On August 16, 1960, Resolution No. 1 expropriated thirty-six U.S. sugar mills that had produced 2,118,432 tons of sugar the previous year, 36.65% of the country’s sugar production4

In addition, in November 1959, the National Bank of Cuba under the presidency of Ernesto Guevara had suspended dollar transfers from oil refining companies to cover their crude oil purchases in Venezuela and other countries. The government’s solution was to order it to process Soviet oil that they would supply. The companies rejected the proposal and their operations were taken over by the government, but on August 16 through Resolution No. 1 Esso Standard Oil Co., The Texas Co., West Indies Ltd. and Sinclair Cuba Oil Co. were nationalized5. The Cuban Electricity Company,a subsidiary of the U.S.-based American & Foreign Power Company and the Cuban Telephone Co., a subsidiary of the International Telegraph & Telephone Co.  also were nationalized6.

A month later, on September 17, the Government nationalized the branches of The National City Bank of New York, The Chase Manhattan Bank and The First National Bank of Boston7.  

The expropriations continued and on October 13, 1960, the government issued Law No. 890 by which all sugar companies, industrial companies and banking entities in the country were confiscated. Both the nationalizations of U.S. companies and the expropriations of Cuban nationals have never been compensated, so it can be considered that the Castro regime has stolen those properties from their legitimate owners. 

The isolation of Cuba from international financial organizations

On October 23, 1959, Felipe Pazos resigned, observing the anti-democratic turn that the Castro regime was taking. He went into exile and resumed his professional career. In 1961 he joined the United Nations Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC), which since its foundation in 1950 had been directed by his colleague Raúl Prebisch, creator of the Structuralist and Developmentalist School of Latin American economic thought. He later served as Chief Economist of the Inter-American Development Bank and finally served on the board of directors of the Central Bank of Venezuela.

In November 1959, Ernesto Che Guevara was appointed by Fidel Castro as president of the National Bank of Cuba. Guevara received his medical degree in his native Argentina and immediately began a journey through Latin America until he ended up in Guatemala where he remained for six months until the overthrow of Jacobo Arbenz in 1954. From there he escaped to Mexico where he met Fidel Castro. 

It is incredible that this young Argentine adventurer who had never had a stable job, without academic training in economic matters and who arrived in Cuba as part of an armed group, assumed the direction of the country’s monetary policy governing body two years later. Guevara accelerated the process of dismembering Cuba from the economic system that emerged from the Bretton Woods Conference. Guevara’s appointment demonstrated the Castro brothers’ infinite ignorance of the economic and governance issues prevalent in the modern world.

The Inter-American Development Bank [IDB] was founded on December 30, 1959, as an alliance between the United States and nineteen countries in Latin America and the Caribbean. It has established itself as the first regional development institution in the world following the example of the World Bank Group. Currently, twenty-six countries in Latin America and the Caribbean belong to the IDB as borrowers and twenty-two that include the United States, Canada, sixteen European countries, Israel, Japan, South Korea, and China. The United States has 30% of the voting power, due to its capital contributions to the entity, and borrowing countries hold just over 50%, the remaining percentage is distributed among non-borrowing extra-regional countries. Some of the IDB’s principal areas of action are Agriculture and Food Security, Water and Sanitation, Climate Change, Education, Energy, Transportation, Small and Medium Enterprises [SMEs]. Unfortunately, Cuba rejected its participation in the creation of the IDB and 66 years after its foundation it is the only country in the Western Hemisphere that is not part of it by the decision of the Castro brothers. 

On October 14, 1960, Decree No. 2876 was issued, which formalized Cuba’s withdrawal as a member of the International Bank for Reconstruction and Development [World Bank Group] and the International Monetary Fund [IMF]. 

The Soviet Union and China had refused to participate in these organizations at the time of their creation and had forced the countries in their orbit to withdraw from them. The Castro brothers enthusiastically followed the Stalinist autarkic line and withdrew Cuba. Our country is the only one in the Americas that does not participate in the economic and social development programs of the World Bank and the monetary stabilization programs emanating from the IMF. In fact, Cuba’s isolation is staggering, and this situation was created by the Castro brothers in their eagerness to faithfully follow the Soviet political line.

Credit history of the Castro regime

According to ECLAC, «Economic activity in Cuba during 1957 reached the highest levels of the post-war period.» «If price increases are taken into account, gross product growth in real terms can be estimated at just over 8 percent.8» This growth required an increase in imports of goods (equipment and machinery) and services that produced a deficit in the trade balance that amounted to 52.9 million dollars. This debt was partially covered by the financial assistance granted by the IMF to the Cuban Government to maintain monetary stability in the country.

José Luis Rodríguez, former Minister of Economics of Cuba and professor at the University of Havana, in an article published in the official Cuban press, stated, «it is essential to resume the alternative of a more flexible renegotiation of the debt, which at the end of 2024 was estimated, -according to creditor sources- at about 29,800 million dollars,   which represents an approximate figure similar to the balance of 2019.9»  In addition, from 2011 to 2015, the regime obtained several debt cancellations for 46,341 million dollars from Russia, China, the Paris Club and to a lesser extent Mexico10.

During the Latin American Debt crisis in the 1980s, Fidel Castro advocated the non-payment of obligations, maintaining an intransigent stance towards creditors and the IMF. The Castro regime’s high-risk credit history was a determining factor in the inclusion in the regulations of the Helms-Burton Act of the prohibition of granting credit for commercial transactions with Cuba.

The outcome of the crisis and prospects for Cuba

A comparative analysis of the Caribbean Basin for the year 2024 using the Economic Profiles published by ECLAC, shows that the Cuban economy lost its leadership and currently occupies the thirteenth position [13] in the region, surpassing only the Bahamas, Barbados, Suriname and Belize, with populations of less than 700,000 inhabitants. Cuba’s Gross Domestic Product per capita is the lowest in the entire Western Hemisphere.

The Castro leadership, from Fidel Castro to the present, has been characterized by its ignorance and mediocrity in the management of public affairs. The Castro brothers, in their eagerness to stay in power, isolated Cuba from the Western context and turned it into an instrument of the Cold War, with profound consequences for the nation.

The only option for the leadership that emerges from the ashes of Castroism to overcome the crisis suffered by the people of Cuba would be the full reintegration of the country into the Western world. A key element in the reintegration process is the reactivation of links with the international financial institutions that have favored the economic and social development of the region in recent decades. As we have pointed out, Cuba was a full member of those financial institutions and without them it cannot emerge from the current crisis. 

In addition, it is vital that the new leadership be able to incorporate the Cuban community abroad in the required modernization processes. Without their effective participation, inserting Cuba into the areas in which they operate would be an extremely arduous task. 

  1. Resolution of the Presidium, 23 de september 1959. Quoted by Fursenko, Alexander & Naftali, Timothy in One Hell of a Gamble (Nueva York: W.W. Norton & Co., 1997) p. 24 ↩︎
  2. Rickober, Hyman G., How the Battleship Maine was destroyed. (Washington: Naval History Division, 1976) ↩︎
  3. File 78825, pp164-66 SVR. Quoted by Fursenko, Alexander & Naftali, Timothy, en One Hell of the Gamble. (Nueva York: W.W. Norton & Co. 1997) p. 42 ↩︎
  4. Anuario Azucarero de Cuba 1959 (Havana: Cuba Económica y Financiera, 1960) p. 92-93 ↩︎
  5.  Study on Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 1406. ↩︎
  6.  Study on Cuba, p. 1408-1409. ↩︎
  7.  Study on Cuba Cuba, p. 1321 ↩︎
  8.  Economic Study of Latin America Latina, 1957 (México: Economic Commission for Latin America. 1958) Ch. V, p. 195 ↩︎
  9. Rodríguez, José Luis, The World Economy in 2024 and Prospects for 2025: The impacts for Cuba (Part II (La Habana, Cuba Debate, february 11, 2025) ↩︎
  10. German Trade and Investment Promotion Office in Cuba, july 30, 2024 ↩︎

¿Por qué la importación es la variable determinante de la escasez de alimentos en Cuba?

Por: Miguel Alejandro Hayes

Para comprender la dinámica de la escasez en Cuba, es imperativo partir de un hecho estructural aceptado que servirá como premisa fundamental de este análisis: el 80% de los alimentos consumidos en la isla son importados. En consecuencia, la producción local apenas aporta el 20% restante.

Lo anterior trasciende el mero dato estadístico; constituye una condición con implicaciones profundas. Significa que, en la estructura del consumo cubano, el sector externo ostenta la mayoría absoluta.

Esta asimetría genera dos realidades dispares en términos de impacto. Cada variación del 1% en la oferta importada provoca que el total de alimentos disponibles fluctúe un 0,8%. En contraste, para lograr ese mismo movimiento en el total mediante la producción nacional, el esfuerzo (o la caída) tendría un impacto cuatro veces menor: apenas un 0,2%.

Esta «ley de movimiento» de la escasez cubana puede formalizarse de la siguiente manera:

  1. ​​ΔT=0.8Δx​
  2. ΔT=0.2Δy​

Donde:

  • ​​ΔT: variación porcentual del total.
  • Δx: variación porcentual de x (importaciones); donde 0,8 es la pendiente (la proporción del total explicada por x).
  • Δy: variación porcentual de y (producción nacional); donde 0,2 es la pendiente (la proporción del total explicada por y).

Si la intuición fallase al analizar la oferta de alimentos en Cuba, las cifras la rectifican. Imaginemos un escenario catastrófico: si la producción nacional de alimentos desapareciera por completo (una caída del 100%), la oferta total de comida en el país «solo» disminuiría un 20%. Sin embargo, dado el peso de la importación, bastaría con que las compras al exterior cayeran un 25% para provocar ese mismo nivel de devastación.

Un ejemplo más actual y realista ilustra mejor esta relación: una debacle productiva que redujera la producción nacional a la mitad (50%) generaría una contracción del 10% en la oferta total. No obstante, para sufrir ese mismo golpe de escasez, es suficiente con que las importaciones se reduzcan apenas un 12,5%.

En resumen: una pequeña variación en las importaciones equivale, en términos de oferta agregada, a un desastre en la producción nacional.

Esto expone un error recurrente en el debate público: atribuir la agudización de la escasez principalmente al desplome de la producción interna. Matemáticamente, esto implica otorgar a la variable «producción» un peso que no posee. Si se busca explicar por qué la carestía se agrava hoy, o por qué existen caídas relevantes en la oferta de alimentos, la mirada debe dirigirse, esencialmente, a los barcos que arriban y no a los surcos.

Las consecuencias de política económica que se derivan de lo anterior son severas. Dada esta desproporción estructural, si se pretendiera duplicar la oferta actual de comida basándose exclusivamente en lo nacional, la producción local tendría que quintuplicarse (un crecimiento del 400%), una meta prácticamente irracional.

Por consiguiente, cualquier salida inmediata a la crisis alimentaria cubana y a su escasez crónica pasará, inevitablemente, por el aumento urgente de las importaciones. De forma paralela, podría iniciarse una estrategia de producción nacional que reemplace o reduzca el peso de las importaciones (sustitución de importaciones), pero esta sería, a todas luces, una solución a mediano plazo.

Asimismo, toda propuesta de reforma o cambio sistémico actual que señale a la producción nacional como la respuesta urgente, está apostando por alternativas inviables.

Es necesario aclarar que este análisis no constituye un menosprecio a la soberanía alimentaria ni sugiere abandonar la producción. Se trata de honestidad intelectual: la deformación estructural de la economía y su dependencia externa son realidades demostradas y deben ser el punto de partida para cualquier solución. El comportamiento de la escasez se explica, por origen y peso matemático, desde la importación, no desde la producción.

Finalmente, cabe destacar que tanto el problema alimentario como la salida urgente (y posible) vía importaciones, quedan fuera del alcance del régimen cubano, en tanto este carece de los recursos financieros para asumirla y de la credibilidad internacional para acceder a ellos.

El uso del «bloqueo» en el discurso oficial cubano

Por: Francisco Díaz Pou

Durante más de sesenta años, el gobierno cubano bajo el régimen de Castro ha utilizado de forma constante el término «bloqueo» como argumento central para explicar las crisis económicas y sociales que afectan al país. Este discurso se ha mantenido invariable, dirigido tanto a la población cubana como a la comunidad internacional. El gobierno ha presentado repetidamente el llamado «bloqueo» como la principal fuente de las dificultades del país. Como resultado, se ha convertido en la explicación dominante que se ofrece para justificar las dificultades y retrocesos internos. 

 La visita de Fidel Castro a Washington en 1959

Pocos meses después de la toma del poder el 1 de enero de 1959, Fidel Castro encabezó una delegación de altos funcionarios del régimen en una visita oficial a Washington. Entre los asistentes se encontraban miembros destacados del equipo económico cubano, como el ministro de Hacienda Rufo López Fresquet, ex economista de la Asociación de Industriales de Cuba; Felipe Pazos Roque, presidente del Banco Nacional de Cuba (actualmente Banco Central) y fundador de la institución en 1948; y Justo Carrillo, presidente del Banco de Desarrollo Agrícola e Industrial [BANFAIC] y su fundador en 1950. Tanto Felipe Pazos como Justo Carrillo -quienes habían renunciado a sus cargos tras el golpe de Estado de 1952- fueron reintegrados a sus funciones ejecutivas por el propio Castro en 1959.

Carrera e influencia de Felipe Pazos en la economía cubana

Felipe Pazos fue un economista distinguido cuya trayectoria académica comenzó en la Universidad de La Habana, donde obtuvo títulos en Derecho Civil así como en Ciencias Políticas y Sociales. Amplió su experiencia especializándose en Economía en la Universidad de Columbia y en la New School for Social Research de Nueva York. La reputación académica de Pazos le llevó a integrar la delegación cubana en la Conferencia Financiera y Monetaria de las Naciones Unidas, más conocida como la Conferencia de Bretton Woods de 1944. Esta histórica reunión, a la que asistieron representantes de 44 naciones aliadas, sentó las bases del orden económico y financiero de la posguerra.

Con la fundación del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 1946, Pazos fue nombrado jefe de la División de América Latina del Departamento de Investigación del FMI. Su etapa en el FMI demostró su compromiso con la cooperación económica internacional. En 1948, Pazos regresó a La Habana, donde fundó y asumió la presidencia del Banco Nacional de Cuba, la máxima autoridad monetaria del país. A través de estos roles, Felipe Pazos desempeñó un papel crucial en la configuración de las políticas e instituciones económicas de Cuba durante un periodo de transición significativa. Su presencia en la delegación que visitó Washington simbolizaba un puente técnico de Cuba con las instituciones financieras globales.

Expectativas y desarrollo de la visita a Washington

La visita de Fidel Castro y su equipo económico a Washington en 1959 fue recibida con considerable expectación tanto en Cuba como en Estados Unidos. Dada la larga relación histórica entre ambas naciones, se anticipaba un fortalecimiento de los lazos de cooperación. 

Contrariamente a estas esperanzas, Fidel Castro dió instrucciones a la delegación de no solicitar  asistencia financiera al gobierno estadounidense. Esta directiva se emitió a pesar de la disposición de Estados Unidos a apoyar los planes económicos presentados por los funcionarios cubanos. La postura firme de Castro desconcertó tanto a los anfitriones estadounidenses como a los técnicos cubanos de la delegación, quienes anticipaban un enfoque diferente en las conversaciones.

El cambio estratégico de Castro tras la Conferencia de Buenos Aires

Al regresar a Cuba, las verdaderas intenciones estratégicas de Fidel Castro se hicieron evidentes. Poco después, viajó a Buenos Aires para participar en una Conferencia Interamericana, donde desafío a Estados Unidos a entregar 30.000 millones de dólares a los gobiernos latinoamericanos para el desarrollo económico y social, insistiendo en que esos fondos se entregaran sin ninguna condición.

Estados Unidos rechazó la propuesta de Castro. En respuesta, Castro radicalizó su retórica antiimperialista. Esta maniobra priorizó la construcción de una imagen de “líder antihegemónico” por encima de los intereses prácticos de la nación, marcando el inicio de una ruptura deliberada.

El incidente de La Coubre y la construcción del enemigo externo

Desde el principio, el régimen hizo del establecimiento de las Fuerzas Armadas una prioridad máxima, con el objetivo de construir una capacidad militar que superara con creces las necesidades reales del país. Esta estrategia no solo sirvió para reforzar la defensa nacional, sino también para fortalecer el control político promoviendo la militarización de la sociedad cubana y manteniendo un estado perpetuo de preparación para la guerra. El enfoque del régimen se moldeó en el contexto del embargo estadounidense sobre material bélico, impuesto durante el gobierno de Batista y que dejó a Cuba necesitada de fuentes alternativas para suministros militares.

En su búsqueda de armas, el gobierno cubano inicialmente se dirigió a países de Europa Occidental y del Este. Los primeros intentos de obtener armas de Polonia resultaron infructuosos, ya que la Unión Soviética aconsejó a las autoridades polacas no avanzar con la venta de armas para evitar el aumento de tensiones con Estados Unidos1. Sin desanimarse, el régimen encontró más socios cooperativos en Francia y Bélgica, ambos acordaron suministrar a Cuba el armamento necesario.

La culminación de estos esfuerzos tuvo lugar el 4 de marzo de 1959, cuando el buque La Coubre llegó al puerto de La Habana transportando armas y munición franco-belga. Desafortunadamente, se cometió un error crítico al atracar el buque en el muelle de Tallapiedra, que estaba cerca de la central eléctrica de la ciudad y a pocos pasos de la avenida principal del puerto. Durante el proceso de descarga, un manejo inadecuado de la munición provocó una serie de explosiones, que resultaron en la pérdida de más de cien vidas.

 La reacción de Fidel Castro y su encuentro con el enviado soviético

Al día siguiente de las trágicas explosiones en el puerto de La Habana, Fidel Castro aprovechó el funeral de las víctimas para acusar públicamente a Estados Unidos de sabotear la descarga de armamento y munición desde el barco La Coubre. Castro sugirió que el incidente pretendía evocar la infame explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana en 1898, que precipitó la Guerra Hispano-Americana. Al invocar este evento histórico, Castro recurrió a interpretaciones nacionalistas y antiestadounidenses, que sostenían que la explosión del Maine fue causada por una mina acoplada a su casco, una teoría utilizada para justificar la intervención estadounidense en Cuba. Sin embargo, investigaciones posteriores del almirante Rickover, arquitecto de la flota de submarinos atómicos de la Marina de los EE. UU., concluyeron que la explosión fue causada por la autocombustión de los depósitos de carbón del buque2.  

Apenas unas horas después del discurso de Castro, tuvo lugar una reunión confidencial en la residencia de Antonio Núñez Jiménez, director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Asistieron Aleksandr Alekseev—que había llegado a La Habana como periodista pero que en realidad era un alto funcionario del KGB especializado en asuntos latinoamericanos—y solo los hermanos Castro y Núñez Jiménez. Alekseev era el funcionario soviético de más alto rango en Cuba en ese momento, ya que las relaciones diplomáticas entre Cuba y la URSS se habían roto durante el gobierno de Batista.

En la reunión, Fidel Castro habló con franqueza, diciendo a Alekseev: «En las circunstancias actuales, cualquier gesto amistoso del gobierno soviético hacia Cuba sería recibido con gratitud por nuestro pueblo.» Castro afirmó su convicción de que Estados Unidos había orquestado la explosión de La Coubre, reconociendo que, aunque carecía de pruebas legales o irrefutables, estaba convencido de que Estados Unidos, que había estado presionando a sus aliados para que no suministraran armas a Cuba, había saboteado el barco como advertencia.

Según el informe de Alekseev a Moscú fechado el 8 de marzo de 19603, Castro estaba psicológicamente preparado para enfrentarse al «Coloso del Norte». Explicó una serie de contramedidas que estaba dispuesto a implementar, incluyendo la nacionalización de todas las propiedades estadounidenses—especialmente las compañías azucareras—, cortar el suministro de agua potable a la base militar estadounidense en Guantánamo, movilizar a la milicia popular y al ejército revolucionario para defenderse de una posible intervención estadounidense, y desplegar sus servicios de seguridad para suprimir cualquier actividad contrarrevolucionaria dentro de Cuba.

Durante un almuerzo de seis horas con Alekseev, Fidel Castro preguntó si Cuba podía depender de la Unión Soviética para suministros y armamento en caso de un bloqueo o intervención estadounidense. Castro señaló además que Cuba poseía muchas bahías deshabitadas adecuadas para barcos y submarinos soviéticos. Además, admitió que La Habana carecía de economistas con experiencia en la construcción de una economía socialista y esperaba que la URSS enviara expertos para ayudar. En su informe a Moscú, Alekseev destacó la declaración más significativa de Castro: ahora consideraba a la Unión Soviética como un modelo para el futuro de Cuba.

La implementación del plan castrista

En marzo de 1960, Fidel Castro expuso su estrategia ante el enviado soviético y comenzó a implementarla en los meses siguientes. El 6 de julio, el Consejo de ministros emitió la Ley-Decreto 851 que autorizó la nacionalización de bienes a ciudadanos y empresas estadounidenses.  El 16 de agosto de 1960, la Resolución nº 1 expropió los 36 centrales azucareros estadounidenses que habían producido 2.118.432 toneladas de azúcar el año anterior, el 36,65% de la producción azucarera del país4

Además, en noviembre de 1959, el Banco Nacional de Cuba bajo la presidencia de Ernesto Guevara había suspendido las transferencias de dólares de las empresas refinadoras para cubrir sus compras de crudo en Venezuela y otros países. La solución del gobierno fue ordenarle procesar el petróleo soviético que ellos suministrarían. Las empresas rechazaron la propuesta y sus operaciones fueron asumidas por el gobierno, pero el 16 de agosto, mediante la Resolución nº 1, las empresas estadounidenses Esso Standard Oil Co., The Texas Co., West Indies Ltd. y Sinclair Cuba Oil Co. fueron nacionalizadas5.  Lo mismo ocurrió con la Compañía Cubana de Electricidad,una filial de la estadounidense American & Foreign Power Co. y la Compañía Telefónica Cubana, una filial de la International Telegraph & Telephone Co6.

Un mes después, el 17 de septiembre, el Gobierno nacionalizó las sucursales del National City Bank de Nueva York, el Chase Manhattan Bank y el First National Bank de Boston7.  

Las expropiaciones continuaron y el 13 de octubre de 1960, el gobierno promulgó la Ley nº 890, por la cual se confiscaron todas las empresas azucareras, empresas industriales y entidades bancarias del país. Tanto las nacionalizaciones de empresas estadounidenses como las expropiaciones de ciudadanos cubanos nunca han sido compensadas, por lo que puede considerarse que el régimen de Castro ha robado esas propiedades a sus legítimos propietarios. 

El aislamiento de Cuba de las organizaciones financieras internacionales

El 23 de octubre de 1959, Felipe Pazos dimitió, observando el giro antidemocrático que tomaba el régimen de Castro. Se exilió y retomó su carrera profesional. En 1961 se incorporó a la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), que desde su fundación en 1950 había estado dirigida por su colega Raúl Prebisch, creador de la Escuela Estructuralista y Desarrollista del pensamiento económico latinoamericano. Posteriormente fue economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo y finalmente formó parte del consejo de administración del Banco Central de Venezuela.

En noviembre de 1959, Ernesto Che Guevara fue nombrado por Fidel Castro presidente del Banco Nacional de Cuba. Guevara obtuvo su título de médico en su Argentina natal y de inmediato comenzó un recorrido por América Latina hasta terminar en Guatemala, donde permaneció seis meses hasta el derrocamiento de Jacobo Arbenz. Desde allí escapó a México, donde conoció a Fidel Castro. 

Es increíble que este joven aventurero argentino, que nunca había tenido un empleo estable, sin formación académica en materia económica y que llegó a Cuba como parte de un grupo armado, ocupara la dirección del órgano rector de la política monetaria del país, dos años después. Guevara aceleró el proceso de desmembramiento de Cuba del sistema económico que surgió de la Conferencia de Bretton Woods. El nombramiento de Guevara demostró la infinita ignorancia de los hermanos Castro sobre los problemas económicos y de gobernanza prevalentes en el mundo moderno.

El Banco Interamericano de Desarrollo [BID] fue fundado el 30 de diciembre de 1959 como una alianza entre Estados Unidos y 19 países de América Latina y el Caribe. Se ha consolidado como la primera institución de desarrollo regional del mundo siguiendo el ejemplo del Grupo Banco Mundial. Actualmente, 26 países de América Latina y el Caribe pertenecen al BID como prestatarios y 22 que incluyen Estados Unidos, Canadá, 16 países europeos, Israel, Japón, Corea del Sur y China. Estados Unidos tiene el 30% del poder de voto, debido a sus aportaciones de capital a la entidad, y los países prestatarios poseen algo más del 50%, el porcentaje restante se distribuye entre países extra-regionales no prestatarios. Algunas de las principales áreas de acción del BID son: Agricultura y Seguridad Alimentaria, Agua y Saneamiento, Cambio Climático, Educación, Energía, Transporte, Pequeñas y Medianas Empresas [PYMES]. Desafortunadamente, Cuba rechazó su participación en la creación del BID y, 66 años después de su fundación, es el único país del hemisferio occidental que no forma parte de él por decisión de los hermanos Castro. 

El 14 de octubre de 1960 se emitió el Decreto nº 2876, que formalizaba la retirada de Cuba como miembro del Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo [Grupo Banco Mundial] y del Fondo Monetario Internacional [FMI]. 

La Unión Soviética y China se negaron a participar en estas organizaciones en el momento de su creación y obligaron a los países en su órbita a retirarse de ellas. Los hermanos Castro siguieron con entusiasmo la línea estalinista autárquica y retiraron Cuba. Nuestro país es el único en el continente americano que no participa en los programas de desarrollo económico y social del Banco Mundial ni en los programas de estabilización monetaria emanados del FMI. De hecho, el aislamiento de Cuba es asombroso, y esta situación fue creada por los hermanos Castro en su afán de seguir fielmente la línea política soviética.

Historial crediticio del régimen de Castro

Según la CEPAL, «La actividad económica en Cuba durante 1957 alcanzó los niveles más altos del periodo de posguerra.» «Si se tienen en cuenta los aumentos de precios, el crecimiento del producto bruto en términos reales puede estimarse en algo más del 8 por ciento.»8 Este crecimiento requirió un aumento en las importaciones de bienes (equipos y maquinaria) y servicios, lo que generó un déficit en la balanza comercial de 52,9 millones de dólares. Esta deuda fue parcialmente cubierta por la asistencia financiera concedida por el FMI al Gobierno cubano para mantener la estabilidad monetaria en el país.

José Luis Rodríguez, ex ministro de Economía de Cuba y profesor en la Universidad de La Habana, en un artículo publicado en la prensa oficial cubana, afirmó: «es esencial reanudar la alternativa de una renegociación más flexible de la deuda, que a finales de 2024 se estimaba, -según fuentes acreedoras- en unos 29.800 millones de dólares,    lo que representa una cifra aproximada similar al saldo de 2019.»9  Además, entre 2011 y 2015, el régimen obtuvo varias cancelaciones de deuda por 46.341 millones de dólares de Rusia, China, el Club de París y, en menor medida, México10.

Durante la crisis de la deuda latinoamericana en los años 80, Fidel Castro defendió el impago de las obligaciones, manteniendo una postura intransigente hacia los acreedores y el FMI. El historial crediticio de alto riesgo del régimen de Castro fue un factor determinante en la inclusión en las regulaciones de la Ley Helms-Burton la prohibición de conceder crédito a las transacciones comerciales con Cuba.

El resultado de la crisis y las perspectivas para Cuba

Un análisis comparativo de la Cuenca del Caribe para el año 2024, utilizando los Perfiles Económicos publicados por la CEPAL, muestra que la economía cubana perdió su liderazgo y actualmente ocupa la decimotercera posición [13] en la región, superando solo a Bahamas, Barbados, Surinam y Belice, con poblaciones de menos de 700.000 habitantes. El Producto Interior Bruto per cápita de Cuba es el más bajo de todo el hemisferio occidental.

La dirigencia castrista, desde Fidel Castro hasta la actualidad, se ha caracterizado por su ignorancia y mediocridad en la gestión de los asuntos públicos. Los hermanos Castro, en su afán de mantenerse en el poder, aislaron a Cuba del contexto occidental y la convirtieron en un instrumento de la Guerra Fría, con graves consecuencias para la nación.

La única opción para que el liderazgo que surja de las cenizas del castrismo supere la crisis sufrida por el pueblo cubano sería la reintegración total del país en el mundo occidental. Un elemento clave en el proceso de reintegración es la reactivación de los vínculos con las instituciones financieras internacionales que han favorecido el desarrollo económico y social de la región en las últimas décadas. Como hemos señalado, Cuba era miembro pleno de esas instituciones financieras y sin ellas no puede salir de la crisis actual. 

Además, es vital que el nuevo liderazgo sea capaz de incorporar a la comunidad cubana en el extranjero en los procesos de modernización necesarios. Sin su participación efectiva, insertar a Cuba en las áreas en las que ellos operan en el primer mundo sería una tarea extremadamente ardua.  

Bibliografía

  1. Resolución del Presidium, 23 de septiembre de 1959. Citado por Fursenko, Alexander & Naftali, Timothy en One Hell of a Gamble (Nueva York: W.W. Norton & Co., 1997) p. 24

    ↩︎
  2. Rickober, Hyman G., Cómo fue destruido el acorazado Maine. (Washington: División de Historia Naval, 1976) ↩︎
  3.  Archivo 78825, pp164-66 SVR. Citado por Fursenko, Alexander & Naftali, Timothy, en One Hell of the Gamble. (Nueva York: W.W. Norton & Co. 1997) p. 42 ↩︎
  4. Anuario Azucarero de Cuba 1959 (Havana: Cuba Económica y Financiera, 1960) p. 92-93. ↩︎
  5.  Estudio sobre Cuba (Miami: Universidad de Miami, 1963) p. 1406. ↩︎
  6.  Estudio sobre Cuba, p. 1408-1409. ↩︎
  7.  Estudio sobre Cuba, p. 1321. ↩︎
  8.  Estudio Económico de América Latina, 1957 (México: Comisión Económica para América Latina. 1958) Cap. V, p. 195. ↩︎
  9. Rodríguez, José Luis, La economía mundial en 2024 y Perspectivas para 2025: Los impactos para Cuba (Parte II (La Habana, Debate sobre Cuba, 11 de febrero de 2025) ↩︎
  10. Oficina Alemana de Promoción del Comercio y la Inversión en Cuba, 30 de julio de 2024. ↩︎

¿La importación de alimentos en Cuba se ajusta a partir de los precios del mercado internacional?

Análisis de las importaciones reales de alimentos en Cuba

Por: Miguel Alejandro Hayes

Hasta ahora, en el Instituto de Estudios de la Cuenca del Caribe hemos presentado materiales que analizan estadísticamente el comportamiento de las importaciones de alimentos como variable dependiente de otros factores —principalmente las exportaciones totales y los ingresos por turismo—.

Sin embargo, dichos trabajos se han centrado únicamente en el valor nominal del volumen económico, es decir, sin considerar el efecto de la inflación en los precios de las importaciones. Por ello, en el presente escrito se expone el comportamiento de las importaciones reales.

Las importaciones reales se obtienen dividiendo las importaciones nominales (a precios corrientes, del momento del registro) entre un deflactor de precios, es decir, un índice de precios comparable al índice de inflación. En el caso de las importaciones de cualquier país, resulta difícil disponer de un deflactor específico. Ante esa carencia, los expertos suelen emplear el índice de valor unitario de las importaciones, ofrecido por el Banco Mundial.

Para Cuba, dicha institución publica valores referidos a la variación porcentual de los precios de las importaciones totales del país, tomando como base el año 2000 (Figura 1). A partir de esos datos se obtienen las importaciones reales (a precios constantes) de alimentos (Figura 2).

Figura 1. Fuente: Banco Mundial
Figura 2. Fuente: Elaboración propia con datos de la ONEI y Banco Mundial

Interpretación de los datos

La lectura de los datos se realiza de la siguiente forma: en 2014, por ejemplo, se importaron 1 917 741 000 USD en términos corrientes, equivalentes a 1 297 612 152.38 USD del año 2000. En otras palabras, la importación real de alimentos, en referencia al año base, ha sido generalmente menor que la reflejada por las cifras oficiales, con diferencias que alcanzan hasta 600 millones de USD (Figura 3).

Figura 3. Fuente: Elaboración propia con datos de la ONEI

Estos resultados permiten analizar si el régimen cubano, ante aumentos de los precios internacionales de los alimentos, incrementa el volumen total importado para mantener la oferta en los mercados internos o, por el contrario, si los aumentos en el valor de las importaciones son meramente nominales.

Resultados econométricos

Para responder a estas interrogantes, se tomaron como variables el valor nominal de las importaciones (Y) y el valor real de las importaciones (X). Los modelos de regresión lineal por mínimos cuadrados, aplicados sobre una muestra estadísticamente significativa (n = 19), sugieren una relación lineal positiva (r=0.704), que aproximadamente el 50 % de la variación de Y se explica por X (r² 0.=495) y una relación monótona entre ambas variables se confirma con un coeficiente de Spearman de ρ =0.698.

La ecuación resultante es:
Y=−269,773,066+14,622,091⋅X

En síntesis, los resultados indican que existe correlación entre el comportamiento de los precios del mercado internacional y las importaciones de Cuba con un poder explicativo que clasifica como medio-alto. Ello se debe a que el valor real de las importaciones contiene la variable precio (importación real = nominal/ índice de precio). De hecho, la regresión entre índice de precios (el empleado para calcular las importaciones reales) e importaciones nominales tienen exactamente los mismos parámetros (r, r cuadrado, spearman, etc) que la antes mencionada, ya que ambas son derivadas de la identidad: valor = precio x cantidad.

Cambio estructural y comportamiento de largo plazo

Podría interpretarse, en una lectura lineal, que si aumentan los precios internacionales, el gobierno cubano incrementará su gasto para mantener los niveles de oferta (ya que al menos hay una correlación media); y que, en sentido inverso, una reducción de precios permitiría aumentar las importaciones debido a mayores ingresos disponibles.

Sin embargo, los datos muestran matices que contradicen esa lógica. A partir de un valor base en los precios internacionales de 143 (base 100 en el año 2000), la cantidad importada comienza a disminuir de forma proporcional, llegando incluso a valores negativos. Es decir, cuando los precios internacionales superan cierto umbral (43 por ciento más respecto al año 2000), las importaciones de alimentos en Cuba tienden a caer.

Por otro lado, la elaboración de modelos complementarios a partir de los mismos datos permite explorar nuevas dimensiones del fenómeno. Al analizar la variación nominal del valor de las importaciones de alimentos (Y) como función de la variación de precios (X) y de la variación de cantidades (Z), se obtiene un resultado determinista:
Yₜ = Xₜ + Zₜ,
con R² = 1.00 y error prácticamente nulo (salvo por variaciones de redondeo).

De este modo, la variación de precios internacionales (X) explica el 56 % de la variación total de las importaciones de alimentos, mientras que la variación de cantidades (Z) —decisión de política económica— explica el 43 % restante. En el período analizado, las variaciones en las importaciones cubanas se debieron, en mayor medida, a los cambios de precios en el mercado mundial que a las decisiones internas sobre volúmenes importados.

Evidencia de cambio de régimen

Cabe señalar que estos porcentajes representan promedios, ya que la composición varía a lo largo del período observado. Como se aprecia en la Figura 4, el efecto cantidad —asociado a decisiones de política sobre cuánta cantidad importar— pasó de ser dominante a secundario a partir de 2015, mientras que el efecto precio asumió el papel principal.

Figura 4. Elaboración propia con datos de ONEI y Banco Mundial

La media del efecto cantidad pasó de aproximadamente 0.33 a 0.64, mientras que la del efecto precio aumentó de 33 % a cerca del 64 %. Esta volatilidad en la influencia de cada variable independiente sobre la variable dependiente sugiere la existencia de un cambio de régimen, entendido como un cambio estructural dentro del fenómeno observado.

Este cambio se identifica como:

  • Régimen 1 (t = 1–12): x ≈ 33 %, z ≈ 67 %. (de 2002 a 2014)
  • Régimen 2 (t = 13–18): x ≈ 64 %, z ≈ 36 %. (de 2015 a 2020)

El salto ocurre alrededor de t ≈ 12 (año 2015) y se mantiene, validado por un test de Markov-Switching (MSM) que cumple con los criterios de medias desiguales, probabilidad filtrada, persistencia, duración esperada y varianza.

El análisis probabilístico de la matriz de transición de Markov indica que la dinámica actual de las importaciones de alimentos tiene una probabilidad del 95 % de mantenerse durante unos 20 años. En concreto, la probabilidad de regresar al régimen 1 (donde el aumento nominal proviene de mayores cantidades reales importadas) desde el régimen 2 es de apenas un 5 % (p₂₁ = 0.05). Ello implica una persistencia estimada de dos décadas para el régimen vigente.

Conclusiones

En resumen, los datos y modelos aplicados permiten concluir que:

  1. La variación del valor monetario de las importaciones de alimentos en Cuba entre 2002 y 2020 ha estado regida, principalmente, más por los ajustes a los precios del mercado internacional que por aumentos de cantidad.
  2. Entre 2002 y 2014, las variaciones positivas en las importaciones reflejaron un aumento real del volumen de alimentos, como parte de una política económica deliberada.
  3. A partir de 2014, la dinámica ha estado dominada por las fluctuaciones de precios internacionales, más que por decisiones internas de expansión de la oferta. 
  4. Si los precios de importaciones suben un 43 %  respecto al año 2000, las importaciones reales se reducen, es decir, el régimen cubano no está dispuesto a asumir todo el impacto del aumento de los precios internacionales para no afectar la oferta de alimentos en la isla.
  5. Este comportamiento tiene apenas un 5 % de probabilidad de revertirse y, según los modelos empleados, podría mantenerse durante aproximadamente 20 años, si persiste la actual lógica estructural del sistema económico cubano.

El arroz, otro factor en la crisis alimentaria que sufre el pueblo cubano

Por: Francisco Díaz Pou

El arroz en la dieta cubana: historia y transformación

El arroz es un alimento fundamental en la dieta de los cubanos desde los tiempos coloniales. Su presencia cotidiana no solo perdura, sino que también refleja la importancia que ocupa en la cultura y en los hábitos alimentarios de la población.

Producción y consumo de arroz en el siglo XIX

De acuerdo con Don Ramón de la Sagra, en 1830 la Isla de Cuba produjo 520 897 arrobas de arroz, equivalentes a unas 5 990 toneladas métricas. Esta producción continuó en ascenso, alcanzando en 1862 la cifra de 1 747 474 arrobas (unas 8 596 toneladas métricas).1

A pesar de este crecimiento, durante esa época se importaron grandes volúmenes de arroz —alrededor de 900 000 arrobas (10 350 toneladas métricas)— provenientes de España, Filipinas y los Estados Unidos. La dependencia de las importaciones se debía, principalmente, a las limitaciones tecnológicas de la producción local: la falta de equipos para descascarar el arroz provocaba que el producto nacional llegara al mercado partido y sucio, por lo que su consumo quedaba restringido a las zonas rurales.

Importaciones y cambios en el siglo XX

Durante las primeras décadas del siglo XX, Cuba continuó importando arroz, esta vez principalmente desde países asiáticos como India, Birmania, Tailandia e Indonesia, que dominaban el mercado cubano gracias a la competitividad de sus precios.

Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial alteró drásticamente esta dinámica comercial. A partir de ese momento, los Estados Unidos —debido a su proximidad geográfica y al Tratado de Reciprocidad Comercial firmado en 1934, que otorgaba al arroz norteamericano un tratamiento arancelario preferencial a cambio de un trato similar para el azúcar cubano— se convirtieron en los principales proveedores de arroz para Cuba. Así, las importaciones de arroz estadounidense pasaron de 9 200 toneladas métricas en 1937 a 138 000 en 1940.

Políticas de estímulo a la producción nacional y limitaciones técnicas

La Reforma Arancelaria de 1927 representó una medida moderada pero significativa, al favorecer el inicio del proceso de industrialización en el país. Con el propósito de estimular la producción nacional, el gobierno comenzó a distribuir semillas mejoradas y puso en marcha un programa de asistencia técnica dirigido a los cosecheros. Además, facilitó la venta de máquinas para el descascarado del arroz. En 1940 existían en Cuba cinco grandes molinos arroceros y alrededor de doscientos de menor capacidad.

A pesar de estos esfuerzos, la producción nacional continuó siendo insuficiente. La escasa utilización de sistemas de irrigación y la falta de métodos modernos de cultivo limitaron el desarrollo pleno del sector. Asimismo, la ausencia de una política de crédito agrícola dificultaba la expansión de este cultivo, que requería altos niveles de capital de trabajo.
En 1939, un total de 5 274 cosecheros produjeron 15 371 toneladas métricas en 11 201 hectáreas, con un rendimiento de 1,37 toneladas por hectárea2.

El camino hacia el autoabastecimiento

El camino hacia el autoabastecimiento de arroz en Cuba fue largo y estuvo marcado por persistentes desafíos estructurales y económicos. La creciente demanda interna impulsó políticas orientadas a reducir la dependencia de las importaciones, promoviendo la inversión en infraestructura y tecnología agrícola. Este proceso exigió coordinación entre diversos actores estatales y privados, así como la implementación gradual de soluciones innovadoras para optimizar la producción y distribución del arroz nacional.

En 1947, Cuba participó en Ginebra junto a otros 22 países en la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Según sus disposiciones, cada país otorgó el trato de “nación más favorecida” a los demás integrantes. Gracias a las negociaciones, las importaciones de arroz desde los EE. UU. se limitaron a 150 000 toneladas métricas anuales, lo que permitió fomentar la producción nacional sin la competencia desleal del producto extranjero.

En 1948, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Grupo del Banco Mundial) realizó un estudio económico a solicitud del gobierno cubano, en el que señalaba la necesidad de crear instituciones financieras paraestatales destinadas a atender las necesidades crediticias de la agricultura nacional.

El 20 de diciembre de 1950 entró en vigor la Ley No. 5, titulada “Sobre el Fomento Agrícola e Industrial de Cuba”, mediante la cual se creó el Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC). Los historiadores económicos de la época consideran la creación del BANFAIC como la institución más novedosa y relevante del sistema agrario cubano desde la promulgación de la Ley de Coordinación Azucarera de 19373, que reorganizó y modernizó la industria azucarera.

El BANFAIC fue una entidad autónoma del Estado fundada con el objetivo de “crear, fomentar y mantener las facilidades financieras necesarias para el desarrollo y diversificación de la producción” agrícola e industrial, principalmente a través del crédito bancario4.

Desde su creación, el BANFAIC prestó gran atención al aumento de la producción arrocera. Instituyó programas de asistencia técnica, otorgó créditos a empresarios agrícolas e impulsó la instalación de sistemas de riego y la adquisición de equipos para el cultivo mecanizado. Además, financió la construcción de silos y almacenes, y junto a la Comisión Ejecutiva Nacional de Cooperativas Agrícolas y Mineras (CENCAM) promovió la perforación de pozos y el aprovechamiento de aguas superficiales en diversas regiones del país.

El 27 de enero de 1955, mediante la Ley-Decreto No. 2026, se creó la Administración de Estabilización del Arroz, cuyo objetivo era evitar las fluctuaciones de los precios internos del producto.
Antes del BANFAIC, en 1947, la producción de arroz descascarado, pulido y limpio fue de 38 456 toneladas métricas; en 1956 ascendió a 169 878, un aumento del 341,7 % en seis años5.

Al inicio de la expansión del cultivo, los cosecheros carecían de variedades resistentes y enfrentaron plagas y enfermedades propagadas por insectos. Además, la falta de herbicidas selectivos limitó el rendimiento por hectárea6. Aun así, los resultados fueron muy favorables. Según el Statistical Yearbook de las Naciones Unidas7, en 1957 Cuba ocupaba el tercer lugar en América Latina, después de Brasil y Colombia, en producción de arroz.

El autoabastecimiento: una meta inalcanzable

A finales de la década de 1950 se estimaba que, de mantenerse los ritmos de crecimiento, Cuba podría alcanzar el autoabastecimiento a mediados del decenio siguiente.
Lamentablemente, ocurrió lo contrario. Tras el triunfo de la Revolución en 1959, el régimen inició las confiscaciones de fincas arroceras y rompió los vínculos comerciales y tecnológicos con los EE. UU., lo que interrumpió el suministro de equipos e insumos esenciales.
En marzo de 1960 se eliminó el BANFAIC, privando a los agricultores del acceso al crédito y la asistencia técnica. El Instituto Nacional de la Reforma Agraria se convirtió en el instrumento de colectivización del sector agropecuario, proceso que se consumó a finales de ese año, desarticulando el sistema productivo del país. La producción nacional cayó de 169 878 toneladas métricas en 1956 a solo 36 080 en 19658.

Ante la crisis, Fidel Castro desvió recursos financieros —manu militari— hacia la reconstrucción de la industria arrocera. Se construyeron unas 135 presas, muchas destinadas al riego de zonas arroceras, y se adquirieron más de 2 000 tractores y cosechadoras del “campo socialista”. También se ampliaron secaderos y almacenes. La producción aumentó considerablemente, y en 1989 se estimó en unas 350 000 toneladas de arroz limpio y pulido. Sin embargo, pese a estos esfuerzos y al sacrificio de otros sectores, el autoabastecimiento no se alcanzó.

Con la desaparición de la Unión Soviética y sus aliados europeos, el flujo de insumos se redujo drásticamente. En 1991, el régimen anunció un Programa Alimentario para enfrentar la crisis, pero no logró implementarlo por falta de financiamiento externo. Entre 1989 y 2000, la producción de arroz cayó un 43%, y el rendimiento agrícola descendió a menos de 3 toneladas por hectárea9.

Durante la segunda década del siglo XXI, el régimen declaró en dos congresos del Partido Comunista su intención de cumplir los programas de producción de varios artículos, entre ellos el arroz, pero tales metas nunca se alcanzaron.

La paralización casi total de la economía durante la pandemia de 2020 agravó la crisis del sector agropecuario. Según datos oficiales, en 2018 la cosecha de arroz mostraba signos de recuperación: se sembraron 133 716 hectáreas y se produjeron 302 000 toneladas métricas de grano limpio y pulido (listo para el consumo)10. Sin embargo, el reporte de la ONEI de 2023 registró solo 38 500 toneladas, con 29 953 hectáreas sembradas y un rendimiento de 1,96 toneladas por hectárea. La producción se redujo un 87 % entre 2018 y 202311.

El arroz, componente esencial de la dieta cubana, tuvo en 1958 un consumo total de 339 000 toneladas métricas, equivalente a 122 libras per cápita12. La producción nacional cubría el 46 % de la demanda (56 libras per cápita); el resto era importado. En 2023, la producción nacional fue de apenas 8 libras per cápita.

Las propias estadísticas oficiales demuestran, una vez más, que el sistema impuesto por el terror hace más de seis décadas es incapaz de alimentar al pueblo cubano.

Notas

  1. de la Sagra, Ramón, Historia Económica – Política y Estadística de la Isla de Cuba (La Habana: Imprenta de las Viudas de Arazoza y Soler, 1831) p. 125 ↩︎
  2.  Censo de la República de Cuba de 1943. Citado en Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 690 ↩︎
  3. Nova González, Armando, El crédito agrícola y su desempeño en el fomento y desarrollo de la producción agrícola. Antes de 1950 (La Habana: Universidad de La Habana) ↩︎
  4. Castro Ferragut, El Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC). Su génesis, características y desarrollo (Washington DC, 1995). ↩︎
  5. Resúmenes Estadísticos Seleccionados (La Habana: Ministerio de Hacienda, 1959). Citado en Estudio sobre Cuba. ↩︎
  6.   Abreu, Ernestino y Sotolongo, Raúl, El arroz en Cuba: Presente y Futuro en Desarrollo Agrícola en Cuba (Miami, Colegio de Ingenieros Agrónomos y Azucareros, 1992). P. 154. ↩︎
  7. Statistical Yearbook (New York: United Nations, 1959). Citado en Estudio sobre Cuba. ↩︎
  8. Figueras, Miguel Alejandro, El arroz en la Economía y Sociedad Cubana (La Habana, Cuba y la Economía, 2016). ↩︎
  9.  Figueras, Miguel Alejandro, El arroz en la Economía y Sociedad Cubana. ↩︎
  10. Anuario Estadístico de Cuba 2022, Cap. 9 (La Habana: Oficina Nacional de Estadística e Información [ONEI]. ↩︎
  11. Anuario Estadístico de Cuba 2023, Cap. 9 (La Habana: Oficinal Nacional de Estadística e Información [ONEI]. ↩︎
  12. Memoria del Banco Nacional de Cuba 1957-58. Citado en Estudio sobre Cuba. pág. 1053. ↩︎

¿Qué impacto tiene el arribo de turistas a Cuba en el consumo de alimentos en la isla?

Por: Miguel Alejandro Hayes

El turismo internacional no mejora las condiciones de vida de los cubanos en la isla. Durante años, la propaganda oficial y cierto sentido común económico han sostenido lo contrario; sin embargo, los datos de este sector muestran que, a mayor turismo, no aumenta la oferta de alimentos en Cuba.

El turismo es anunciado en el discurso oficial como “la locomotora de la economía”: dinamizar, crecer y, sobre todo, aportar divisas para mejorar las condiciones de vida del “pueblo”. Pero, a simple vista, resulta evidente que esa locomotora nunca ha funcionado.

El principal argumento contra la supuesta locomotora es la baja ocupación de los hoteles cubanos. No obstante, incluso dentro de la oposición y el exilio persiste la confusión de pensar que, a más turistas e ingresos por estos, mejores condiciones de vida para los cubanos en la isla, o que, a menos turismo, estas empeoran.

Por otro lado, para analizar ese posible impacto del turismo sobre las condiciones de vida, en este material se tomó como indicadores, por un lado, la importación de alimentos, pues representan más del 80 % de la oferta de los mismos en el país; y, por el otro, el arribo de turistas a la isla y los ingresos asociados a estos.

Los datos (Gráficos 1 y 2) sugieren que ambas variables tienen relación. Lo cual merece comprobación estadística.

Gráfico 1. Elaboración propia con datos de la ONEI
Gráfico 2. Elaboración propia con datos de la ONEI

El primero de los modelos econométricos utilizados (regresión lineal para la relación entre arribo de turistas/importación de alimentos) indica que sí existe una correlación positiva, aunque con bajo poder explicativo: R² ≈ 0.285 en el ajuste, y resultados similares en un modelo exponencial. Esto significa que el turismo extranjero explica apenas un 28,5 % de las variaciones en la importación de alimentos. En otras palabras, el flujo de turistas no permite predecir de manera sólida un aumento o disminución del consumo de alimentos en Cuba.

La conclusión estadística tiene sentido económico. Primero, un sector que gasta casi todos sus ingresos (el 80 por ciento) en abastecerse a sí mismo, deja poco margen para satisfacer compras con otros objetivos. Segundo, la importación de alimentos es un fenómeno multicausal, determinado más por el volumen total de exportaciones (como se demostró en una publicación anterior) que por un solo sector como el turismo.

Por otro lado, el modelo de la regresión lineal entre ingresos asociados al turismo/importación de alimentos arroja resultados más claros: R² = 0.1497, es decir, los ingresos asociados al turismo apenas explican un 15 por ciento aproximado de la importación de alimentos. Se trata de un resultado débil, por lo que se puede afirmar que no hay relación entre ambas variables. Mientras que al incluir un rezago =1, R² pasa a ser 0.256, resultado un poco mejor, pero igual clasificable como débil.

En la práctica, esto indica que los ingresos turísticos son un elemento más, sin importancia especial, para financiar las importaciones de alimentos, de ahí que su aumento apenas traería impacto en el consumo de alimentos importados en Cuba.

Luego, pensar en el turismo como solución a la escasez de alimentos en Cuba, bajo la actual estructura política y su internalización del flujo de divisas, es un error que la estadística confirma. Asimismo, creer que la restricción del turismo provocaría un descenso proporcional en el consumo de alimentos es otra conclusión equivocada.

En pocas palabras: el turismo no es la locomotora (de las condiciones de vida de los cubanos en la isla), ni la gallina de los huevos de oro de la economía cubana; su impacto es limitado.

La industria azucarera fue el elemento fundamental en la etapa de desarrollo diversificado de la economía cubana

Por: Francisco Díaz Pou

El auge del sector azucarero en los años cuarenta
Durante la década de 1940, la economía cubana estuvo fuertemente impulsada por el crecimiento de la industria azucarera, que se consolidó como la principal fuente de exportaciones. Esta prosperidad se tradujo en una mayor actividad comercial y en la intensificación de relaciones con mercados internacionales, especialmente los Estados Unidos. Así, Cuba logró posicionarse como uno de los principales exportadores de azúcar a nivel mundial, lo que benefició su balanza comercial y favoreció el desarrollo de políticas orientadas a la estabilidad económica.

Superávit comercial y dependencia del azúcar
En este periodo, la balanza comercial de Cuba mostró un saldo positivo, con un superávit de 1.418 millones. El azúcar y sus derivados representaban el 75 % de las exportaciones en 1940, incrementándose al 89 % para 1949. Este aumento evidencia la creciente dependencia de la economía cubana respecto a la industria azucarera.

Transformaciones en el mercado internacional y políticas conservadoras
Después de la Segunda Guerra Mundial, la reactivación de la producción azucarera en otros países provocó una caída en los precios internacionales del azúcar. Ante este contexto, Cuba adoptó políticas conservadoras que, en determinados años, limitaron la magnitud de las zafras.
El Instituto Cubano de Estabilización del Azúcar (ICEA), que anteriormente gestionaba la venta de las zafras, pasó a desempeñar un papel asesor en la política azucarera tanto para el gobierno como para la industria. Además, el gobierno encargó al ICEA la administración de la «reserva especial», creada para mantener el precio del azúcar en niveles razonables en el mercado internacional

Distribución de la zafra de 1950
Al iniciar la zafra de 1950, el gobierno cubano estableció por decreto la producción estimada y su distribución:
-Estados Unidos: 2.679.000 toneladas métricas
-Otros países: 953.120 toneladas métricas
-Consumo local: 231.880 toneladas métricas
Cuota especial: 1.030.400 toneladas métricas
La producción total estimada fue de 4.894.300 toneladas métricas; sin embargo, la zafra superó ese cálculo, alcanzando 5.557.504 toneladas métricas en 102 días de zafra1. Este crecimiento fue posible porque, entre 1944 y 1952, el gobierno no impuso restricciones a la producción azucarera.

Impacto de la Guerra de Corea en la industria azucarera
El 25 de junio de 1950, con el inicio de la Guerra de Corea y ante la posibilidad de una guerra mundial, los precios del azúcar abandonaron la tendencia bajista y experimentaron un repunte, lo que favoreció el incremento de ventas tanto al mercado estadounidense como a otros países, principalmente europeos. El ICEA liberó gran parte de los inventarios de la Cuota Especial para responder a la extraordinaria demanda internacional.
En 1951, la industria azucarera cubana produjo 5.787.450 toneladas métricas en términos de azúcar crudo [azúcar y mieles], en una zafra de 107 días. El precio promedio en almacén público en puerto cubano fue de 5,082 centavos por libra, el segundo más alto del siglo XX; solo superado por el récord de 1920, durante la «danza de los millones». El valor estimado de la zafra de 1951 fue de 716,5 millones2. A fines de 1951, el inventario de azúcar era 296.340 toneladas métricas, pero una gran parte estaba vendida y pendiente de embarque a sus compradores internacionales.
El incremento en los precios de venta del azúcar y las mieles generó una notable circulación de efectivo en el país, resultado del pago del denominado «diferencial» a los trabajadores azucareros y del aumento en la participación de los colonos por la comercialización de mieles. Los trabajadores recibieron la diferencia entre el precio estimado de la libra de azúcar utilizado para calcular sus salarios al inicio de la zafra y el precio final al que se vendió la totalidad de la producción.

La zafra de 1952
El éxito de la zafra de 1951 favoreció el aumento en la siembra, cultivo y mejora de los cañaverales mediante fertilización y riego. Estas acciones, iniciadas en 1950, facilitaron una amplia disponibilidad de caña para la zafra de 1952. Sin embargo, en marzo de 1952, el Consejo Internacional Azucarero previó que para agosto habría un excedente mundial de 1,5 millones de toneladas métricas de azúcar.
En abril, los precios de la libra de azúcar en el mercado mundial estaban en 4,25 centavos de dólar (libre a bordo). En esos momentos, se escuchaban opiniones sobre la posibilidad de restringir la producción de la próxima zafra de 1953.
Durante la zafra, la producción superó los estimados iniciales de 6,08 millones de toneladas métricas en aproximadamente un millón de toneladas. La producción total, en términos de azúcar crudo [azúcar y mieles], fue de 7.260.770 toneladas métricas. En la zafra participaron 161 centrales a lo largo de 132 días, con un promedio de rendimiento industrial del 12,463 %.
Frente a la crisis, el Gobierno constituyó un Comité de Ventas para administrar los azúcares incluidos en la Cuota Especial, inicialmente establecida en 1.283.250 toneladas métricas. Dicho comité lo integraban representantes de los hacendados, colonos y un delegado del gobierno. En junio, el precio del azúcar cayó a 4,05 por libra, lo cual puso de manifiesto que el Comité de Ventas no estaba alcanzando las metas establecidas. A fines de ese mes, el Consejo Internacional Azucarero informó que sus proyecciones indicaban un excedente en el mercado libre mundial de 2.385.000 toneladas métricas al concluir agosto.
El 8 de julio de 1952, el gobierno promulgó la Ley-Decreto n.º 224, la cual dispuso, conforme a las recomendaciones provenientes del sector azucarero y con el respaldo de organizaciones laborales, el retiro del mercado de 1.803.200 toneladas métricas de azúcar. Esta operación fue financiada por el Banco Nacional de Cuba, actuando la banca comercial del país como intermediaria financiera en el proceso3.


Desde su fundación en 1950, el Banco Nacional de Cuba había influido decisivamente en la política monetaria nacional. Defendía ampliar las ventas de azúcar al exterior usando crédito o triangulación comercial para acceder a mercados de moneda blanda, imposibles para transacciones en dólares u otras monedas fuertes. Tras negociaciones con Francia, en 1952 se firmó un convenio que permitió a entidades privadas francesas comprar 200.000 toneladas de azúcar cubano para terceros países, pagando un 30 % en dólares y 70 % en francos franceses; estos francos serían usados por Cuba para pagar importaciones de productos franceses.

La zafra de 1953
La producción récord de 1952 marcó el final de la expansión azucarera cubana iniciada durante la II Guerra Mundial. El Gobierno estableció la zafra de 1953 en 5.152.000 toneladas métricas y creó fondos de protección para pequeños colonos y unidades industriales [centrales] pequeñas.
En 1952, la retirada de 1,8 millones de toneladas métricas del mercado contó con el respaldo de hacendados, colonos y organizaciones sindicales. Sin embargo, ciertos sectores de la industria azucarera manifestaron su desacuerdo ante la restricción de la zafra propuesta para 1953, abogando por la libre competencia y una estrategia de ventas internacionales más dinámica. Además, se plantearon desafíos relacionados con las condiciones salariales.

El ajuste salarial de 1953
La II Guerra Mundial produjo presiones inflacionarias que surtieron su efecto en Cuba. Según datos publicados en 1948 por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [Grupo Banco Mundial], la tasa de inflación acumulada de los precios de los alimentos en el periodo 1941-1948 era de un 162%4. Ante esta situación, el Gobierno congeló los salarios de los trabajadores azucareros a un nivel más alto basado en los precios de venta de los azúcares obtenidos en la zafra de 1947. Los salarios se mantuvieron congelados hasta 1953.
Previo al inicio de la zafra, los hacendados manifestaron que, junto con la restricción de la producción, resultaba imprescindible adecuar los salarios, las condiciones laborales y los costos generales conforme al precio vigente del azúcar; de lo contrario, la industria podría volverse inviable. Por su parte, los colonos señalaron el incremento en un 20 % de los costos laborales derivados de los beneficios implementados en la década precedente —incluyendo un aumento salarial del 10 %, el reconocimiento del 9,09 % por Descanso Retribuido, el pago de 48 horas por 44 trabajadas, prestaciones por Maternidad Obrera, días festivos y la congelación de salarios basada en el nivel de 1947—, factores que tornaban insostenible la operación de sus colonias, considerando que los salarios representaban el componente principal de sus gastos.
El gobierno tomó la decisión de descongelar parcialmente los salarios azucareros, reduciendo de 4,96 centavos a 4,7 centavos el precio congelado, libre a bordo, de la libra de azúcar crudo que servía de base en la determinación de los salarios. El ministro de Trabajo, Dr. Carlos Saladrigas, en declaraciones a la prensa, expresó: «…en ninguna forma el asunto de los salarios y jornales en el sector azucarero puede ser resuelto en consideración a argumentos estrictamente económicos, como lo han pedido insistentemente hacendados y colonos, solicitando la completa descongelación, sino teniendo en cuenta además, y principalmente, los de índole social y humano, por lo que representan el salario y el jornal en la vida de los trabajadores»5.

Cuba en el mercado libre azucarero
En 1953, Cuba aumentó su presencia en el mercado mundial libre de azúcar al venderle al Reino Unido un millón dieciséis mil toneladas, embarcando el 60 % ese año y el resto al siguiente. Además, exportó unas 2 millones 60 mil toneladas a Estados Unidos bajo la Ley Azucarera. Las exportaciones totales fueron de 3,024 millones de toneladas, casi 700.000 más que en 1952.
En octubre de 1953, 24 países firmaron en Londres el Convenio Azucarero para regular el precio internacional del azúcar crudo mediante cuotas de exportación y control de la producción. Cuba recibió la mayor cuota, un 41,74 % (2,25 millones de toneladas métricas). El acuerdo generó apoyo por mantener los precios y críticas por limitar la producción.
En 1954 y 1955, la sobreoferta afectó el mercado libre mundial de azúcar, reduciendo las cuotas de exportación de los países que suscribieron el Convenio Azucarero de Londres. En los Estados Unidos, debido a los cambios realizados a la Ley Azucarera, la participación de Cuba bajó de un 41,3 % en 1948 a 33,1 y 34 % en 1954 y 1955, respectivamente. En 1954 se produjeron 4.897.200 y en 1955 4.538.300 toneladas métricas, y el valor estimado de las zafras disminuyó debido a la caída de los precios.
Para revertir la baja en las cuotas y extender las zafras, el gobierno autorizó la libre elaboración de mieles ricas invertidas para su venta por el ICEA. Las cañas utilizadas estaban exentas de las condiciones generales de contratación de la industria, y los colonos y hacendados podían establecer los precios independientemente. Además, el gobierno les otorgó la exención de impuestos municipales. En 1954, se produjeron 141 millones de galones de mieles ricas, equivalentes a 524.600 toneladas métricas de azúcar crudo. El gobierno la extendió a la zafra de 1955, en la que la producción de mieles ricas fue de 237,6 millones de galones, equivalentes a 883.900 toneladas métricas6.

La zafra de 1956, las modificaciones en la Ley Azucarera de los Estados Unidos, el Convenio Azucarero de Londres y la crisis del Canal de Suez
La Ley Azucarera de los Estados Unidos de 1956 redujo una vez más la participación porcentual de Cuba en el mercado estadounidense, pero, en la práctica, los déficits en la producción doméstica y el aumento en el consumo mantuvieron el volumen de las exportaciones a ese país en 1956, 1957 y 1958 e, inclusive, aumentaron su cuota en dicho mercado.
El Convenio Internacional Azucarero de 1953 fue revisado en Ginebra en octubre de 1956. Se mantuvieron los términos principales y se asignaron nuevas cuotas de exportación para el mercado libre mundial.
Desde principios de 1956, los precios en el mercado mundial del azúcar mejoraron. Al inicio de la crisis del Canal de Suez, en octubre, Cuba ya había exportado más de 4,8 millones de toneladas métricas, de las que 2,2 millones fueron asignadas al mercado internacional. Los precios aumentaron en noviembre, pero en diciembre regresaron a niveles anteriores a la crisis. Este repunte se debió principalmente a la reducción de inventarios por menor producción en Europa y mayor consumo global.

La zafra de 1957
Debido a la escasez de inventarios y el incremento de precios, el Gobierno estableció el volumen de la zafra en 5.667.200 toneladas métricas, cifra superior a las registradas entre 1953 y 1956. La producción total alcanzó 5.673.370 toneladas, lo que representaba un aumento de 900.000 toneladas respecto a la zafra anterior, y generó un crecimiento de 100 millones de dólares en los ingresos por exportaciones.

La zafra de 1958
El Consejo Internacional Azucarero estableció las cuotas básicas en el 100 % como respuesta a la disminución de los excedentes. Como consecuencia de esta medida y de la reducción de los inventarios de azúcar en Cuba, el Gobierno autorizó una zafra de 5.770.200 toneladas métricas. La producción total alcanzó las 5.784.400 toneladas, junto con 79,6 millones de galones de mieles ricas invertidas y siropes, equivalentes a 305.160 toneladas de azúcar crudo.

La industria azucarera en la década de 1950
Durante esta década, la industria experimentó cambios continuos. La compra de numerosos centrales cuyos propietarios eran empresas extranjeras, en su mayoría norteamericanas, por parte de inversores cubanos y empresas mixtas cubano-estadounidenses, tuvo un efecto significativo en la economía nacional. Entre 1940 y 1958, la producción se duplicó sin apenas aumentar el número de centrales, gracias a la modernización de sus instalaciones industriales.
El inicio de la II Guerra Mundial impulsó las siembras de caña, pero, debido a las limitaciones creadas por la guerra, la mecanización de los cultivos se desarrolló lentamente. Al finalizar la guerra, la roturación de las tierras, así como el «tiro», el transporte de la caña cortada hasta su trasbordo a los vagones de ferrocarril que la llevarían al central, se fue mecanizando con mayor rapidez. El corte y alza de la caña no fue mecanizado por la oposición de los sindicatos a disminuir la mano de obra debido a los altos índices de desempleo que persistían.
Los colonos se duplicaron en número durante la nueva expansión azucarera [1940-1952]. En 1939 eran 30.020; al finalizar la zafra de 1952, la membresía ascendía a 62.298.
El aporte de la industria azucarera al desarrollo económico del país en esa nueva etapa de expansión es innegable. Los estimados publicados por el Banco Nacional de Cuba muestran que el ingreso nacional en términos corrientes en 1940 fue 431 millones. Al concluir el año 1958, la cifra ascendía a 2.210 millones.
Otro elemento fundamental en el estado de la economía cubana fue la tasa de formación bruta de capital fijo en el sector privado, que osciló de un 8,6 % del Producto Interno Bruto en 1953 a un 13,2 % en 1958. Esta tendencia alcista en este importante indicador económico demostró la fortaleza del sector privado y su capacidad para seguir incrementando su productividad y crecimiento económico.

Fuente: Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana, Cuba Económica y Financiera, 1960)
  1. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 950. ↩︎
  2. Anuario Azucarero de Cuba (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) p. 92-93. ↩︎
  3.  Gaceta Oficial Extraordinaria No. 70 de 12 de julio 1952.Mencionada en Estudio sobre Cuba. p. 958. ↩︎
  4.  Summary Report on Cuba (Washington: International Bank for Reconstruction and Development, 1948) p. 48 ↩︎
  5. Diario de la Marina (La Habana: 1953). Mencionado en Estudio sobre Cuba p. 963. ↩︎
  6. Anuario Azucarero de Cuba 1959, p. 92-93 ↩︎

La exportación de servicios médicos: esclavitud moderna y dilema económico en Cuba

Por: Miguel Alejandro Hayes

Sistema cuestionable

Prácticamente, Cuba exporta esclavos bajo la figura de “servicios profesionales”. El hecho resulta moralmente cuestionable y merece condena. Por ello, una de las principales líneas de acción de los críticos y opositores al sistema es abogar por la anulación de estos contratos.

Oponerse a ese trabajo esclavo es loable desde el punto de vista humano y una meta imprescindible en una Cuba en democracia. Sin embargo, la abolición inmediata de esta práctica plantea implicaciones económicas que representan un reto enorme para el presente y el futuro del país que merecen atención.

Las cifras

Durante el quinquenio 2018-2022, Cuba exportó entre 4.000 y 6.000 millones de dólares anuales por concepto de servicios «de salud humanos» y «atención social». El esquema es simple: el Gobierno vende a países aliados el trabajo de médicos y otros especialistas, pero menos del 20 % de lo recibido llega a los bolsillos de los profesionales. Vale destacar que dichos trabajadores cubanos también son despojados de sus pasaportes, vigilados y castigados con la prohibición de la entrada al país en caso de desestar. A los efectos, se trata de esclavitud moderna.

Por su parte, las exportaciones de servicios médicos representan entre el 64 % y el 73 % de todos los servicios exportados, y entre el 42 % y el 45 % del total de exportaciones del país (Figura 1). Dichas cifras muestran la magnitud del dilema: eliminar los contratos de manera súbita sería un golpe devastador para una economía ya en crisis.

Figura 1. Elaboración propia con datos de la ONEI

El caso venezolano

Un ejemplo ilustrativo es Venezuela tras las sanciones iniciadas en 2019. La nación sudamericana enviaba a Estados Unidos poco más del 20 % de sus exportaciones totales (la mitad de lo que representan las exportaciones de servicios médicos para Cuba). Con la reducción de esas ventas a cero, el PIB venezolano cayó un 25 % en un solo año, la inversión un 35 % y la inflación escaló a 9.586 %. El resultado fue una crisis humanitaria.

En el caso cubano, la pérdida de los ingresos por servicios médicos provocaría una metacrisis: un colapso adicional sobre un sistema ya colapsado.

Pagar más a los médicos

La alternativa más intuitiva sería sencilla: pagar un porcentaje mayor a los profesionales cubanos. Pero el resultado no sería tan distinto. Con salarios más altos, los médicos tendrían el ingreso más elevado del país, y en un contexto de desconfianza bancaria y ausencia de oportunidades de inversión, buena parte de esas divisas no se reintegraría a la economía cubana. Serían capitales en fuga.

Así se llega a un gran ausente en este debate: la institución bancaria. Sin un sistema financiero confiable que proteja y canalice el dinero hacia consumo e inversión productiva, sin importar el sistema político, cada dólar que entra es un potencial emigrante del circuito económico nacional.

La gradualidad

La abolición radical del trabajo esclavo, aunque justa en lo moral, aún ante un cambio de régimen, sería un tiro en el pie en lo económico. Por eso, otra vía intuitiva sería la gradualidad: reducir los contratos a medida que el sector externo se diversifique con nuevas fuentes de ingresos y que una política bancaria eficiente permita que el dinero fluya dentro del país.

Pero llenar el vacío de 4.000 millones de dólares no es tarea menor. El capital disperso de la diáspora no basta para sostener megaproyectos. Se requiere de una banca (sí, otra vez) de inversión experimentada, capaz de atraer ese capital disperso, así como  fondos adicionales. Además de un cambio de régimen que permita la entrada de entidades financieras extranjeras bajo reglas claras y una clase política en el poder capaz de negociar con esas entidades extranjeras que se asociarían a la inversión y reconstrucción de Cuba.

Un reto por comprender

¿Imposible abolir la esclavitud moderna en Cuba? No. Es un reto aún no comprendido en toda su magnitud, de ahí que el debate necesario todavía no ocupe el lugar que merece en la escena pública, ni tenga todo el rigor científico que requiere.

Después de todo, el castrismo ha dejado la economía destruida. Asumir soluciones fáciles sería, simplemente, contradecir esa realidad. Queda pendiente, para quienes pensamos salidas al callejón sin salida en que se encuentra Cuba, hallar una manera de solucionar el trabajo esclavo sin re-colapsar la economía y sin postergar la eliminación de la esclavitud de los profesionales de la salud de la isla.

¿Cuál es el impacto de las sanciones de USA a Cuba sobre los residentes en la isla?

Análisis de la relación entre ingresos por exportaciones e importación de alimentos en Cuba

Por: Miguel Alejandro Hayes

El núcleo teórico del debate sobre las sanciones de Estados Unidos a Cuba gira en torno a cuánto impactan en la vida de los residentes en la isla. En ese espacio de ideas existen dos posturas extremas, según las cuales las sanciones impactan más a los residentes que al gobierno, o más al gobierno que a los residentes.

Ante estas alternativas básicas, es posible someter los hechos a contraste con datos y evidencia empírica que permitan ofrecer una respuesta ordenada y científica.

Para ello, este trabajo analiza el comportamiento de los ingresos de la economía cubana por exportaciones (X) y su relación con las importaciones de alimentos (Y).

Se seleccionaron las exportaciones totales por ser la mayor fuente anual de divisas brutas del país y, las importaciones de alimentos, por ser el origen de alrededor del 80 % de los alimentos consumidos. Es necesario recordar que las Y son claves para pensar cómo se comportan las condiciones de vida de los residentes en Cuba: a mayor importación de alimentos, mayor oferta y mejores condiciones de vida; a menor importación, un empeoramiento.

Además, este trabajo emplea datos oficiales para el período 2002–2020, presentados en el Gráfico 1.

Gráfico 1. Elaboración propia con datos de la ONEI

La muestra sugiere, como se aprecia en la gráfica, que existe alguna relación entre ambas variables (exportaciones totales e importaciones de alimentos). La estimación por mínimos cuadrados ordinarios (MCO) permite una aproximación lineal al nexo entre ambas variables. Como resultado:


Y = 0.716416 + 0.070202·X, con R² ≈ 0,638.

Por tanto, puede afirmarse que existe correlación lineal estadísticamente significativa entre ambas variables. Así, ante un aumento de los ingresos de la economía cubana (exportaciones, X), mejoran las condiciones de vida de los residentes (aumenta la oferta de alimentos, Y).

Estos resultados no sorprenden; más bien, son intuitivos: más ingresos, mayor mejora. De ello se deriva una implicación política y de política económica respecto de Cuba: facilitar sus ingresos para que mejoren las condiciones de vida de los residentes en la isla.

Sin embargo, otros análisis de los mismos datos sugieren lecturas diferentes. La diferencia entre X y Y aumenta a medida que crece X (Gráfico 2). La estimación por MCO arroja:


Y = −716 415,90 + 0,92979802·X, con R² = 0,9968;


es decir, existe una correlación muy fuerte entre ambas variables.

Gráfico 2. Elaboración propia con datos de la ONEI

La interpretación de estos resultados, en cuanto al tema en cuestión, es que, conforme aumentan los ingresos de la economía cubana (X), en términos absolutos se destina menos a la compra de alimentos (Y). Esto implica que, ante aumentos de ingresos, la propensión es a no ampliar proporcionalmente la compra de alimentos.

Por lo tanto, este segundo análisis niega, al menos como se infería del modelo anterior, que la solución a los problemas de los residentes en Cuba sea aumentar los ingresos vía exportaciones (X). Queda demostrado que esa vía no es la más eficiente (a más ingresos, se destinará proporcionalmente menos a generar oferta importada de alimentos).

Ante esta realidad, sería necesario encontrar, si existe, el punto más eficiente; es decir, cuál es el nivel óptimo entre ingresos por exportaciones e importación de alimentos o, en su defecto, qué es lo mejor que permiten las condiciones actuales.

Sobre esto, la relación entre la variación de X y el porcentaje dedicado a las importaciones (Gráfico 3) se muestra muy débil. Algo que se confirma con la ecuación lineal obtenida mediante MCO: 


Y = 13,5427 − 0,01143·X, con R² = 0,0059; 

es decir, no resulta estadísticamente significativa. Luego, se puede afirmar que no existe correlación lineal entre la variación de ingresos y el porcentaje dedicado a las importaciones. El porcentaje dedicado a la importación de alimentos no depende de la variación de los ingresos por exportaciones.

Gráfico 3. Elaboración propia con datos de la ONEI

Asimismo, el porcentaje de importación de alimentos sobre el total de ingresos por exportaciones ha sido más elevado en los momentos de menores exportaciones totales, y más bajo en los momentos de mayores exportaciones (Gráfico 4).

Gráfico 4. Elaboración propia con datos de la ONEI

Este comportamiento sugiere un fenómeno evidente en las importaciones de alimentos: el estancamiento. En el período observado, las importaciones de alimentos nunca superan los 2,2 mil millones de USD, mientras que no descienden de 1,2 mil millones de USD (especialmente después de 2011).

Aplicando un modelo logístico con asíntotas (para evaluar saturación) se obtiene la siguiente función:


YB = 0,6256 + 1,2176/(1 + exp[−0,4931·(XB − 7,7749)]),
 

donde XB y YB están expresadas en miles de millones de USD.

Esta función resulta estadísticamente significativa al 95 % de confianza (D = 28,95 > χ²{3;0,95} = 7,815). Y su primera derivada respecto a X permite identificar zonas de meseta. 

Para este trabajo se escogió como criterio el 5 % para definir dichas mesetas. Así, se obtuvo una meseta superior a partir de los 16,61 mil millones de USD en exportaciones. Esto significa que un aumento del 1 % en las exportaciones, a partir de esa cifra, se traduce en un aumento del 0,07 % o menos en las importaciones de alimentos. No se identifica una meseta inferior; es decir, a menores ingresos, menor compra de alimentos, sin reducirse la sensibilidad de Y ante X.

Los datos son claros: cuanto menos dinero generan las exportaciones, menos se destina a importar alimentos. Al mismo tiempo, a partir de determinado nivel de exportaciones, aumentos en los ingresos traen cambios casi imperceptibles en las importaciones de alimentos.

Desde el punto de vista del sistema político cubano, los datos son coherentes. El gobierno reduce el bienestar ante la pérdida de ingresos y, ante mejores condiciones económicas, no lo prioriza. Esto se debe, sobre todo, a que la ausencia de mecanismos democráticos deja al gobierno sin incentivos para mejorar las condiciones de vida de los cubanos. Los datos aquí expuestos son un reflejo estadístico de las prioridades de política del sistema.

Por último, en materia de proyecciones, los datos resultan políticamente complejos. Indican que mejorar en exceso las condiciones de la ciudadanía implica mejorar en mayor proporción las arcas del Estado, y que deteriorarlas es deteriorar al ciudadano.

Cualquier posición sobre las sanciones de Estados Unidos a Cuba debería tener en cuenta este tipo de evidencia empírica.

¿Puede resolverse la crisis alimentaria cubana con un aumento de las exportaciones?

El aumento hipotético de las exportaciones ofrecería financiamiento insuficiente para crear una oferta de alimentos que resolviera la actual crisis alimentaria del país.

Por: Miguel Alejandro Hayes

Aumentar las exportaciones, por sí solo, no revertirá la crisis cubana. Incluso bajo un escenario hipotético muy favorable, los resultados serían insuficientes.

Para comprender dicha realidad, es necesario comprender que Cuba importa aproximadamente el 80 % de los alimentos que consume, según la FAO; es decir, el origen de la oferta alimentaria está estructuralmente anclado en el sector externo. Entre 2010 y 2020, el valor de las importaciones de alimentos osciló entre 1,4 y 1,9 mil millones de USD (Gráfico 1). 

(Gráfico 1). Elaboración propia con datos de la ONEI

En términos per cápita, ello equivale a 10–14 USD mensuales (Gráfico 2).

(Gráfico 2). Elaboración propia con datos de la ONEI.

Para poner estas cifras en contexto: República Dominicana, un país de ingreso medio en la región (Gráfico 3), importó unos 40 USD mensuales per cápita en alimentos, lo que representa el 10 % de su consumo alimentario. De ahí se infiere que el valor total del consumo mensual de alimentos en R. D. ronda 400 USD per cápita (sumando producción local e importaciones), mientras que Cuba apenas alcanzó 17 USD.

Gráfico 3. Elaboración propia

De ese contraste se desprende que, para igualar por la vía importadora el nivel de oferta dominicano, Cuba tendría que multiplicar por 23,5 sus importaciones de alimentos. Si lo intentara solo por la producción interna, ésta debería multiplicarse por 141. En un escenario mixto (mitad importaciones/mitad producción local), ambas tendrían que crecer, respectivamente, entre 12 y 71 veces. Pero tales órdenes de magnitud son inverosímiles dadas las condiciones actuales de la economía cubana.

Por otro lado, aun aceptando que un salto hasta el “estado dominicano” es poco realista, vale ilustrar un caso de crecimiento “leve”: supongamos que Cuba eleva sus importaciones de alimentos a 4.000 millones de USD (algo más del doble del nivel de 2020). Incluso así, el gasto per cápita obtenido (30.175 USD) continuaría siendo del orden de una décima parte del dominicano.

Para aproximar la consistencia macroeconómica del escenario antes mencionado, se estimó —vía Mínimos Cuadrados Ordinarios— la relación entre importaciones de alimentos (Y) y exportaciones totales (X) a partir de datos oficiales. El ajuste lineal obtenido fue:

Y = 0.716416 + 0.070202·X, con R² ≈ 0,638,

donde X y Y están expresadas en millones de USD. Esta relación describe, en promedio, cuánto se destina a importar alimentos dado el nivel de ingresos por exportaciones, lo que ofrece un modelo formal para explicar decisiones de política económica en Cuba en materia de abastecimiento de bienes, sobre todo, de primera necesidad.

Bajo esa lógica, para sostener 4.000 millones de USD anuales en importaciones de alimentos, Cuba requeriría de 46.773,369 millones de USD en exportaciones totales. Ello equivale a duplicar el mejor registro del siglo (2012: 18,7 mil millones de USD) y a quintuplicar el volumen de 2020 (8.769 millones de USD).

En síntesis: aun duplicando su récord exportador, Cuba seguiría con una oferta alimentaria per cápita unas diez veces menor que la de un país de ingreso medio de la región. 

Conclusión: apostar por una mayor inserción externa y el aumento de exportaciones (lo que incluye, también, cualquier escenario hipotético sin sanciones de USA) como estrategia para  revertir la miseria y el déficit alimentario que aquejan a la isla es seleccionar una solución insuficiente y prácticamente imposible de lograr en los marcos del sistema económico cubano. 

La industria azucarera cubana: el abastecedor confiable en tiempos de guerra

Por: Francisco Díaz Pou

Al inicio de la II Guerra Mundial, en septiembre de 1939, la industria azucarera cubana estaba emergiendo de la crisis económica que había amenazado su existencia a principios de esa década. Tanto la dirigencia de la industria como el sector público habían sido capaces de iniciar un proceso de reorganización que permitió enfrentar los retos, tanto nacionales como internacionales, que surgieron en esa época.

La recuperación de Cuba en su rol de suministrador confiable de azúcar

Al inicio de la guerra, se produjo una desarticulación del comercio internacional azucarero y de inmediato se sintieron sus efectos en las exportaciones cubanas. En 1940, Cuba solo pudo exportar un 75 % del volumen que había logrado el año anterior. Aparte de perder mercados europeos, las exportaciones declinaron por la disminución del tráfico comercial marítimo debido a la inseguridad en los océanos.
La zafra de 1941 se redujo a 2 480 125 toneladas métricas, la producción más baja desde 1912, exceptuando la crisis de 1933-1934. Una sexta parte del monto requerido para financiar la zafra se obtuvo por medio de un préstamo concertado con el Export-Import Bank, entidad del Gobierno de los EE. UU.
El Instituto Cubano de Estabilización del Azúcar [ICEA], al ser reorganizado en 1941, se le otorgó la función de vendedor único, incluyendo las mieles producidas. Con estos poderes, el ICEA negoció la venta global de la zafra de 1942 con los EE. UU. Esta transacción facilitó una rebaja arancelaria al azúcar crudo y refino cubano que entró en efecto ese año.
La venta global de la zafra a los EE. UU. tuvo sus detractores entre algunos de los hacendados; ellos planteaban que el precio acordado de 2.65 centavos de dólar la por libra en puerto de Cuba para los azúcares crudos era muy bajo. La producción total en términos de azúcar crudo fue de 4 096 735 toneladas métricas. El valor estimado total de la zafra de 1942 fue de 255,9 millones de pesos, el doble de la de 1941, cuyo valor estimado fue de 127,8 millones, y la molienda se prolongó por 99 días, comparada con la del año anterior, que fue de solo 64 días1.
La producción total de la zafra de 1943 fue de 2 930 000 toneladas métricas en términos de azúcar crudo. Los EE. UU. solo compraron 2 450 000 toneladas y la exportación a otros países fue de alrededor de 275 000 toneladas. Además, se separaron 205 000 toneladas para el consumo interno del país. El resultado de la variación en la política de compras de los organismos estatales norteamericanos fue un descenso en las siembras programadas, lo que produjo en años posteriores una disminución de la caña disponible.
La venta de la producción azucarera de 1944 se negoció siguiendo los mismos términos del año precedente, el único cambio fue el volumen de la transacción. La adquisición inicial fue por 4 121 000 toneladas métricas. En abril de ese año, el ICEA vendió a los EE. UU. otras 800 000 toneladas métricas de azúcar en forma de mieles ricas, así como 65 millones de galones de mieles finales de las zafras de 1943 y 1944. La producción total en términos de azúcar crudo fue de 5 149 000 toneladas métricas en 111,6 días de molienda.
El resultado de la zafra de 1945 en términos de producción fue muy diferente a la del año anterior. El ICEA, al momento de asignar las cuotas a los centrales, anunció que la zafra ascendería a 4 121 600 toneladas métricas. Lamentablemente, debido a las adversas condiciones del clima, la sequía luego del paso de huracanes el año anterior, y la disminución de las siembras causada por la reducción de las compras por los EE. UU. en 1943, la producción total en términos de azúcar solo alcanzó 3 550 0000 toneladas.
El contrato de venta de azúcar de la zafra de 1945 estipuló que, con la excepción de 257 000 toneladas métricas destinadas al consumo interno y 155 000 toneladas que el ICEA emplearía para ventas a otros países, los EE. UU. tomarían el resto de la producción. Además, se le vendieron 70 millones de galones de mieles finales al mismo precio de 13,6 centavos del año anterior y 20,5 millones de galones de alcohol a 65 centavos el galón. El precio del azúcar crudo fue de 3,1 centavos la libra (FOB), un aumento de 45 céntimos de centavo sobre los precios vigentes en contratos anteriores. Durante la negociación del contrato, la delegación cubana introdujo una cláusula por la cual se vinculaba el precio del azúcar vendido con el índice del costo de la vida en los EE. UU. Esta cláusula fue incorporada en los contratos de venta de azúcar cubano en los EE. UU. en años subsiguientes.
El Gobierno cubano decretó, a principios de 1945, el aumento de un 20 % de los jornales devengados en 1944 en el sector industrial azucarero, y en 10 % los correspondientes a las labores agrícolas. Además, se efectuó el pago a los obreros del “diferencial” producido por la elevación de los precios de venta del azúcar. También los colonos incrementaron sus ingresos con las alzas de los precios de venta de las mieles finales. Todo esto, unido a una reactivación de la atención a los cañaverales, produjo un incremento sustancial en la actividad económica en el país.

Posición dominante del azúcar cubano en los años de la posguerra

Cuba demostró su capacidad productora y se convirtió en la abastecedora confiable de azúcar tanto a los Aliados como al resto de los mercados internacionales durante el conflicto mundial que había concluido. El 16 de febrero de 1946 se firmó el contrato de venta de las zafras de 1946 y 1947 por un importe de cerca de mil millones de dólares. La venta de estas dos zafras permitió que la industria mantuviera los niveles de producción alcanzados en años anteriores, y le proporcionó un gran impulso y solidez a la economía del país. Una de las razones que se argumentó en favor de esta transacción fue que los precios de venta estaban vinculados al costo de la vida en los EE. UU., de esta forma, Cuba se protegía de los aumentos de precios de los artículos de consumo directo, en su mayoría alimentos, que el país importaba desde los Estados Unidos.
En el verano de 1947, los EE. UU. suprimieron el racionamiento del azúcar impuesto al principio de la guerra; como resultado, las compras globales iniciadas en 1942 dejaron de realizarse y el mercado libre recuperó su primacía. Al eliminarse la participación del Estado, una nueva ley azucarera que regulaba el mercado entró en vigor en enero de 1948.
Cuba había suministrado como promedio anual el 44,6 % del consumo total de azúcar desde 1942 hasta 1947. Durante el proceso legislativo que creó la nueva ley azucarera norteamericana, los intereses de los productores domésticos primaron en las negociaciones. Las cuotas internacionales eran la diferencia entre el consumo total y las cuotas domésticas más la cuota de Filipinas. A Cuba se le asignó el 98,64 % de la cuota internacional. Además, la ley estipulaba que a Cuba se le garantizaba un mínimo del 28,6 % del consumo total y el derecho a abastecer el 95 % de los déficits incurridos, lo que le permitía exportar cantidades adicionales de azúcar a lo largo del año2. Las nuevas cuotas impuestas por la ley de 1948 ayudaron a Cuba a recuperar paulatinamente el mercado norteamericano, superando las legislaciones de 1934 y 1937 que habían impuesto altos aranceles a las importaciones de azúcar cubano.
Además del acceso al mercado de consumo norteamericano que la ley de 1948 le confirió a Cuba, la Commodity Credit Corporation, la entidad del gobierno estadounidense que durante la Guerra Mundial compraba el azúcar cubano, continuó adquiriéndola para distribuirla a la población y a sus fuerzas armadas en zonas ocupadas en Europa y Asia o a países beneficiarios de los programas de Asistencia Exterior o del Plan Marshall. De octubre de 1947 a febrero de 1949, alrededor de 1 388 000 toneladas métricas fueron vendidas por Cuba para esos destinos.

El papel fundamental de la industria azucarera en la economía cubana

El Gobierno de Cuba, en 1947, le solicitó al recién creado Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [BIRF], del que era miembro, que realizara una evaluación de la economía nacional3. En el informe preparado por el banco al finalizar su misión se destacó que, aunque en los últimos veinte años se habían realizado esfuerzos sinceros en dirección a la diversificación de la economía cubana, el azúcar y sus productos derivados — mieles, siropes y alcohol — eran del 70 al 80 por ciento del total de las exportaciones del país y su contribución al ingreso nacional era del 25 al 30 por ciento.
Según el informe del BIRF4, la dependencia en el azúcar había causado fluctuaciones económicas en extremo severas, como lo ocurrido en las dos décadas previas. Sin embargo, el desarrollo técnico de la industria azucarera y su eficiencia lograron que el país alcanzara el más alto nivel de vida en América Latina en unión de la Argentina y el Uruguay. También, señalaba que los estimados de las Naciones Unidas del ingreso nacional y su correspondiente per cápita en 1946 eran 1.230 millones y 245 dólares, respectivamente. La balanza comercial (exportaciones-importaciones) mostraba, según el informe del BIRF, un superávit acumulado de 1 166 millones de dólares en el periodo 1941-1947, lo que le permitió mantener su endeudamiento externo en solo 103,6 millones de dólares en 1947.
Al término de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el país había superado la crisis de la Gran Depresión y se preparaba institucionalmente para reactivar el desarrollo diversificado de su economía.

Notas

  1.  Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) págs. 92 y 93.
    ↩︎
  2. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 947. ↩︎
  3.  Summary Report on Cuba (Washington: International Bank for Reconstruction and Development, 1948) p. 9. ↩︎
  4. El BIRF es el fundador de lo que conocemos como Grupo Banco Mundial. Cuba era miembro de esa entidad hasta que Fidel Castro, en su infinita ignorancia en temas económicos, retiró la participación de Cuba en 1960. En la actualidad Cuba es el único país de las Américas que no es miembro del Grupo Banco Mundial. ↩︎

¿Dónde estaría Cuba si no se hubiese invertido tanto en hoteles?

Por: Miguel Alejandro Hayes

Cuba no estaría mucho mejor si las inversiones del empresariado militar cubano hubiesen ido a sectores distintos del turismo. En el mejor de los casos posibles, la isla seguiría formando parte del selecto grupo de los países más pobres de la región.

No se conoce con exactitud el monto total de inversiones hoteleras de Cuba. Lo que sí se sabe es el equivalente contable de toda esa inversión en CUP, pero no la cantidad real de divisas ejecutadas.

Sin embargo, teniendo en cuenta que, entre 1997 y 2017, todos los hoteles 5 estrellas del país fueron construidos por la misma empresa extranjera; que esta declara haber levantado 22 hoteles, y que cada uno puede costar entre 100 y 500 millones de USD, se puede estimar que el monto total de la inversión hotelera asciende a varios miles de millones de dólares.

Según una opinión generalizada entre expertos, analistas y activistas cubanos, ese dinero pudo haberse destinado a otros fines. La idea implícita es que Cuba estaría en mejor situación si no se hubiera invertido en hoteles y sí en otros sectores más rentables.

Para analizar si esta hipótesis se sostiene desde el punto de vista económico, y con fines ilustrativos, se puede suponer —de manera sobreestimada— una inversión hotelera total de 25 000 millones de USD durante un período de 25 años (2000-2024), a razón de 1 000 millones por año.

Surge entonces la pregunta: ¿dónde estaría la economía cubana hoy si, a inicios de siglo, el régimen hubiera dirigido esos fondos a sectores con mayor rentabilidad y reinvertido todas las ganancias en una política de crecimiento eficaz? Incluso, ¿qué habría pasado si la inversión hotelera hubiera sido exitosa?

Bajo estos supuestos, es necesario agregar una tasa de rentabilidad y un patrón de reinversión. Para construir el mejor escenario posible, se toma como referencia un rendimiento del 14,3 % (rentabilidad media de inversiones en EE. UU. disponibles para reinversión), destinando cada año el total de beneficios nuevamente a la economía.

El resultado sería que, además del crecimiento real observado en el período, la economía cubana habría sumado unos 23 723 millones de USD adicionales (Tabla 1), una cifra que supera el tamaño actual del PIB del país.

Tabla 1. Elaboración propia.

Si se toma la estimación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) —que sitúa el PIB per cápita cubano en 1369 USD y es inferior a la realizada en el Caribbean Basin Research Institute—, el PIB total actual estaría por debajo de los 40 000 millones de USD, mientras que el ingreso per cápita rondaría los 3492 USD. Esto mantendría a Cuba entre las cinco economías más pobres de la región (Tabla 2).

Tabla 2. Elaboración propia con datos oficiales y resultados del modelo económico.

En el mejor escenario posible, con inversiones óptimas equivalentes a las de un país desarrollado, la economía cubana apenas se habría duplicado y seguiría en la parte más baja del escalafón regional. Dicho de otro modo: ni bajo supuestos extremadamente favorables, Cuba estaría bien solo por haber cambiado el destino de la inversión.

A largo plazo, si el proceso hipotético hubiera comenzado en el año 2000, y con los rendimientos casi imposibles aquí utilizados, el país no llegaría a los niveles actuales de ingreso per cápita de República Dominicana —octava economía de la región— hasta llegado el año 2035 (Gráfico 1).

Gráfico 1. Elaboración propia a partir de los modelos económicos de este material.

Podría pensarse que este plazo se reduciría aumentando el monto de inversión inicial. No obstante, aunque la lógica es válida, esto solo sería posible si la economía cubana tuviese una alta productividad, algo que no ocurre: no existe en la isla un sector con la capacidad productiva necesaria. Sin esta, no importa el capital invertido, no habrá resultados.

Por tanto, el problema no radica ni siquiera en el sector elegido para invertir, sino en que los niveles de riqueza generados por el sistema y su capacidad productiva son insuficientes para salir de la franja de las economías más pobres. Ni siquiera si la inversión hotelera hubiera funcionado plenamente se habrían alcanzado montos y productividad suficientes para cambiar la posición de Cuba en la región.

En consecuencia, los problemas de la economía cubana no son solo cuestión de elección de política económica (política de inversión). Insistir en culpar a las decisiones puntuales y no a la propia imposibilidad estructural del sistema es, al mismo tiempo, un error político y una falta de rigor analítico.