Por: Miguel Alejandro Hayes
Aumentar las exportaciones, por sí solo, no revertirá la crisis cubana. Incluso bajo un escenario hipotético muy favorable, los resultados serían insuficientes.
Para comprender dicha realidad, es necesario comprender que Cuba importa aproximadamente el 80 % de los alimentos que consume, según la FAO; es decir, el origen de la oferta alimentaria está estructuralmente anclado en el sector externo. Entre 2010 y 2020, el valor de las importaciones de alimentos osciló entre 1,4 y 1,9 mil millones de USD (Gráfico 1).

En términos per cápita, ello equivale a 10–14 USD mensuales (Gráfico 2).

Para poner estas cifras en contexto: República Dominicana, un país de ingreso medio en la región (Gráfico 3), importó unos 40 USD mensuales per cápita en alimentos, lo que representa el 10 % de su consumo alimentario. De ahí se infiere que el valor total del consumo mensual de alimentos en R. D. ronda 400 USD per cápita (sumando producción local e importaciones), mientras que Cuba apenas alcanzó 17 USD.

De ese contraste se desprende que, para igualar por la vía importadora el nivel de oferta dominicano, Cuba tendría que multiplicar por 23,5 sus importaciones de alimentos. Si lo intentara solo por la producción interna, ésta debería multiplicarse por 141. En un escenario mixto (mitad importaciones/mitad producción local), ambas tendrían que crecer, respectivamente, entre 12 y 71 veces. Pero tales órdenes de magnitud son inverosímiles dadas las condiciones actuales de la economía cubana.
Por otro lado, aun aceptando que un salto hasta el “estado dominicano” es poco realista, vale ilustrar un caso de crecimiento “leve”: supongamos que Cuba eleva sus importaciones de alimentos a 4.000 millones de USD (algo más del doble del nivel de 2020). Incluso así, el gasto per cápita obtenido (30.175 USD) continuaría siendo del orden de una décima parte del dominicano.
Para aproximar la consistencia macroeconómica del escenario antes mencionado, se estimó —vía Mínimos Cuadrados Ordinarios— la relación entre importaciones de alimentos (Y) y exportaciones totales (X) a partir de datos oficiales. El ajuste lineal obtenido fue:
Y = 0.716416 + 0.070202·X, con R² ≈ 0,638,
donde X y Y están expresadas en millones de USD. Esta relación describe, en promedio, cuánto se destina a importar alimentos dado el nivel de ingresos por exportaciones, lo que ofrece un modelo formal para explicar decisiones de política económica en Cuba en materia de abastecimiento de bienes, sobre todo, de primera necesidad.
Bajo esa lógica, para sostener 4.000 millones de USD anuales en importaciones de alimentos, Cuba requeriría de 46.773,369 millones de USD en exportaciones totales. Ello equivale a duplicar el mejor registro del siglo (2012: 18,7 mil millones de USD) y a quintuplicar el volumen de 2020 (8.769 millones de USD).
En síntesis: aun duplicando su récord exportador, Cuba seguiría con una oferta alimentaria per cápita unas diez veces menor que la de un país de ingreso medio de la región.
Conclusión: apostar por una mayor inserción externa y el aumento de exportaciones (lo que incluye, también, cualquier escenario hipotético sin sanciones de USA) como estrategia para revertir la miseria y el déficit alimentario que aquejan a la isla es seleccionar una solución insuficiente y prácticamente imposible de lograr en los marcos del sistema económico cubano.
