Por: Francisco Díaz Pou
El arroz en la dieta cubana: historia y transformación
El arroz es un alimento fundamental en la dieta de los cubanos desde los tiempos coloniales. Su presencia cotidiana no solo perdura, sino que también refleja la importancia que ocupa en la cultura y en los hábitos alimentarios de la población.
Producción y consumo de arroz en el siglo XIX
De acuerdo con Don Ramón de la Sagra, en 1830 la Isla de Cuba produjo 520 897 arrobas de arroz, equivalentes a unas 5 990 toneladas métricas. Esta producción continuó en ascenso, alcanzando en 1862 la cifra de 1 747 474 arrobas (unas 8 596 toneladas métricas).1
A pesar de este crecimiento, durante esa época se importaron grandes volúmenes de arroz —alrededor de 900 000 arrobas (10 350 toneladas métricas)— provenientes de España, Filipinas y los Estados Unidos. La dependencia de las importaciones se debía, principalmente, a las limitaciones tecnológicas de la producción local: la falta de equipos para descascarar el arroz provocaba que el producto nacional llegara al mercado partido y sucio, por lo que su consumo quedaba restringido a las zonas rurales.
Importaciones y cambios en el siglo XX
Durante las primeras décadas del siglo XX, Cuba continuó importando arroz, esta vez principalmente desde países asiáticos como India, Birmania, Tailandia e Indonesia, que dominaban el mercado cubano gracias a la competitividad de sus precios.
Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial alteró drásticamente esta dinámica comercial. A partir de ese momento, los Estados Unidos —debido a su proximidad geográfica y al Tratado de Reciprocidad Comercial firmado en 1934, que otorgaba al arroz norteamericano un tratamiento arancelario preferencial a cambio de un trato similar para el azúcar cubano— se convirtieron en los principales proveedores de arroz para Cuba. Así, las importaciones de arroz estadounidense pasaron de 9 200 toneladas métricas en 1937 a 138 000 en 1940.
Políticas de estímulo a la producción nacional y limitaciones técnicas
La Reforma Arancelaria de 1927 representó una medida moderada pero significativa, al favorecer el inicio del proceso de industrialización en el país. Con el propósito de estimular la producción nacional, el gobierno comenzó a distribuir semillas mejoradas y puso en marcha un programa de asistencia técnica dirigido a los cosecheros. Además, facilitó la venta de máquinas para el descascarado del arroz. En 1940 existían en Cuba cinco grandes molinos arroceros y alrededor de doscientos de menor capacidad.
A pesar de estos esfuerzos, la producción nacional continuó siendo insuficiente. La escasa utilización de sistemas de irrigación y la falta de métodos modernos de cultivo limitaron el desarrollo pleno del sector. Asimismo, la ausencia de una política de crédito agrícola dificultaba la expansión de este cultivo, que requería altos niveles de capital de trabajo.
En 1939, un total de 5 274 cosecheros produjeron 15 371 toneladas métricas en 11 201 hectáreas, con un rendimiento de 1,37 toneladas por hectárea2.
El camino hacia el autoabastecimiento
El camino hacia el autoabastecimiento de arroz en Cuba fue largo y estuvo marcado por persistentes desafíos estructurales y económicos. La creciente demanda interna impulsó políticas orientadas a reducir la dependencia de las importaciones, promoviendo la inversión en infraestructura y tecnología agrícola. Este proceso exigió coordinación entre diversos actores estatales y privados, así como la implementación gradual de soluciones innovadoras para optimizar la producción y distribución del arroz nacional.
En 1947, Cuba participó en Ginebra junto a otros 22 países en la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Según sus disposiciones, cada país otorgó el trato de “nación más favorecida” a los demás integrantes. Gracias a las negociaciones, las importaciones de arroz desde los EE. UU. se limitaron a 150 000 toneladas métricas anuales, lo que permitió fomentar la producción nacional sin la competencia desleal del producto extranjero.
En 1948, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Grupo del Banco Mundial) realizó un estudio económico a solicitud del gobierno cubano, en el que señalaba la necesidad de crear instituciones financieras paraestatales destinadas a atender las necesidades crediticias de la agricultura nacional.
El 20 de diciembre de 1950 entró en vigor la Ley No. 5, titulada “Sobre el Fomento Agrícola e Industrial de Cuba”, mediante la cual se creó el Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC). Los historiadores económicos de la época consideran la creación del BANFAIC como la institución más novedosa y relevante del sistema agrario cubano desde la promulgación de la Ley de Coordinación Azucarera de 19373, que reorganizó y modernizó la industria azucarera.
El BANFAIC fue una entidad autónoma del Estado fundada con el objetivo de “crear, fomentar y mantener las facilidades financieras necesarias para el desarrollo y diversificación de la producción” agrícola e industrial, principalmente a través del crédito bancario4.
Desde su creación, el BANFAIC prestó gran atención al aumento de la producción arrocera. Instituyó programas de asistencia técnica, otorgó créditos a empresarios agrícolas e impulsó la instalación de sistemas de riego y la adquisición de equipos para el cultivo mecanizado. Además, financió la construcción de silos y almacenes, y junto a la Comisión Ejecutiva Nacional de Cooperativas Agrícolas y Mineras (CENCAM) promovió la perforación de pozos y el aprovechamiento de aguas superficiales en diversas regiones del país.
El 27 de enero de 1955, mediante la Ley-Decreto No. 2026, se creó la Administración de Estabilización del Arroz, cuyo objetivo era evitar las fluctuaciones de los precios internos del producto.
Antes del BANFAIC, en 1947, la producción de arroz descascarado, pulido y limpio fue de 38 456 toneladas métricas; en 1956 ascendió a 169 878, un aumento del 341,7 % en seis años5.
Al inicio de la expansión del cultivo, los cosecheros carecían de variedades resistentes y enfrentaron plagas y enfermedades propagadas por insectos. Además, la falta de herbicidas selectivos limitó el rendimiento por hectárea6. Aun así, los resultados fueron muy favorables. Según el Statistical Yearbook de las Naciones Unidas7, en 1957 Cuba ocupaba el tercer lugar en América Latina, después de Brasil y Colombia, en producción de arroz.
El autoabastecimiento: una meta inalcanzable
A finales de la década de 1950 se estimaba que, de mantenerse los ritmos de crecimiento, Cuba podría alcanzar el autoabastecimiento a mediados del decenio siguiente.
Lamentablemente, ocurrió lo contrario. Tras el triunfo de la Revolución en 1959, el régimen inició las confiscaciones de fincas arroceras y rompió los vínculos comerciales y tecnológicos con los EE. UU., lo que interrumpió el suministro de equipos e insumos esenciales.
En marzo de 1960 se eliminó el BANFAIC, privando a los agricultores del acceso al crédito y la asistencia técnica. El Instituto Nacional de la Reforma Agraria se convirtió en el instrumento de colectivización del sector agropecuario, proceso que se consumó a finales de ese año, desarticulando el sistema productivo del país. La producción nacional cayó de 169 878 toneladas métricas en 1956 a solo 36 080 en 19658.
Ante la crisis, Fidel Castro desvió recursos financieros —manu militari— hacia la reconstrucción de la industria arrocera. Se construyeron unas 135 presas, muchas destinadas al riego de zonas arroceras, y se adquirieron más de 2 000 tractores y cosechadoras del “campo socialista”. También se ampliaron secaderos y almacenes. La producción aumentó considerablemente, y en 1989 se estimó en unas 350 000 toneladas de arroz limpio y pulido. Sin embargo, pese a estos esfuerzos y al sacrificio de otros sectores, el autoabastecimiento no se alcanzó.
Con la desaparición de la Unión Soviética y sus aliados europeos, el flujo de insumos se redujo drásticamente. En 1991, el régimen anunció un Programa Alimentario para enfrentar la crisis, pero no logró implementarlo por falta de financiamiento externo. Entre 1989 y 2000, la producción de arroz cayó un 43%, y el rendimiento agrícola descendió a menos de 3 toneladas por hectárea9.
Durante la segunda década del siglo XXI, el régimen declaró en dos congresos del Partido Comunista su intención de cumplir los programas de producción de varios artículos, entre ellos el arroz, pero tales metas nunca se alcanzaron.
La paralización casi total de la economía durante la pandemia de 2020 agravó la crisis del sector agropecuario. Según datos oficiales, en 2018 la cosecha de arroz mostraba signos de recuperación: se sembraron 133 716 hectáreas y se produjeron 302 000 toneladas métricas de grano limpio y pulido (listo para el consumo)10. Sin embargo, el reporte de la ONEI de 2023 registró solo 38 500 toneladas, con 29 953 hectáreas sembradas y un rendimiento de 1,96 toneladas por hectárea. La producción se redujo un 87 % entre 2018 y 202311.
El arroz, componente esencial de la dieta cubana, tuvo en 1958 un consumo total de 339 000 toneladas métricas, equivalente a 122 libras per cápita12. La producción nacional cubría el 46 % de la demanda (56 libras per cápita); el resto era importado. En 2023, la producción nacional fue de apenas 8 libras per cápita.
Las propias estadísticas oficiales demuestran, una vez más, que el sistema impuesto por el terror hace más de seis décadas es incapaz de alimentar al pueblo cubano.
Notas
- de la Sagra, Ramón, Historia Económica – Política y Estadística de la Isla de Cuba (La Habana: Imprenta de las Viudas de Arazoza y Soler, 1831) p. 125 ↩︎
- Censo de la República de Cuba de 1943. Citado en Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 690 ↩︎
- Nova González, Armando, El crédito agrícola y su desempeño en el fomento y desarrollo de la producción agrícola. Antes de 1950 (La Habana: Universidad de La Habana) ↩︎
- Castro Ferragut, El Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC). Su génesis, características y desarrollo (Washington DC, 1995). ↩︎
- Resúmenes Estadísticos Seleccionados (La Habana: Ministerio de Hacienda, 1959). Citado en Estudio sobre Cuba. ↩︎
- Abreu, Ernestino y Sotolongo, Raúl, El arroz en Cuba: Presente y Futuro en Desarrollo Agrícola en Cuba (Miami, Colegio de Ingenieros Agrónomos y Azucareros, 1992). P. 154. ↩︎
- Statistical Yearbook (New York: United Nations, 1959). Citado en Estudio sobre Cuba. ↩︎
- Figueras, Miguel Alejandro, El arroz en la Economía y Sociedad Cubana (La Habana, Cuba y la Economía, 2016). ↩︎
- Figueras, Miguel Alejandro, El arroz en la Economía y Sociedad Cubana. ↩︎
- Anuario Estadístico de Cuba 2022, Cap. 9 (La Habana: Oficina Nacional de Estadística e Información [ONEI]. ↩︎
- Anuario Estadístico de Cuba 2023, Cap. 9 (La Habana: Oficinal Nacional de Estadística e Información [ONEI]. ↩︎
- Memoria del Banco Nacional de Cuba 1957-58. Citado en Estudio sobre Cuba. pág. 1053. ↩︎
