La industria azucarera fue el elemento fundamental en la etapa de desarrollo diversificado de la economía cubana

Por: Francisco Díaz Pou

El auge del sector azucarero en los años cuarenta
Durante la década de 1940, la economía cubana estuvo fuertemente impulsada por el crecimiento de la industria azucarera, que se consolidó como la principal fuente de exportaciones. Esta prosperidad se tradujo en una mayor actividad comercial y en la intensificación de relaciones con mercados internacionales, especialmente los Estados Unidos. Así, Cuba logró posicionarse como uno de los principales exportadores de azúcar a nivel mundial, lo que benefició su balanza comercial y favoreció el desarrollo de políticas orientadas a la estabilidad económica.

Superávit comercial y dependencia del azúcar
En este periodo, la balanza comercial de Cuba mostró un saldo positivo, con un superávit de 1.418 millones. El azúcar y sus derivados representaban el 75 % de las exportaciones en 1940, incrementándose al 89 % para 1949. Este aumento evidencia la creciente dependencia de la economía cubana respecto a la industria azucarera.

Transformaciones en el mercado internacional y políticas conservadoras
Después de la Segunda Guerra Mundial, la reactivación de la producción azucarera en otros países provocó una caída en los precios internacionales del azúcar. Ante este contexto, Cuba adoptó políticas conservadoras que, en determinados años, limitaron la magnitud de las zafras.
El Instituto Cubano de Estabilización del Azúcar (ICEA), que anteriormente gestionaba la venta de las zafras, pasó a desempeñar un papel asesor en la política azucarera tanto para el gobierno como para la industria. Además, el gobierno encargó al ICEA la administración de la «reserva especial», creada para mantener el precio del azúcar en niveles razonables en el mercado internacional

Distribución de la zafra de 1950
Al iniciar la zafra de 1950, el gobierno cubano estableció por decreto la producción estimada y su distribución:
-Estados Unidos: 2.679.000 toneladas métricas
-Otros países: 953.120 toneladas métricas
-Consumo local: 231.880 toneladas métricas
Cuota especial: 1.030.400 toneladas métricas
La producción total estimada fue de 4.894.300 toneladas métricas; sin embargo, la zafra superó ese cálculo, alcanzando 5.557.504 toneladas métricas en 102 días de zafra1. Este crecimiento fue posible porque, entre 1944 y 1952, el gobierno no impuso restricciones a la producción azucarera.

Impacto de la Guerra de Corea en la industria azucarera
El 25 de junio de 1950, con el inicio de la Guerra de Corea y ante la posibilidad de una guerra mundial, los precios del azúcar abandonaron la tendencia bajista y experimentaron un repunte, lo que favoreció el incremento de ventas tanto al mercado estadounidense como a otros países, principalmente europeos. El ICEA liberó gran parte de los inventarios de la Cuota Especial para responder a la extraordinaria demanda internacional.
En 1951, la industria azucarera cubana produjo 5.787.450 toneladas métricas en términos de azúcar crudo [azúcar y mieles], en una zafra de 107 días. El precio promedio en almacén público en puerto cubano fue de 5,082 centavos por libra, el segundo más alto del siglo XX; solo superado por el récord de 1920, durante la «danza de los millones». El valor estimado de la zafra de 1951 fue de 716,5 millones2. A fines de 1951, el inventario de azúcar era 296.340 toneladas métricas, pero una gran parte estaba vendida y pendiente de embarque a sus compradores internacionales.
El incremento en los precios de venta del azúcar y las mieles generó una notable circulación de efectivo en el país, resultado del pago del denominado «diferencial» a los trabajadores azucareros y del aumento en la participación de los colonos por la comercialización de mieles. Los trabajadores recibieron la diferencia entre el precio estimado de la libra de azúcar utilizado para calcular sus salarios al inicio de la zafra y el precio final al que se vendió la totalidad de la producción.

La zafra de 1952
El éxito de la zafra de 1951 favoreció el aumento en la siembra, cultivo y mejora de los cañaverales mediante fertilización y riego. Estas acciones, iniciadas en 1950, facilitaron una amplia disponibilidad de caña para la zafra de 1952. Sin embargo, en marzo de 1952, el Consejo Internacional Azucarero previó que para agosto habría un excedente mundial de 1,5 millones de toneladas métricas de azúcar.
En abril, los precios de la libra de azúcar en el mercado mundial estaban en 4,25 centavos de dólar (libre a bordo). En esos momentos, se escuchaban opiniones sobre la posibilidad de restringir la producción de la próxima zafra de 1953.
Durante la zafra, la producción superó los estimados iniciales de 6,08 millones de toneladas métricas en aproximadamente un millón de toneladas. La producción total, en términos de azúcar crudo [azúcar y mieles], fue de 7.260.770 toneladas métricas. En la zafra participaron 161 centrales a lo largo de 132 días, con un promedio de rendimiento industrial del 12,463 %.
Frente a la crisis, el Gobierno constituyó un Comité de Ventas para administrar los azúcares incluidos en la Cuota Especial, inicialmente establecida en 1.283.250 toneladas métricas. Dicho comité lo integraban representantes de los hacendados, colonos y un delegado del gobierno. En junio, el precio del azúcar cayó a 4,05 por libra, lo cual puso de manifiesto que el Comité de Ventas no estaba alcanzando las metas establecidas. A fines de ese mes, el Consejo Internacional Azucarero informó que sus proyecciones indicaban un excedente en el mercado libre mundial de 2.385.000 toneladas métricas al concluir agosto.
El 8 de julio de 1952, el gobierno promulgó la Ley-Decreto n.º 224, la cual dispuso, conforme a las recomendaciones provenientes del sector azucarero y con el respaldo de organizaciones laborales, el retiro del mercado de 1.803.200 toneladas métricas de azúcar. Esta operación fue financiada por el Banco Nacional de Cuba, actuando la banca comercial del país como intermediaria financiera en el proceso3.


Desde su fundación en 1950, el Banco Nacional de Cuba había influido decisivamente en la política monetaria nacional. Defendía ampliar las ventas de azúcar al exterior usando crédito o triangulación comercial para acceder a mercados de moneda blanda, imposibles para transacciones en dólares u otras monedas fuertes. Tras negociaciones con Francia, en 1952 se firmó un convenio que permitió a entidades privadas francesas comprar 200.000 toneladas de azúcar cubano para terceros países, pagando un 30 % en dólares y 70 % en francos franceses; estos francos serían usados por Cuba para pagar importaciones de productos franceses.

La zafra de 1953
La producción récord de 1952 marcó el final de la expansión azucarera cubana iniciada durante la II Guerra Mundial. El Gobierno estableció la zafra de 1953 en 5.152.000 toneladas métricas y creó fondos de protección para pequeños colonos y unidades industriales [centrales] pequeñas.
En 1952, la retirada de 1,8 millones de toneladas métricas del mercado contó con el respaldo de hacendados, colonos y organizaciones sindicales. Sin embargo, ciertos sectores de la industria azucarera manifestaron su desacuerdo ante la restricción de la zafra propuesta para 1953, abogando por la libre competencia y una estrategia de ventas internacionales más dinámica. Además, se plantearon desafíos relacionados con las condiciones salariales.

El ajuste salarial de 1953
La II Guerra Mundial produjo presiones inflacionarias que surtieron su efecto en Cuba. Según datos publicados en 1948 por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [Grupo Banco Mundial], la tasa de inflación acumulada de los precios de los alimentos en el periodo 1941-1948 era de un 162%4. Ante esta situación, el Gobierno congeló los salarios de los trabajadores azucareros a un nivel más alto basado en los precios de venta de los azúcares obtenidos en la zafra de 1947. Los salarios se mantuvieron congelados hasta 1953.
Previo al inicio de la zafra, los hacendados manifestaron que, junto con la restricción de la producción, resultaba imprescindible adecuar los salarios, las condiciones laborales y los costos generales conforme al precio vigente del azúcar; de lo contrario, la industria podría volverse inviable. Por su parte, los colonos señalaron el incremento en un 20 % de los costos laborales derivados de los beneficios implementados en la década precedente —incluyendo un aumento salarial del 10 %, el reconocimiento del 9,09 % por Descanso Retribuido, el pago de 48 horas por 44 trabajadas, prestaciones por Maternidad Obrera, días festivos y la congelación de salarios basada en el nivel de 1947—, factores que tornaban insostenible la operación de sus colonias, considerando que los salarios representaban el componente principal de sus gastos.
El gobierno tomó la decisión de descongelar parcialmente los salarios azucareros, reduciendo de 4,96 centavos a 4,7 centavos el precio congelado, libre a bordo, de la libra de azúcar crudo que servía de base en la determinación de los salarios. El ministro de Trabajo, Dr. Carlos Saladrigas, en declaraciones a la prensa, expresó: «…en ninguna forma el asunto de los salarios y jornales en el sector azucarero puede ser resuelto en consideración a argumentos estrictamente económicos, como lo han pedido insistentemente hacendados y colonos, solicitando la completa descongelación, sino teniendo en cuenta además, y principalmente, los de índole social y humano, por lo que representan el salario y el jornal en la vida de los trabajadores»5.

Cuba en el mercado libre azucarero
En 1953, Cuba aumentó su presencia en el mercado mundial libre de azúcar al venderle al Reino Unido un millón dieciséis mil toneladas, embarcando el 60 % ese año y el resto al siguiente. Además, exportó unas 2 millones 60 mil toneladas a Estados Unidos bajo la Ley Azucarera. Las exportaciones totales fueron de 3,024 millones de toneladas, casi 700.000 más que en 1952.
En octubre de 1953, 24 países firmaron en Londres el Convenio Azucarero para regular el precio internacional del azúcar crudo mediante cuotas de exportación y control de la producción. Cuba recibió la mayor cuota, un 41,74 % (2,25 millones de toneladas métricas). El acuerdo generó apoyo por mantener los precios y críticas por limitar la producción.
En 1954 y 1955, la sobreoferta afectó el mercado libre mundial de azúcar, reduciendo las cuotas de exportación de los países que suscribieron el Convenio Azucarero de Londres. En los Estados Unidos, debido a los cambios realizados a la Ley Azucarera, la participación de Cuba bajó de un 41,3 % en 1948 a 33,1 y 34 % en 1954 y 1955, respectivamente. En 1954 se produjeron 4.897.200 y en 1955 4.538.300 toneladas métricas, y el valor estimado de las zafras disminuyó debido a la caída de los precios.
Para revertir la baja en las cuotas y extender las zafras, el gobierno autorizó la libre elaboración de mieles ricas invertidas para su venta por el ICEA. Las cañas utilizadas estaban exentas de las condiciones generales de contratación de la industria, y los colonos y hacendados podían establecer los precios independientemente. Además, el gobierno les otorgó la exención de impuestos municipales. En 1954, se produjeron 141 millones de galones de mieles ricas, equivalentes a 524.600 toneladas métricas de azúcar crudo. El gobierno la extendió a la zafra de 1955, en la que la producción de mieles ricas fue de 237,6 millones de galones, equivalentes a 883.900 toneladas métricas6.

La zafra de 1956, las modificaciones en la Ley Azucarera de los Estados Unidos, el Convenio Azucarero de Londres y la crisis del Canal de Suez
La Ley Azucarera de los Estados Unidos de 1956 redujo una vez más la participación porcentual de Cuba en el mercado estadounidense, pero, en la práctica, los déficits en la producción doméstica y el aumento en el consumo mantuvieron el volumen de las exportaciones a ese país en 1956, 1957 y 1958 e, inclusive, aumentaron su cuota en dicho mercado.
El Convenio Internacional Azucarero de 1953 fue revisado en Ginebra en octubre de 1956. Se mantuvieron los términos principales y se asignaron nuevas cuotas de exportación para el mercado libre mundial.
Desde principios de 1956, los precios en el mercado mundial del azúcar mejoraron. Al inicio de la crisis del Canal de Suez, en octubre, Cuba ya había exportado más de 4,8 millones de toneladas métricas, de las que 2,2 millones fueron asignadas al mercado internacional. Los precios aumentaron en noviembre, pero en diciembre regresaron a niveles anteriores a la crisis. Este repunte se debió principalmente a la reducción de inventarios por menor producción en Europa y mayor consumo global.

La zafra de 1957
Debido a la escasez de inventarios y el incremento de precios, el Gobierno estableció el volumen de la zafra en 5.667.200 toneladas métricas, cifra superior a las registradas entre 1953 y 1956. La producción total alcanzó 5.673.370 toneladas, lo que representaba un aumento de 900.000 toneladas respecto a la zafra anterior, y generó un crecimiento de 100 millones de dólares en los ingresos por exportaciones.

La zafra de 1958
El Consejo Internacional Azucarero estableció las cuotas básicas en el 100 % como respuesta a la disminución de los excedentes. Como consecuencia de esta medida y de la reducción de los inventarios de azúcar en Cuba, el Gobierno autorizó una zafra de 5.770.200 toneladas métricas. La producción total alcanzó las 5.784.400 toneladas, junto con 79,6 millones de galones de mieles ricas invertidas y siropes, equivalentes a 305.160 toneladas de azúcar crudo.

La industria azucarera en la década de 1950
Durante esta década, la industria experimentó cambios continuos. La compra de numerosos centrales cuyos propietarios eran empresas extranjeras, en su mayoría norteamericanas, por parte de inversores cubanos y empresas mixtas cubano-estadounidenses, tuvo un efecto significativo en la economía nacional. Entre 1940 y 1958, la producción se duplicó sin apenas aumentar el número de centrales, gracias a la modernización de sus instalaciones industriales.
El inicio de la II Guerra Mundial impulsó las siembras de caña, pero, debido a las limitaciones creadas por la guerra, la mecanización de los cultivos se desarrolló lentamente. Al finalizar la guerra, la roturación de las tierras, así como el «tiro», el transporte de la caña cortada hasta su trasbordo a los vagones de ferrocarril que la llevarían al central, se fue mecanizando con mayor rapidez. El corte y alza de la caña no fue mecanizado por la oposición de los sindicatos a disminuir la mano de obra debido a los altos índices de desempleo que persistían.
Los colonos se duplicaron en número durante la nueva expansión azucarera [1940-1952]. En 1939 eran 30.020; al finalizar la zafra de 1952, la membresía ascendía a 62.298.
El aporte de la industria azucarera al desarrollo económico del país en esa nueva etapa de expansión es innegable. Los estimados publicados por el Banco Nacional de Cuba muestran que el ingreso nacional en términos corrientes en 1940 fue 431 millones. Al concluir el año 1958, la cifra ascendía a 2.210 millones.
Otro elemento fundamental en el estado de la economía cubana fue la tasa de formación bruta de capital fijo en el sector privado, que osciló de un 8,6 % del Producto Interno Bruto en 1953 a un 13,2 % en 1958. Esta tendencia alcista en este importante indicador económico demostró la fortaleza del sector privado y su capacidad para seguir incrementando su productividad y crecimiento económico.

Fuente: Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana, Cuba Económica y Financiera, 1960)
  1. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 950. ↩︎
  2. Anuario Azucarero de Cuba (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) p. 92-93. ↩︎
  3.  Gaceta Oficial Extraordinaria No. 70 de 12 de julio 1952.Mencionada en Estudio sobre Cuba. p. 958. ↩︎
  4.  Summary Report on Cuba (Washington: International Bank for Reconstruction and Development, 1948) p. 48 ↩︎
  5. Diario de la Marina (La Habana: 1953). Mencionado en Estudio sobre Cuba p. 963. ↩︎
  6. Anuario Azucarero de Cuba 1959, p. 92-93 ↩︎

La industria azucarera cubana: el abastecedor confiable en tiempos de guerra

Por: Francisco Díaz Pou

Al inicio de la II Guerra Mundial, en septiembre de 1939, la industria azucarera cubana estaba emergiendo de la crisis económica que había amenazado su existencia a principios de esa década. Tanto la dirigencia de la industria como el sector público habían sido capaces de iniciar un proceso de reorganización que permitió enfrentar los retos, tanto nacionales como internacionales, que surgieron en esa época.

La recuperación de Cuba en su rol de suministrador confiable de azúcar

Al inicio de la guerra, se produjo una desarticulación del comercio internacional azucarero y de inmediato se sintieron sus efectos en las exportaciones cubanas. En 1940, Cuba solo pudo exportar un 75 % del volumen que había logrado el año anterior. Aparte de perder mercados europeos, las exportaciones declinaron por la disminución del tráfico comercial marítimo debido a la inseguridad en los océanos.
La zafra de 1941 se redujo a 2 480 125 toneladas métricas, la producción más baja desde 1912, exceptuando la crisis de 1933-1934. Una sexta parte del monto requerido para financiar la zafra se obtuvo por medio de un préstamo concertado con el Export-Import Bank, entidad del Gobierno de los EE. UU.
El Instituto Cubano de Estabilización del Azúcar [ICEA], al ser reorganizado en 1941, se le otorgó la función de vendedor único, incluyendo las mieles producidas. Con estos poderes, el ICEA negoció la venta global de la zafra de 1942 con los EE. UU. Esta transacción facilitó una rebaja arancelaria al azúcar crudo y refino cubano que entró en efecto ese año.
La venta global de la zafra a los EE. UU. tuvo sus detractores entre algunos de los hacendados; ellos planteaban que el precio acordado de 2.65 centavos de dólar la por libra en puerto de Cuba para los azúcares crudos era muy bajo. La producción total en términos de azúcar crudo fue de 4 096 735 toneladas métricas. El valor estimado total de la zafra de 1942 fue de 255,9 millones de pesos, el doble de la de 1941, cuyo valor estimado fue de 127,8 millones, y la molienda se prolongó por 99 días, comparada con la del año anterior, que fue de solo 64 días1.
La producción total de la zafra de 1943 fue de 2 930 000 toneladas métricas en términos de azúcar crudo. Los EE. UU. solo compraron 2 450 000 toneladas y la exportación a otros países fue de alrededor de 275 000 toneladas. Además, se separaron 205 000 toneladas para el consumo interno del país. El resultado de la variación en la política de compras de los organismos estatales norteamericanos fue un descenso en las siembras programadas, lo que produjo en años posteriores una disminución de la caña disponible.
La venta de la producción azucarera de 1944 se negoció siguiendo los mismos términos del año precedente, el único cambio fue el volumen de la transacción. La adquisición inicial fue por 4 121 000 toneladas métricas. En abril de ese año, el ICEA vendió a los EE. UU. otras 800 000 toneladas métricas de azúcar en forma de mieles ricas, así como 65 millones de galones de mieles finales de las zafras de 1943 y 1944. La producción total en términos de azúcar crudo fue de 5 149 000 toneladas métricas en 111,6 días de molienda.
El resultado de la zafra de 1945 en términos de producción fue muy diferente a la del año anterior. El ICEA, al momento de asignar las cuotas a los centrales, anunció que la zafra ascendería a 4 121 600 toneladas métricas. Lamentablemente, debido a las adversas condiciones del clima, la sequía luego del paso de huracanes el año anterior, y la disminución de las siembras causada por la reducción de las compras por los EE. UU. en 1943, la producción total en términos de azúcar solo alcanzó 3 550 0000 toneladas.
El contrato de venta de azúcar de la zafra de 1945 estipuló que, con la excepción de 257 000 toneladas métricas destinadas al consumo interno y 155 000 toneladas que el ICEA emplearía para ventas a otros países, los EE. UU. tomarían el resto de la producción. Además, se le vendieron 70 millones de galones de mieles finales al mismo precio de 13,6 centavos del año anterior y 20,5 millones de galones de alcohol a 65 centavos el galón. El precio del azúcar crudo fue de 3,1 centavos la libra (FOB), un aumento de 45 céntimos de centavo sobre los precios vigentes en contratos anteriores. Durante la negociación del contrato, la delegación cubana introdujo una cláusula por la cual se vinculaba el precio del azúcar vendido con el índice del costo de la vida en los EE. UU. Esta cláusula fue incorporada en los contratos de venta de azúcar cubano en los EE. UU. en años subsiguientes.
El Gobierno cubano decretó, a principios de 1945, el aumento de un 20 % de los jornales devengados en 1944 en el sector industrial azucarero, y en 10 % los correspondientes a las labores agrícolas. Además, se efectuó el pago a los obreros del “diferencial” producido por la elevación de los precios de venta del azúcar. También los colonos incrementaron sus ingresos con las alzas de los precios de venta de las mieles finales. Todo esto, unido a una reactivación de la atención a los cañaverales, produjo un incremento sustancial en la actividad económica en el país.

Posición dominante del azúcar cubano en los años de la posguerra

Cuba demostró su capacidad productora y se convirtió en la abastecedora confiable de azúcar tanto a los Aliados como al resto de los mercados internacionales durante el conflicto mundial que había concluido. El 16 de febrero de 1946 se firmó el contrato de venta de las zafras de 1946 y 1947 por un importe de cerca de mil millones de dólares. La venta de estas dos zafras permitió que la industria mantuviera los niveles de producción alcanzados en años anteriores, y le proporcionó un gran impulso y solidez a la economía del país. Una de las razones que se argumentó en favor de esta transacción fue que los precios de venta estaban vinculados al costo de la vida en los EE. UU., de esta forma, Cuba se protegía de los aumentos de precios de los artículos de consumo directo, en su mayoría alimentos, que el país importaba desde los Estados Unidos.
En el verano de 1947, los EE. UU. suprimieron el racionamiento del azúcar impuesto al principio de la guerra; como resultado, las compras globales iniciadas en 1942 dejaron de realizarse y el mercado libre recuperó su primacía. Al eliminarse la participación del Estado, una nueva ley azucarera que regulaba el mercado entró en vigor en enero de 1948.
Cuba había suministrado como promedio anual el 44,6 % del consumo total de azúcar desde 1942 hasta 1947. Durante el proceso legislativo que creó la nueva ley azucarera norteamericana, los intereses de los productores domésticos primaron en las negociaciones. Las cuotas internacionales eran la diferencia entre el consumo total y las cuotas domésticas más la cuota de Filipinas. A Cuba se le asignó el 98,64 % de la cuota internacional. Además, la ley estipulaba que a Cuba se le garantizaba un mínimo del 28,6 % del consumo total y el derecho a abastecer el 95 % de los déficits incurridos, lo que le permitía exportar cantidades adicionales de azúcar a lo largo del año2. Las nuevas cuotas impuestas por la ley de 1948 ayudaron a Cuba a recuperar paulatinamente el mercado norteamericano, superando las legislaciones de 1934 y 1937 que habían impuesto altos aranceles a las importaciones de azúcar cubano.
Además del acceso al mercado de consumo norteamericano que la ley de 1948 le confirió a Cuba, la Commodity Credit Corporation, la entidad del gobierno estadounidense que durante la Guerra Mundial compraba el azúcar cubano, continuó adquiriéndola para distribuirla a la población y a sus fuerzas armadas en zonas ocupadas en Europa y Asia o a países beneficiarios de los programas de Asistencia Exterior o del Plan Marshall. De octubre de 1947 a febrero de 1949, alrededor de 1 388 000 toneladas métricas fueron vendidas por Cuba para esos destinos.

El papel fundamental de la industria azucarera en la economía cubana

El Gobierno de Cuba, en 1947, le solicitó al recién creado Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [BIRF], del que era miembro, que realizara una evaluación de la economía nacional3. En el informe preparado por el banco al finalizar su misión se destacó que, aunque en los últimos veinte años se habían realizado esfuerzos sinceros en dirección a la diversificación de la economía cubana, el azúcar y sus productos derivados — mieles, siropes y alcohol — eran del 70 al 80 por ciento del total de las exportaciones del país y su contribución al ingreso nacional era del 25 al 30 por ciento.
Según el informe del BIRF4, la dependencia en el azúcar había causado fluctuaciones económicas en extremo severas, como lo ocurrido en las dos décadas previas. Sin embargo, el desarrollo técnico de la industria azucarera y su eficiencia lograron que el país alcanzara el más alto nivel de vida en América Latina en unión de la Argentina y el Uruguay. También, señalaba que los estimados de las Naciones Unidas del ingreso nacional y su correspondiente per cápita en 1946 eran 1.230 millones y 245 dólares, respectivamente. La balanza comercial (exportaciones-importaciones) mostraba, según el informe del BIRF, un superávit acumulado de 1 166 millones de dólares en el periodo 1941-1947, lo que le permitió mantener su endeudamiento externo en solo 103,6 millones de dólares en 1947.
Al término de la década de los años cuarenta del siglo pasado, el país había superado la crisis de la Gran Depresión y se preparaba institucionalmente para reactivar el desarrollo diversificado de su economía.

Notas

  1.  Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) págs. 92 y 93.
    ↩︎
  2. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 947. ↩︎
  3.  Summary Report on Cuba (Washington: International Bank for Reconstruction and Development, 1948) p. 9. ↩︎
  4. El BIRF es el fundador de lo que conocemos como Grupo Banco Mundial. Cuba era miembro de esa entidad hasta que Fidel Castro, en su infinita ignorancia en temas económicos, retiró la participación de Cuba en 1960. En la actualidad Cuba es el único país de las Américas que no es miembro del Grupo Banco Mundial. ↩︎

La etapa de los ajustes estructurales en la industria azucarera cubana

6–9 minutos

Por: Francisco Díaz Pou

La expansión iniciada a principios del siglo pasado creó una industria en la que los centrales pequeños y medianos —muchos de ellos fundados en el siglo XIX— se congregaban en las provincias occidentales y el centro del país. Los grandes y modernos centrales se ubicaban principalmente en las antiguas provincias de Camagüey y Oriente. En esta fase expansiva de la industria se intensificó el desarrollo del latifundismo y la utilización de obreros agrícolas provenientes de Jamaica y Haití, primariamente en la región oriental del país. En las provincias occidentales y del centro, el central se abastecía principalmente de la caña de azúcar del pequeño y mediano agricultor, el colono. Además, los centrales cubrían una parte de sus necesidades de materia prima en todo el territorio nacional por medio del cultivo directo, la llamada caña de administración.

El año 1927 señaló el fin de la expansión acelerada de la industria azucarera iniciada a principios del siglo XX. Como se ha indicado en artículos anteriores, hubo múltiples elementos que contribuyeron a ese declive. En lo externo, la caída de los precios en los mercados internacionales, unida a la disminución de la demanda y a las restricciones arancelarias impuestas al azúcar cubano, contribuyó a un decrecimiento progresivo de la producción nacional por varios años.

Estas circunstancias incrementaron las tensiones socioeconómicas que ya estaban presentes en el modelo monoproductor que el país había adoptado plenamente al surgir como república independiente. La crisis económica produjo un aumento en los niveles de inestabilidad política que ocasionó la transferencia violenta del poder político a una nueva generación de dirigentes.

Ramiro Guerra —considerado por muchos historiadores cubanos como la figura eminente entre ellos— publicó en Diario de la Marina, de La Habana, una serie de 21 artículos en los meses de mayo a agosto de 1927 que de inmediato fueron recogidos en el clásico estudio de la realidad azucarera de ese tiempo, Azúcar y población en las Antillas1. Más que una denuncia de los elementos que contribuyeron a la crisis de la industria azucarera —y, por ende, del país—, su libro los analiza profundamente, y sus ideas contribuyeron a las extensas reformas que se incorporaron al sector azucarero y a la agricultura en general en la década siguiente.

La política de los gobiernos cubanos desde el inicio de las dificultades por las que atravesaba la industria después del crack bancario de 1920 fue garantizar la operación de los ingenios pequeños y medianos para evitar una crisis social de grandes proporciones. La Comisión de Asuntos Cubanos de la Foreign Policy Association, en su reporte de 1935, observaba: «La razón fundamental para mantener en actividad todos los centrales existentes, al menos durante un período de transición, está en salvar a gran parte de la población cubana de la miseria»2.

Al final de la expansión de la industria azucarera, el Gobierno cubano tomó una serie de medidas para disminuir el exceso de inventarios que deprimía los precios en el mercado internacional. Se eliminaron las llamadas «zafras libres» y se impuso un régimen de cuotas de producción para los ingenios. Por supuesto, esta medida redujo el volumen de cañas aportado a los centrales. El Gobierno tuvo que enfrentar la disyuntiva de rebajar las cuotas proporcionalmente —con lo que muchos ingenios pequeños desaparecerían— o imponer una producción mínima de 60.000 sacos de 325 libras por cada zafra, ajustando el volumen de producción de los grandes centrales. Al optar por la producción mínima se evitó la desaparición de muchos centrales y sus zonas agrícolas, y se mantuvo la industria azucarera distribuida por todo el país3.

La Ley de Coordinación Azucarera

La Ley de Coordinación Azucarera fue aprobada por el Congreso cubano el 2 de septiembre de 1937, dando inicio a una vasta reorganización de la industria azucarera. El objetivo de esta legislación fue establecer una amplia coordinación entre los sectores industrial y agrícola y entre estos y el laboral. Además, incorporó el llamado «derecho de permanencia», que otorgaba el disfrute permanente de la tierra a los agricultores que entregaban sus cañas a los centrales. Este derecho transformó el concepto de propiedad y tenencia de la tierra en Cuba y le dio un alto grado de estabilidad a la industria al fortalecerse la pequeña y mediana empresa rural4.

El «derecho de permanencia» otorgado a los colonos sobre la tierra que laboraban los obligaba a mantener suficientes tierras sembradas de caña para cubrir su cuota de producción y a mantener los cañaverales bien cultivados. Además, debían cumplir con las obligaciones financieras contraídas con los dueños de la tierra, en caso de no poseerla, de acuerdo con lo prescrito por la Ley de Coordinación Azucarera, que regulaba este tipo de relación contractual entre los dueños de la tierra y los colonos.

El cultivo de la caña de azúcar requiere varios años de inversión y atención por parte del agricultor antes de que se obtenga la compensación monetaria por el esfuerzo realizado. La permanencia otorgó a los agricultores la estabilidad requerida para aumentar la calidad de sus esfuerzos e inversiones, lo que a mediano y largo plazo produjo un incremento en la riqueza del país. Esta ley hizo posible el asentamiento con carácter permanente de las 25.000 a 30.000 familias dedicadas al cultivo de la caña que, sin ninguna inversión, pudieron convertirse en pequeños y medianos empresarios agropecuarios. El reporte de la Foreign Policy Association antes mencionado hizo un acertado resumen de la importancia de los colonos: «El desenvolvimiento social y político de Cuba, en grado no menor que su bienestar económico, depende de la supervivencia y el progreso del sistema de colonos»5.

La Ley reguló los jornales agrícolas e industriales relacionándolos directamente con el precio del azúcar. Las labores denominadas de corte y alza eran realizadas por los macheteros en el mismo cañaveral; el tiro lo realizaba el carretero al transportar la caña desde el cañaveral hasta el centro de transbordo (chucho) o directamente al central. En el caso de los jornales industriales, debido a las distintas tareas a realizar en el proceso de manufactura y al grado de nivel técnico de las mismas, sólo se estableció un salario mínimo vinculado al precio del azúcar.

El Instituto Cubano de Estabilización del Azúcar (ICEA)

El ICEA había sido creado en 1931 y tenía como función principal la representación oficial de los intereses azucareros del país en el Convenio Internacional de Bruselas. La regulación de las exportaciones de azúcar estaba a cargo de otra entidad, la Corporación Exportadora Nacional de Azúcar, creada meses antes. En enero de 1936 el Gobierno emitió un decreto-ley transfiriendo al ICEA las funciones de la Corporación Exportadora al vencerse el término de existencia de la misma.

Al reorganizar el ICEA en 1936 se creó una estructura interna diferente. La nueva directiva estaba compuesta por doce hacendados, seis colonos y un delegado del Gobierno, que actuaría como su director general. Anteriormente, el ICEA estaba integrado por cinco hacendados y dos colonos. Esta modificación de la organización reflejaba la ascendencia del sector agrícola dentro de la industria. Todos los miembros eran propuestos por las asociaciones de hacendados y colonos y designados por el presidente de la República.

En los años siguientes, el ICEA se convirtió en el instrumento utilizado por los diferentes factores de la producción para elaborar políticas a corto y mediano plazo empleadas en la administración de la industria, que tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo implementarían. Además de ser el órgano oficial, se convirtió en un foro de discusión y análisis usado por los diferentes elementos que integraban la industria azucarera cubana.

La cuarta década del siglo XX concluyó con una industria azucarera que emergía de una crisis sin precedentes con un nuevo modelo operativo que comenzaba a reconstruir la industria. El inicio de la II Guerra Mundial alteró los mercados internacionales, provocando un reajuste drástico tanto de las capacidades productivas de ciertas regiones del planeta como de los hábitos de consumo de la mayoría de los países. Estos fueron parte de los retos que la reformada industria azucarera cubana tuvo que enfrentar.

El modelo operativo adoptado tomó en consideración los tres factores de la producción —industria, agricultura y trabajadores— y, a través de sus interlocutores, estableció un modus operandi eficiente que permitió tanto a la industria como al país cumplir con sus obligaciones internacionales y recuperar una posición destacada en lo económico y en lo político en un mundo sacudido por un conflicto mundial.

Notas

  1. Ramiro Guerra, Azúcar y Población en las Antillas. (La Habana: Cultural, 1944). ↩︎
  2.  Problemas de la Nueva Cuba (New York; Foreign Policy Association, 1935) pág. 330. ↩︎
  3.  José Antonio Guerra, Azúcar y Población en las Antillas. (La Habana: Cultural, 1944) pág. 257. ↩︎
  4. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami, 1963) p. 642. ↩︎
  5. Problemas de la Nueva Cuba (New York; Foreign Policy Association, 1935) pág. 306. ↩︎

La crisis de la industria azucarera durante la Gran Depresión

La industria azucarera salía de una crisis existencial.

6–9 minutos

Por: Francisco Díaz Pou

La cuarta década del siglo XX se inició en Cuba con una industria azucarera en franco proceso recesivo. La producción de los 183 centrales que participaron en la zafra de 1925 fue de 5 347 103 toneladas métricas. Esta cifra, nunca antes alcanzada, sufrió un marcado descenso en años posteriores, llegando en 1933 a solo 2 054 862 toneladas métricas, producidas por 125 centrales1.

La industria azucarera cubana aceleró su desarrollo en las últimas décadas del siglo XIX, basada en el mercado internacional. Sin esa demanda, habría seguido los pasos de la mayoría de los países que solo producían azúcar para su propio consumo. Gracias a su posición geográfica, los azúcares cubanos tenían un fácil acceso al expansivo mercado norteamericano, convirtiéndolo en su cliente por excelencia, seguido por los europeos, principalmente Gran Bretaña.

El azúcar se convirtió en el vehículo utilizado por Cuba para insertarse en la economía mundial e iniciar un proceso de desarrollo sostenido, libre ya de las ataduras y controles ejercidos por la metrópoli española. Por supuesto, esta dependencia de los mercados internacionales afectó la economía —de forma positiva, pero también negativa— desde el inicio de la vida republicana.

Los intentos de los gobiernos cubanos, en la tercera década del siglo XX, por controlar la caída de los precios en el mercado internacional fueron, en la mayoría de los casos, infructuosos. Se limitó la producción azucarera en 1926 mediante la llamada Ley Verdeja y, al año siguiente, se aprobó la Ley para la Defensa del Azúcar, conocida popularmente como Ley Tarafa. Ambas leyes, junto a un cúmulo de regulaciones, trataron de reducir los efectos negativos que las crisis en el mercado mundial ejercían sobre la industria azucarera cubana.

Otra iniciativa, originada en el sector privado, trató de influir en los mercados azucareros. El Plan Chadbourne —gestionado por el abogado corporativo neoyorquino Thomas Chadbourne, con intereses en dos centrales cubanos— propuso limitar la producción mundial. El plan entró en vigor en 1930 y obtuvo el apoyo de algunos países productores, pero no tuvo el éxito esperado, ya que un grupo de ellos se abstuvo de participar en él; según manifestaron analistas de la época, «el plan se basó en cálculos erróneos, y despertó esperanzas que no pudieron ser realizadas».2

La inversión extranjera directa en la industria azucarera

A principios del siglo XIX, los ingenios procesaban las cañas de las fincas donde estaban asentados. El dueño o hacendado aportaba el capital para la operación de su finca o hacienda azucarera; cuando estos recursos no eran suficientes, obtenía un préstamo garantizado por una hipoteca sobre la propiedad. Esta hipoteca se cancelaba con las ganancias obtenidas por la venta del azúcar producido.

El costo financiero de un ingenio era alto. El tipo de interés sobre los préstamos que cubrían una parte considerable del capital de trabajo requerido en una zafra llegaba al 2 % mensual. Las comisiones para la adquisición de suministros y la venta de azúcares alcanzaban el 5 %. Si el hacendado no contaba con amplios recursos financieros, en los años en que los precios del mercado mundial se desplomaban corría el riesgo de perder su propiedad ante la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones financieras.

Los llamados corredores de azúcar, junto a los comerciantes que proveían los suministros utilizados, eran las principales entidades que financiaban —o «refaccionaban»— las zafras hasta los primeros años de la época republicana. El Banco Nacional de Cuba, entidad privada que cerró sus operaciones en 1921 debido al «crac bancario», reemplazó a una parte de los corredores de azúcar en la subvención de las zafras.

Una de las causas del crac bancario fue el financiamiento descontrolado de la expansión azucarera durante los años de la Primera Guerra Mundial. La banca internacional, principalmente norteamericana y, en menor grado, canadiense e inglesa, llenó el vacío creado por el crac bancario y se convirtió en la fuente de financiación de la industria azucarera.

La liquidación de los activos que garantizaban los préstamos otorgados a los centrales y colonos por los bancos nacionales declarados en bancarrota provocó el traspaso de un gran número de propiedades a la banca norteamericana, que las adquirió en el proceso de liquidación. Además, varias corporaciones norteamericanas dedicadas a la producción de azúcar se vieron afectadas por la crisis y tuvieron que liquidarse o reorganizarse para poder seguir operando. De hecho, una gran parte de la industria azucarera cubana cayó bajo la influencia de bancos y otras instituciones financieras, en su mayoría norteamericanas.

Lamentablemente, el objetivo fundamental de estas entidades extranjeras era garantizar la inversión realizada y aumentar sus dividendos al mayor nivel posible. Esta era la época de los «roaring twenties», en la que la especulación dominó los mercados de capitales en los EE. UU. y en el resto del mundo desarrollado. Esa fiebre especulativa permitió una continua expansión de la industria azucarera durante la década de 1920, sin tener en cuenta que los mercados se acercaban a un punto de saturación. Por supuesto, tanto la industria como el gobierno se dejaron arrastrar por estas empresas financieras internacionales, en perjuicio de los intereses del país.

El impacto de la política arancelaria y el régimen de cuotas

Unos meses después de la independencia, en diciembre de 1902, Cuba firmó un tratado de reciprocidad con los EE. UU. La tasa arancelaria que gravaba el azúcar era de 1,348 centavos por libra. En 1914 la Tarifa Underwood redujo la tasa a 1,0048 centavos. Más tarde, los EE. UU. entraron —como el resto de los países desarrollados— en una estéril y peligrosa guerra arancelaria que se prolongó hasta la Gran Depresión, iniciada en 1929. En 1921, en medio del crac bancario y de los reajustes de precios en el mercado mundial, los EE. UU. aumentaron los aranceles azucareros a 1,60 centavos por libra; al año siguiente, el gobierno del presidente Harding los incrementó a 1,7648 centavos; finalmente, la Tarifa Hawley–Smoot, de 1930, los elevó a 2,0 centavos por libra.

Estos aumentos formaban parte de una política proteccionista cuyo resultado fue el estímulo de la producción azucarera doméstica y de las regiones insulares norteamericanas —Hawái, Filipinas y Puerto Rico— en perjuicio de Cuba.

La política arancelaria del principal mercado para los azúcares cubanos, unida al exceso de producción y al drástico descenso del consumo mundial debido a la Gran Depresión, desencadenó una reducción progresiva en el volumen de las zafras. Esto, junto al declive de los precios, produjo una disminución apreciable de su valor.

La Industria Azucarera durante la Gran Depresión. Anuario Azucarero de Cuba 1959

La lenta recuperación de la industria azucarera

La Gran Depresión de la década de 1930 produjo una corrección natural de los mercados: la producción mundial disminuyó y los inventarios acumulados fueron absorbidos gradualmente por un aumento moderado de la demanda.

Al mismo tiempo, la política arancelaria con respecto a Cuba dio un giro significativo con la llegada de Franklin D. Roosevelt a la presidencia de los EE. UU. El azúcar cubano recibió un «New Deal», basado en la convicción de que Cuba necesitaba una economía sólida que garantizara los niveles de prosperidad requeridos para mantener y aumentar el intercambio comercial entre ambos países. La notable disminución de las exportaciones y la considerable inversión de capital norteamericano en riesgo convirtieron la rehabilitación de la industria azucarera cubana en un factor clave de la nueva política económica de los EE. UU.

El 9 de mayo de 1934, el Congreso estadounidense aprobó la Ley Jones–Costigan, que concedía al secretario de Agricultura el poder de fijar cuotas de importación de azúcar. Las cuotas se distribuyeron entre los productores nacionales de remolacha y de caña de azúcar, y las posesiones insulares —Hawái, Puerto Rico, Islas Vírgenes y Filipinas— recibieron sus respectivas asignaciones. Cuba fue el único país extranjero incluido y obtuvo la cuota mayor: 1 902 000 toneladas cortas, equivalente al 29,37 % del total3.

Además del sistema de cuotas, el presidente Roosevelt redujo los aranceles básicos del azúcar: para Cuba, pasaron de 2 a 1,50 centavos por libra y, tras el nuevo tratado de reciprocidad EE. UU –Cuba, quedaron en 0,90 centavos.

A finales de 1934, las incertidumbres derivadas de los mercados internacionales se disipaban con el establecimiento de un nuevo marco institucional en las relaciones con el principal mercado exportador, los EE. UU. La labor constante de los distintos sectores de la industria azucarera cubana, destinada a restablecer una relación comercial beneficiosa para ambas partes, empezaba a dar frutos.

Resuelto el problema de los mercados, la atención se dirigió a la crítica situación interna de la industria. Varias voces se habían alzado para analizar sus problemas y se desarrollaba un debate público. La industria azucarera salía de una crisis existencial; muchos sostenían que necesitaba una reforma institucional y la creación de instrumentos adecuados para afrontar los retos de un mundo en rápida transformación.

Notas

  1. Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) págs. 92-93. ↩︎
  2. Problemas de la Nueva Cuba (New York; Foreign Policy Association, 1935) pág. 279. ↩︎
  3. ídem ↩︎

La zafra azucarera 2024-2025 en Cuba

Cuba solo ha sido capaz de producir alrededor de 140 000 toneladas métricas en la zafra 2024-2025.

5–7 minutos

Por: Francisco Díaz Pou

El clima en las islas del Caribe, muy típico de las regiones tropicales, se caracteriza por sus dos estaciones: lluviosa y seca. Desde noviembre hasta abril el llamado invierno se manifiesta con temperaturas menos cálidas y una disminución considerable de las lluvias. Los otros seis meses del año, el verano, se distinguen por sus temperaturas extremadamente cálidas y las lluvias frecuentes. Por supuesto, esto sin considerar el paso de las tormentas tropicales y huracanes.

Es en la segunda mitad del invierno caribeño donde el contenido de sacarosa en las cañas de azúcar es el más elevado. Este es el momento de cosechar las cañas e iniciar rápidamente su transformación en azúcar, miel y otros productos derivados de la misma. Al iniciarse la temporada de lluvias, la zafra -o cosecha- de la caña se detiene por Múltiples razones, desde la disminución de sacarosa en la planta hasta la dificultad en trasladarla a los centrales para su elaboración.    

A principios de este mes de junio de 2025 debe haber concluido la zafra que se inició con grandes retrasos en enero de este año y que se anunció como una de corta duración. Lamentablemente, el plan de producción no se cumplió y la zafra se prolongó hasta mayo, cuando comenzaron las lluvias.

Solo quince centrales en 13 de las 15 provincias del país participaron en esta zafra 2024-2025. En la 1959-1960, la última realizada por el sector privado antes de que el régimen castrista se apropiara de todas las empresas azucareras sin compensación, participaron 161 centrales y, en 87 días efectivos de molienda, produjeron 5 963 985 toneladas métricas de azúcar y 9,5 millones galones de mieles, equivalentes a 36 416 toneladas métricas de azúcar1. Es decir, en la zafra 1959-1960 se produjeron unos seis millones de toneladas métricas de azúcar en menos de tres meses. 

El gobierno cubano no ha publicado el volumen de azúcar y mieles producido en las últimas zafras. El exministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez, en un artículo publicado en la oficialista Cubadebate el pasado febrero, planteaba lo siguiente: 

“La zafra del 2024 supuso una cifra de azúcar planificada de 412 mil TM, alcanzándose solamente el 39%, unas 160 mil TM, en una campaña fuertemente afectada por la falta de combustible y piezas de repuesto para equipos agrícolas e industriales.”  

La producción citada por José Luis Rodríguez está al mismo nivel que la del quinquenio 1841-45 en el que el promedio anual era de aproximadamente 165 mil toneladas métricas2.

Estimo que Cuba solo ha sido capaz de producir alrededor de 140 000 toneladas métricas en la zafra 2024-2025. Estos niveles de producción son comparables con lo que se alcanzaban hace 180 años, cuando se abandonan los métodos típicos de una producción artesanal y se incorporan nuevas técnicas desarrolladas por la industria europea en la producción de azúcar de remolacha.

Si analizamos las causas del deterioro de la industria, considerada hace un siglo como la mayor productora de azúcar del mundo, podemos identificar dos áreas fundamentales en las que se han congregado los males que la afectan. En el área agrícola, la escasez de materia prima; y en el área industrial, el deterioro de la planta industrial, unido a el deficiente sistema de transporte de la caña a los centrales, son, en líneas generales las causas que han provocado la casi extinción de la azucarera del mundo.

La crisis de la agricultura en Cuba también afecta al cultivo de la caña de azúcar. Durante la Gran Depresión que alteró la economía mundial en 1929 y años subsiguientes, la demanda del azúcar descendió considerablemente y la producción fue reajustada. Ante tal incertidumbre, el trabajo se redujo en la siembra, limpieza y abonado de los cañaverales. Esta reducción en los trabajos agrícolas produjo una caída en el volumen de caña molida, y su calidad afectó el rendimiento industrial, produciendo una contracción de la producción azucarera. Tan pronto se reanudaron los trabajos agrícolas, la producción azucarera retornó a sus niveles anteriores.

Fuente de los datos: Anuario Azucarero de Cuba, págs. 92-93.

La actual crisis del sector agrícola de la industria azucarera en Cuba se asemeja a la de los años treinta, pero aquella fue coyuntural mientras que la presente es sistémica. En la crisis de los años treinta del siglo pasado, una de las piezas fundamentales en la industria azucarera era el empresario agrícola, el colono. 

El gobierno basado en el censo de cañas de 1931 asignó cuotas a 28 660 colonos; más adelante, en 1934, durante el gobierno de Ramon Grau San Martin, este creó la Asociación Nacional de Colonos. Este organismo contaba con aproximadamente 50 000 miembros al momento de su fundación. El Gobierno Revolucionario encabezado por Fidel y Raúl Castro, disolvió la organización, eliminando de un golpe la entidad que representaba los intereses de este sector clave de la industria azucarera. Sin empresarios, el sector agrícola ha sido manejado arbitrariamente por el Gobierno, que ha demostrado su ignorancia en el empleo de los recursos de la nación y no ha sabido administrarlos en forma eficiente, lo que ha producido el empobrecimiento de la sociedad cubana.

En el área industrial, el régimen castrista ha desviado los recursos del país hacia otras áreas de la economía y le ha sustraído a la industria azucarera los medios para mantener los programas de inversión que se requieren para la renovación de sus activos y poder mantener su competitividad a nivel mundial. La degradación constante de la planta industrial ha provocado que los centrales no puedan operar eficientemente. La mayoría de los centrales que existían cuando el régimen castrista se apropió de ellos se han desmantelado y sus piezas y herramientas se han utilizado en los que se mantienen moliendo. Este modus operandi se repite en otros sectores agropecuarios, así como en el comercio y la industria en general. En sus prioridades de inversión, el régimen utiliza los recursos principalmente para fortalecer su aparato político-represivo. La economía y los gastos sociales se sitúan en posición secundaria.

A principio de enero de 1961, el Gobierno Revolucionario publicó3 la distribución de la producción de la zafra que se había iniciado luego de la confiscación de los centrales azucareros. Para el consumo de la población se destinaron 360 640 toneladas métricas. El consumo per cápita anual se estimó en unas 120 libras de azúcar. El gobierno ha declarado que la zafra azucarera 2024-2025 se destinará totalmente al consumo nacional, por lo que se estima que el per cápita anual será de unas 31 libras de azúcar.   

El pueblo solo recibirá una cuarta parte del azúcar que consumió en 1961, el primer año en que el régimen castrista tomó absoluto control de la industria azucarera cubana. Por supuesto, los miles de millones de dólares que recibía por concepto de exportaciones azucareras es parte de un sueño inalcanzable.

  1. Anuario Azucarero de Cuba 1959, (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) págs. 92-93. ↩︎
  2.  Ramiro Guerra, Azúcar y Población en las Antillas (La Habana: Cultural, S.A., 1944) pág. 226. ↩︎
  3. Gaceta Oficial de la República de Cuba, La Habana, Año LIX, núm. 5 ↩︎

El fin de la expansión de la industria azucarera en Cuba

En la segunda década del siglo pasado, luego de una expansión sin precedentes, la industria azucarera se enfrentó a un período de inestabilidad para la cual tanto ella como el gobierno no estaban preparados.

6–9 minutos

Por: Francisco Díaz Pou

En la segunda década del siglo pasado, luego de una expansión sin precedentes, la industria azucarera se enfrentó a un período de inestabilidad para la cual tanto ella como el gobierno no estaban preparados.

La producción azucarera del país aumentó un 430%, entre 1902 y 1927 1 , gracias a un clima de relativa estabilidad política al cesar la insurrección y la disminución de los niveles de violencia en los campos. Esto propició un medio ambiente atractivo a la inversión extranjera unida a una política económica de laissez faire

La inversión extranjera en la industria azucarera era principalmente estadounidense. Según estimados de la banca de New York, en 1919 la inversión norteamericana oscilaba entre el 40 y el 50% de un total de $600 millones de USD en que valoraban la industria cubana. En los estimados se incluían los centrales, equipos ferroviarios y colonias de caña de su propiedad o arrendadas por las empresas2. El total de las inversiones norteamericanas en Cuba en 1911 ascendía a $205 millones de dólares, años más tarde, en 1927, alcanzaba la cifra de $1 140 millones3.

Otro de los elementos que influyó en la expansión de la industria azucarera fue una fuerte corriente migratoria proveniente de Europa, mayormente españoles [96%] y braceros antillanos de Haití y Jamaica dedicados a trabajos agrícolas. Según Julián Alienes, de 1902 a 1930 entraron al país 1 084 000 inmigrantes masculinos y unas 196 000 mujeres4. Estas cifras se aproximan a las de los censos oficiales realizados durante ese periodo de tiempo. Esta inmigración masiva hizo posible el desarrollo acelerado de la industria azucarera ya que el país no poseía la fuerza laboral para emprender tal acción en tan corto tiempo. 

La expansión de la industria azucarera trajo consigo un aumento del ingreso nacional. Al realizar los ajustes por variaciones en los precios, el aumento entre 1903 y 1924 fue de un 250%.5 Esto permitió incrementar la capacidad de importar bienes y servicios, lo que hizo posible cubrir las necesidades de consumo de la población y la industria. Es conveniente señalar que en ese momento Cuba era el clásico ejemplo del principio económico de las “ventajas comparativas”. El país producía el azúcar a un costo que competía favorablemente en los mercados internacionales y obtenía los recursos para adquirir los productos necesarios para su desarrollo económico.

La intervención estatal en la industria azucarera

La Primera Guerra Mundial forzó al Gobierno a iniciar su intervención en la industria azucarera. En 1915 se obligó a los corredores [agentes] de azúcares a cotizar sus ventas en moneda nacional o norteamericana e informar diariamente al Ministerio de Agricultura, Comercio y Trabajo. Esas cotizaciones se utilizaban para el cálculo de los pagos a los colonos.

Las relaciones entre hacendados y colonos fueron objeto de regulaciones en 1921 y 1922. El gobierno amplió su control de los procedimientos en uso para la compensación a los colonos por la caña entregada a los centrales. La Ley No. 2 de 1922 reconoció el derecho del colono sobre sus cañas y cepas en terrenos arrendados y permitió que pudiera poner las cañas y cepas en garantía para obtener financiamiento para sus labores agrícolas.   

Durante la década de 1920 la intervención del gobierno en la industria azucarera fue en aumento. El 2 de mayo de 1926 se aprobó una ley conocida como la Ley Verdeja, que redujo en un 10% los estimados de producción de la zafra en curso. Además, autorizó al Poder Ejecutivo a fijar la fecha de las dos próximas zafras, el monto total de las mismas y las cuotas de producción de cada central. También, obligaba a los ingenios a establecer una proporcionalidad entre las cañas propias [cañas por administración] y la de sus colonos.

El 4 de octubre de 1927 el Congreso aprobó la Ley para la Defensa del Azúcar, conocida popularmente como la Ley Tarafa. Esta ley creó los organismos y procedimientos para regular en mayor grado la industria azucarera. La Comisión para la Defensa del Azúcar estaba a cargo del asesoramiento al Poder Ejecutivo en lo concerniente a la fecha de inicio de la zafra y su volumen; el otro organismo era la Compañía Exportadora de Azúcar de Cuba, S.A. cuya única función era la venta de azúcar en el mercado mundial. Ambos organismos contaban con la participación de los hacendados y en menor grado los colonos.

A lo largo de la década de los años 20 la relación de la industria azucarera con el Gobierno pasó de un estado de no intervención a uno de alta regulación por parte del poder central en respuesta a las sucesivas crisis que enfrentó la industria. Esta participación del Estado se produjo a instancias de los sectores agrícola [colonos] e industrial [hacendados] que según ellos no podían darle solución a las crisis exógenas producidas principalmente por la variación de precios en el mercado internacional y las políticas arancelarias existentes.

La inversión extranjera en la industria azucarera y sus efectos en el país

La clase empresarial azucarera del siglo XIX había sido diezmada por los años de guerras independentistas y la falta de apoyo financiero institucional para implementar la urgente modernización de sus ingenios.

Luego de la pacificación de Cuba, su situación geográfica, que permitía el fácil acceso al mercado norteamericano, fue uno de los elementos que influyó en el movimiento de los capitales extranjeros hacia el país. 

Lamentablemente, los gobernantes cubanos no previeron los impactos, tanto positivos como negativos, que esta transferencia de capital extranjero iba a tener en las estructuras económicas, sociales, y finalmente políticas de la nación. Ellos no prepararon al país para asimilar estas transformaciones en una forma ordenada. 

El llamado “crac bancario” de 1920 fue un claro ejemplo de la ausencia de medidas gubernamentales para resolver la crisis. Las que se tomaron tuvieron un efecto contraproducente. La banca nativa casi desapareció del panorama nacional por más de dos décadas, produciendo un retraso en el desarrollo económico del país.

Debido a la falta de preparación para enfrentar las crisis que se presentaban, se concluyó esta etapa de expansión de la industria azucarera con una gran parte de los medios de producción en manos de empresas extranjeras.  Como era de esperar, el interés primario de estas empresas no era el progreso de la nación cubana sino obtener el mayor rendimiento para sus capitales invertidos.

Ante la imperiosa necesidad de asegurar su materia prima, los grandes centrales de capital extranjero, principalmente en Camagüey y Oriente, fomentaron el cultivo de “caña de administración” eliminando la posible creación de una clase de empresarios independientes agropecuarios que hubieran fortalecido las economías locales. El sistema de cultivo de la caña de azúcar empleado por los grandes centrales provocó el desarrollo del llamado latifundio azucarero y el monocultivo con el consiguiente empobrecimiento de las regiones en que se implantó. El monocultivo retrasó la diversificación del sector agrícola, elemento indispensable para el fortalecimiento de la economía nacional.  

Los grandes centrales de capital extranjero se ubicaron mayormente en las provincias orientales del país debido a la abundancia de terrenos cultivables. La densidad de población en esas provincias era menor que en el resto del país. En el censo de 1899 la densidad de población en las provincias tradicionalmente azucareras era la siguiente: Matanzas 24 habitantes por kilómetro cuadrado [Km²] y Santa Clara 16.7 habitantes por Km². Mientras tanto, la densidad en Camagüey y Oriente era de: 3.3 y 9 habitantes por Km². respectivamente6

Cuando comienzan a operar a plenitud los grandes centrales en las provincias orientales requirieron del gobierno el incremento de la inmigración de haitianos y jamaicanos para realizar labores agrícolas en sus colonias. Solo de 1921 a 1925 entraron 63 973 haitianos y 31 212 jamaicanos7. Los centrales al utilizar esta fuente inagotable de mano de obra barata provocaban el desplazamiento y proletarización del campesino cubano de su región con el consiguiente aumento de las tensiones sociales. 

Una posible solución a la crisis de desempleo del campesino cubano hubiera sido promover programas de asentamiento en terrenos del estado como los que se hicieron con inmigrantes de las Islas Canarias años antes. Desgraciadamente, la inercia e incapacidad de los gobernantes cubanos para enfrentar estos desajustes estructurales hizo posible que las crisis futuras fueran de mayor intensidad.

Notas

  1.  Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) págs. 92-93. ↩︎
  2.  Cuba, Review of Commercial, Industrial and Economic Conditions in 1919 (New York: The National City Bank of New York, 1919) pág. 3. Citado en Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami Press, 1963) pág. 449. ↩︎
  3. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami Press, 1963) pág. 550. ↩︎
  4. Julián Alienes Urosa, Características Fundamentales de la Economía Cubana, Banco Nacional de Cuba (La Habana: Editorial Cenit, 1950) pág. 38. ↩︎
  5. Alienes, pág 52. ↩︎
  6. U.S. Department of War, Census of Cuba, 1899 (Washington: Washington Printing Office, 1900). ↩︎
  7. Ramiro Guerra, Azúcar y Población en las Antillas (La Habana: Cultural, S.A., 1944) pág. 144. ↩︎

La industria azucarera en Cuba a principios del siglo XX

Cómo la intervención estadounidense tras 1898 impulsó la reconstrucción y el posterior auge de la industria azucarera cubana.

9–13 minutos

Por: Francisco J. Díaz Pou

Al finalizar la soberanía de España sobre sus últimas posesiones coloniales en el hemisferio americano en 1898 y asumir los Estados Unidos el control de esos territorios, la nación cubana estaba diezmada. La población de Cuba según el Censo de 1899 realizado por las autoridades norteamericanas de ocupación era de 1 572 797 habitantes1.  

Los análisis demográficos de la época demostraron que hubo un crecimiento apreciable de población entre 1887 y 1895, debido al incremento de la inmigración como resultado de la expansión de la industria azucarera. Sin embargo, la Guerra de Independencia, iniciada el 24 de febrero de 1895, produjo una disminución estimada, de 225.000 a 300.000 habitantes 2 . Esta pérdida de población se atribuye principalmente a la hambruna y epidemias desatadas por la concentración de la población en pueblos y ciudades controladas por las fuerzas armadas españolas. El objetivo de esta medida -la reconcentración- era privar a los insurrectos de todo tipo de apoyo popular e impedirles el acceso a fuentes de abastecimiento al destruir instalaciones y sembrados en territorios alejados del control de las fuerzas coloniales.

La industria azucarera y la Intervención norteamericana

La zafra azucarera de 1899 realizada bajo el Gobierno Interventor norteamericano solo alcanzó 345 872 toneladas métricas3, un descenso apreciable frente a las 1 086 262 producidas en 1894, la zafra previa al inicio de la guerra. La industria azucarera necesitaba una reorganización profunda para asegurar su existencia. En el campo agrícola, los cañaverales habían sido dañados por falta de atención debido a las acciones bélicas de los insurrectos. Además, los animales de trabajo, principalmente bueyes, desaparecieron durante la guerra, lo que impedía el reinicio de las labores agrícolas, la cosecha y el transporte – el llamado corte y tiro- de la caña hacia los centrales.  Las autoridades conscientes de la crisis facilitaron la adquisición de ganado vacuno, aunque de forma limitada, favoreciendo su importación principalmente desde Méjico.

La economía cubana dependía de los mercados externos para colocar sus productos principales -el azúcar y el tabaco- y para abastecer sus necesidades. El estado de las relaciones comerciales internacionales, en especial con los Estados Unidos e Inglaterra, estaba también en crisis. El azúcar proveniente de Cuba pagaba un arancel de 1.685 centavos de dólar por libra a su entrada en los Estados Unidos. Desde abril de 1899 el azúcar importado desde Puerto Rico y las Filipinas no estaba sujeto a este arancel. En el caso de la Gran Bretaña, el sistema de subsidios prevalente en los países europeos productores de azúcar de remolacha eliminaba a Cuba del mercado inglés. Además, los precios en el mercado estadounidense se mantenían bajos debido a la amplia oferta de azúcar proveniente de Java y de Europa.

Tanto el secretario de la Guerra, Elihu Root4, como el Gobernador Militar, General Wood5, quien había sustituido al General Brooke como Gobernador de la Isla, el 20 de diciembre de 1899, señalaron en sus respectivos informes la importancia de eliminar los aranceles impuestos a los productos cubanos para que el país pudiera iniciar su recuperación económica. 

A finales de 1899 se comenzó a gestar un movimiento en La Habana para promover la recuperación de la industria azucarera. Uno de sus objetivos era la eliminación de las barreras arancelarias impuestas por el gobierno norteamericano al azúcar cubano. Durante los años 1900 y 1901 varias comisiones de este grupo visitaron Washington. Ellos contaban con el respaldo del Gobernador Wood, así como del secretario Root.

La posición del poder ejecutivo norteamericano fue finalmente establecida cuando el presidente Theodore Roosevelt en su Mensaje a la Nación de 1901 presentado al Congreso lo urgió a conceder a Cuba, en materia comercial, un tratado que le permitiera iniciar el proceso de desarrollo económico y social necesario para lograr su estabilidad.   

Mientras esto ocurría en el plano económico, el Gobernador Wood ordenó el 25 de julio de 1900 la celebración de comicios para elegir delegados a una Convención encargada de redactar una Constitución que rigiera los destinos de la república independiente.

A principios de marzo de 1901 el Congreso norteamericano aprobó una enmienda al presupuesto del Ejercito presentada por el senador Orville Platt. La enmienda reflejaba el deseo del gobierno norteamericano de garantizar la seguridad de sus fronteras al impedir el acceso de potencias extracontinentales a territorios cercanos.  Estas preocupaciones -plasmadas en la Enmienda Platt- se materializaron sesenta años después, cuando el régimen de Fidel y Raúl Castro alentó y permitió la entrada en territorio cubano de tropas soviéticas con armas nucleares, hecho que desató la crisis de los misiles de octubre de1962 que hubiera provocado un cataclismo global.

Una parte sustancial de la opinión pública cubana consideraba que incluir la Enmienda Platt como documento adjunto a la Constitución era nocivo para la soberanía nacional. Esto fue planteado en las sesiones de la Asamblea Constituyente, pero ante la inflexibilidad de la posición estadounidense, la Asamblea tuvo solo dos opciones: la ocupación militar -como en Filipinas y Puerto Rico- o la inclusión de la Enmienda Platt como documento adjunto a la Constitución. El 12 de junio de 1901, la inclusión de la enmienda se aprobó con dieciséis votos a favor y once en contra.

La expansión azucarera en la era republicana

El 12 de diciembre de 1902 ya con una Cuba independiente, entró en vigor el Tratado de Reciprocidad que colocó al país en posición ventajosa para competir con el azúcar que ingresaba al mercado norteamericano. Este trato arancelario preferencial, junto con la pacificación del territorio nacional, el desarrollo de las comunicaciones -carreteras, ferrocarriles, telégrafo- y la erradicación de la fiebre amarilla creó condiciones para un aumento de la inversión extranjera en la industria azucarera y otras áreas económicas relacionadas con la misma. 

Como complemento esencial para el desarrollo económico del país se produjo un dramático aumento de la inmigración en el periodo iniciado desde el establecimiento del gobierno Interventor en 1899 hasta 1931 cuando la Gran Depresión frenó el auge económico global.

Al inicio de la República, el 20 de mayo de 1902, la zafra concluyó con 876 000 toneladas métricas de azúcar6 , sin igualar los niveles de producción de la zafra de 1894. En la zafra del 1902 participaron 171 centrales, la mayoría de los cuales estaban siendo sometidos a un proceso de reparación y modernización.  

Durante el Gobierno de Ocupación (1899-1902) diecisiete centrales con tecnología moderna se sumaron a las zafras: diez eran de empresas cubanas, seis estadounidenses y una española. Los seis centrales de capital estadounidense fueron precursores de grandes unidades productoras que, en los años siguientes se establecieron principalmente en las provincias de Camagüey y Oriente, capaces de producir un millón de sacos de azúcar por zafra. Ver Cuadro 1.

Desde el inicio de la República hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial la industria azucarera siguió expandiéndose. La zafra de 1905 superó la de 1894 con una producción de 1 209 000 toneladas métricas de azúcar7; participaron 174 centrales, cuatro de ellos recién incorporados (tres norteamericanos y uno cubano). La zafra de 1914 concluyó con una producción de 2 695 000 toneladas métricas de azúcar con 173 centrales participando. Durante los doce primeros años de República la producción anual azucarera se incrementó en un 207,5 % a pesar de que el número de centrales se mantuvo relativamente estable, prueba del impacto de la modernización tanto agrícola como industrial que se estaba implementando.

Se consolida la expansión azucarera

El estallido de la Primera Guerra Mundial en Europa aceleró la expansión de la industria azucarera cubana: los grandes países productores de azúcar de remolacha en Europa se envolvieron directamente en el conflicto. La Alemania Imperial, así como los Imperios Ruso y Austro-Húngaro vieron afectados sus respectivas industrias azucareras. La región remolachera francesa se convirtió en el campo de batalla de los ejércitos en pugna. De una producción de 805 000 toneladas en 1913-14 solo unas 100 000 se elaboraron en 1918-19198. La producción mundial de azúcar de remolacha cayó de 9 053 000 toneladas en 1913-1914 a 3 350 000 toneladas en 1919-19209

Cuba se convirtió en el suministrador confiable del mercado norteamericano debido a su eficiencia industrial y costos competitivos. En 1918 las entregas de azúcar cubano cubrieron el 53,8% del mercado norteamericano. 

Algunos elementos que hacían posible el aumento de su capacidad productiva, aparte de la inversión en nuevas técnicas de producción, eran: abundancia de tierra y una inmigración continua de haitianos, jamaicanos y europeos. Los inmigrantes del Caribe se ocupaban principalmente de labores agrícolas en las colonias de Camagüey y Oriente mientras que la parte industrial y de servicios fue satisfecha por inmigrantes europeos. Se estima que el 96% de los europeos eran españoles. 

Este crecimiento extraordinario fue financiado por la inversión extranjera principalmente norteamericana y un clima político nacional que la promovía. Según Ramiro Guerra, el hacendado individual casi desaparece en esta expansión azucarera y es sustituido por la corporación que es capaz de obtener recursos financieros de sus accionistas y el mercado de capital extranjero para construir grandes centrales. Se acentuó la concentración de centrales, pero se incrementó su producción.

La mayoría de estos nuevos centrales se ubicaron en las antiguas provincias de Camagüey y Oriente cuya densidad de población era inferior al resto del país y tenían extensas áreas de tierra cultivable. El método empleado generalmente fue el de fomentar colonias administradas directamente por la empresa o contratar a personas que se encargaran de esa función con un contrato de arrendamiento obligándolos a suministrar la caña al central. El control de la operación garantizaba una molienda constante y eficiente y evitaba que los colonos que al operar en tierras propias podían ofrecer sus cañas al mejor postor. Esa fue la razón fundamental que motivó a los grandes centrales azucareros el desarrollo de los que se comenzó a llamar el latifundio azucarero. En la zafra de 1925 los 183 centrales que participaron controlaban más de 170 873 caballerías de tierra, equivalentes a 22 931 kilómetros cuadrados, que representaban alrededor del 20% de la superficie del país10

La Danza de los Millones

A principios de 1917 Cuba inicia su participación nominal en la Primera Guerra Mundial junto a los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Canadá y otros aliados. La contribución cubana al esfuerzo bélico fue entregar su enorme producción azucarera. Esta acción fue muy apreciada por los Aliados ya que contribuyó a la alimentación de la población y también era un ingrediente importante en la fabricación de explosivos. Las zafras de 1918 y 1919 fueron vendidas en su totalidad a las entidades gubernamentales de los Aliados a precios inferiores a los que regían en el mercado mundial.

Desde finales de 1919 hasta mayo de 1920 los precios del azúcar alcanzaron niveles inesperados. En diciembre de 1919 concluyeron los contratos de venta de azúcar con las entidades gubernamentales norteamericanas y se reintrodujo el sistema de libre importación de azúcar. Esta nueva realidad del mercado unido al anuncio que se esperaba una disminución de la zafra de Cuba de menos de 600 000 toneladas métricas causado por la sequía, produjo un movimiento de alza de precios en Nueva York llegándose a pagar 23,57 centavos por libra el 19 de mayo de 1920. 

La tendencia alcista de precios se produjo en medio de la molienda, manteniéndose el precio del azúcar por encima de los 12 centavos de dólar por libra durante toda la zafra. Los colonos recibían el pago al precio del azúcar en los mercados internacionales correspondiente a la quincena en que entregaban las cañas al central. Esta situación produjo unos ingresos extraordinarios entre los colonos. Los obreros también se beneficiaron de los altos niveles de precios. Esta época fue conocida popularmente como “La Danza de los Millones”.

Los altos niveles de precios alcanzados en mayo de 1920 no se mantuvieron en los mercados internacionales y para el 28 de septiembre estaba a 10 centavos de dólar, el 31 de diciembre el azúcar se cotizaba a 5.32 centavos de dólar.

Esta desastrosa caída de precios provocó una crisis financiera que arrasó con la naciente banca comercial cubana; solo sobrevivió la banca internacional, principalmente norteamericana, que tenía la capitalización necesaria para enfrentar la crisis. Esto afectó la estabilidad de la industria azucarera lo que llevó a figuras importantes del país a considerar una reforma del modelo de desarrollo nacional en el que el azúcar jugaba un papel central.

Fuente: Anuario Azucarero de Cuba 1959, Cuba Económica y Financiera, La Habana, 1960.

Aunque algunos de estos centrales no molieron caña durante la crisis que sufrió la industria en la década de los 1930 todos estaban activos en la década de los 1950s.

*El único central que no reportó actividad durante la zafra de 1958 fue el Central Cabo Cruz, situado en Cabo Cruz, antigua provincia de Oriente en las estribaciones de la Sierra Maestra.

Notas:

  1.  U.S. Department of War, Census of Cuba, 1899. Washington, Government Printing Office, 1900. ↩︎
  2. Thomas, Hugh, Cuba: The Pursuit of Freedom. Harper and Row, 1971, pág. 423. ↩︎
  3.  Guerra, Ramiro: Azúcar y Población en las Antillas. Habana, Cultural, 1927, pág. 229 ↩︎
  4. The Military and Colonial Policy of the United States, Addresses and Reports, by Elihu Root, Collected and Edited by Robert Bacon and James Brown Scott, Cambridge, Harvard University Press, 1916, p. 174. Citado por Estudio sobre Cuba, University of Miami, 1963, p. 332. ↩︎
  5.  Civil Report of Cuba Military Governor, 1902, p. 11. Citado por Estudio sobre Cuba, University of Miami, 1963, p. 334. ↩︎
  6.  Anuario Azucarero de Cuba 1959, Cuba Económica y Financiera, La Habana, 1960, págs. 92 y 93. ↩︎
  7.  Ídem. ↩︎
  8.  Estudio sobre Cuba, University of Miami, 1963, pág. 445. ↩︎
  9. Anuario Azucarero de Cuba 1959, Cuba Económica y Financiera, La Habana, 1960, pág. 203. ↩︎
  10. Comisión Nacional de Estadísticas de Cuba, La Habana, mayo 1927. Citado por Ramiro Guerra, Azúcar y Población en las Antillas, 3ª. edición, Cultural, S.A., La Habana, 1944, pág. 81. ↩︎

De la tradición a la modernidad: la industria azucarera cubana en el siglo XIX

El artículo recorre los hitos que antes hicieron de Cuba líder mundial del azúcar y advierte sobre el profundo retroceso actual.

Un recorrido desde su apogeo en el siglo XIX hasta la crisis actual.

5–8 minutos

Por: Francisco J. Díaz Pou

El exministro de Economía y asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, José Luis Rodríguez, reconoció que en la zafra azucarera de 2023-2024 se planificó una producción de 412.000 toneladas métricas (TM) de azúcar. Sin embargo, solo se alcanzó el 39% de esa cifra —unas 160.000 TM—, debido principalmente a la falta de combustible y de piezas de repuesto para la maquinaria agrícola e industrial 1 .

Aunque parezca increíble, la zafra de 2023-2024 es comparable a la de los años 1841 a 1845, en la que el promedio anual de azúcar exportada rondó las 148.000 TM2. En el quinquenio siguiente, las exportaciones alcanzaron un promedio anual de 215.000 TM, reflejando así los primeros avances de la modernización de la industria azucarera cubana, que hasta finales del siglo XVIII se mantenía en un estado casi artesanal. Para ilustrar este punto, entre 1786 y 1790, las exportaciones anuales apenas promediaron 12.540 TM3.

A finales de 1791, Don Francisco de Arango y Parreño se encontraba en Madrid, en su calidad de Apoderado del Ayuntamiento de La Habana, realizando gestiones ante el Gobierno español. Al enterarse del levantamiento de esclavos en la vecina Haití (entonces la principal fuente de azúcar y café para Francia y gran parte de Europa), comprendió que Cuba podía sustituir a Haití como proveedor de esos importantes productos. Arango y Parreño solicitó al rey Carlos IV una audiencia para exponerle las implicaciones del levantamiento haitiano y su posible impacto en la Isla de Cuba. Fue convocado por la Junta Superior de Estado y el 25 de enero de 1792 presentó su Discurso sobre la Agricultura de La Habana y los medios de fomentarla4. Ese mismo año se concedió a Cuba una nueva Real Cédula que autorizaba el libre comercio de esclavos. En los 275 años anteriores, la entrada anual promedio de esclavos africanos a la Isla era de unos 330; de 1800 a 1865, el promedio anual subió a 5.9455.

La expansión del trabajo esclavo, tanto en el corte y transporte de la caña como en el sector industrial —donde se operaban los “trenes” (pailas para cocinar el guarapo) y otras etapas del proceso productivo, como el manejo de las casas de purga—, fue decisiva en el crecimiento de la industria azucarera de Cuba. Tal y como señala Ramiro Guerra en sus estudios, en 1818, al autorizarse la libertad de comercio extranjero, Cuba se convirtió en el primer productor mundial de azúcar. De acuerdo con Guerra, “el cetro que Haití empuñó en el siglo XVIII había pasado a nuestras manos” 6 . Los incentivos a la exportación de azúcar promovidos por la Metrópoli, gracias a la presión de la clase dirigente criolla y la creciente demanda del mercado norteamericano, permitieron que la producción de la zafra de 1864-65 alcanzara las 638.848 TM.

La modernización de la industria azucarera cubana se había iniciado en la segunda década del siglo XIX. En 1818 se introdujeron los primeros equipos de vapor para operar los trapiches, sustituyendo la fuerza animal (bueyes). Al año siguiente, el hacendado Pedro Diago realizó toda la zafra de su ingenio en Matanzas con máquinas de vapor. Durante la década de 1820, muchos de los llamados “centrales” —resultado de la consolidación de varios trapiches— empezaron a emplear maquinaria y métodos fabriles de origen europeo. Al carecer de recursos para adquirir esa tecnología, algunos propietarios se convirtieron en simples proveedores de caña, iniciando así la división del trabajo entre productores agrícolas (colonos) e industriales (hacendados).

Otros avances técnicos de la época incluyeron la inauguración en 1837 del primer ferrocarril de la Isla, que ayudó a transportar el azúcar hasta los puertos a menor costo, y la introducción del telégrafo en 1851 para agilizar la comunicación con los ingenios de todo el país. Además, en 1862 se publicó en La Habana la afamada obra del científico cubano Don Álvaro Reynoso, Ensayo sobre el Cultivo de la Caña de Azúcar. El Conde de Pozos Dulces calificó este libro como “la primera obra sobre la caña en que, metódicamente y con arreglo a un plan fijo, se estableció una armonía general entre el cultivo de la caña y las leyes de la agronomía”7.

Durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), muchos cañaverales e ingenios fueron destruidos, sobre todo en la región oriental de la Isla (antiguas provincias de Camagüey y Oriente) y, en menor escala, en la región central (Cienfuegos y Sagua). Aun así, en la zafra de 1877-1878 se lograron producir 549.200 TM8.

La industria azucarera entró luego en una etapa crítica. Aunque los precios internacionales del azúcar se mantuvieron relativamente estables hasta su brusca caída en 1884, varios factores complicaron la situación: la abolición de la esclavitud, la reconstrucción de los ingenios dañados por la guerra, las continuas sequías y los elevados impuestos que el Gobierno español imponía a Cuba para sufragar los costes de la contienda. Además, la debilidad del sistema crediticio de la Isla perjudicaba tanto a los hacendados como a los colonos. En informes enviados al Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1883 y 1884, los cónsules norteamericanos en Matanzas (David Vickers) y Cienfuegos (William Prince) describían la precaria situación financiera de los productores cubanos, agobiados por hipotecas y deudas a intereses ruinosos, sin contar con efectivo y crédito suficientes para afrontar sus gastos corrientes ni iniciar la molienda9.

A finales del siglo XIX, la producción de azúcar de remolacha europea —que contaba con subsidios estatales— inundó el mercado internacional, reduciendo drásticamente la cuota del azúcar de caña proveniente de zonas tropicales. El Círculo de Hacendados y Agricultores de la Isla de Cuba afirmó entonces que no cabía esperar un regreso estable a los precios relativamente altos de la década anterior, pues la producción europea podía expandirse rápidamente con menores costos que la industria cubana.

Pese a estas dificultades, en 1890 entró en vigor el Convenio Foster-Cánovas, que permitió el acceso preferencial del azúcar cubano al mercado estadounidense. Las zafras crecieron de 651.610 TM en 1890 a 1.086.041 TM en 1894. De acuerdo con el Censo de 1899, realizado por el Gobierno de los EE. UU. tras la ocupación de la Isla al término de la Guerra de Independencia, esa zafra de 1894 se produjo en 1.100 ingenios y trapiches distribuidos geográficamente de la siguiente manera:

  • Pinar del Río: 70
  • La Habana: 166
  • Matanzas: 434
  • Santa Clara: 332
  • Puerto Príncipe: 5
  • Santiago de Cuba: 93
  • Total: 1.100

En 1894 se modificó el sistema arancelario de los Estados Unidos con la entrada en vigor de la tarifa Wilson, que dejó sin efecto el Convenio Foster-Cánovas. Aun así, ese mismo año Estados Unidos continuó siendo el principal socio comercial de Cuba, concentrando el 64% del comercio bilateral, mientras que España ocupaba el segundo lugar con un 20,7%10. La imposición de la tarifa Wilson y el estallido de la Guerra de Independencia en febrero de 1895 redujeron drásticamente la zafra, que cayó en 51.500 TM con respecto al año anterior. Entre 1896 y 1898, la producción continuó mermando por la destrucción de ingenios y cañaverales. Según Ramiro Guerra, la zafra de 1898 apenas alcanzó las 305.543 TM.

A principios del siglo XIX, la industria azucarera de Cuba comenzó un prolongado proceso de transformación que la llevó de un estado artesanal a convertirse, a finales de ese siglo, en la mayor productora de azúcar del mundo. Este desarrollo fue posible gracias a la visión de la clase dirigente criolla, que supo superar las limitaciones del régimen colonial y adoptar las innovaciones características de la Revolución Industrial, las cuales impulsaban en Europa y los Estados Unidos un crecimiento económico y social sin precedentes.

Notas

  1.  Rodríguez, José Luis, Cuba Debate, La Habana, 11-02-2025. ↩︎
  2. de la Pezuela, Jacobo, Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba, Madrid, Imprentas del Establecimiento de Mellado y del Banco Industrial y Mercantil, 1863-66. Citado en Estudio sobre Cuba, pag. 178, Universidad de Miami, 1963. ↩︎
  3. Ídem.
    ↩︎
  4. Guerra, Ramiro, Azúcar y Población en las Antillas, 3ª. edición, La Habana, Cultural, S.A., 1944.
    ↩︎
  5. Aimes, Hubert H.S., A History of Slavery in Cuba, New York, 1907. ↩︎
  6.  Guerra, Ramiro, ídem.
    ↩︎
  7.  Estudio sobre Cuba, pag. 192, Grupo Cubano de Investigaciones Económicas, Universidad de Miami, 1963
    ↩︎
  8. Guerra, Ramiro, ídem
    ↩︎
  9. Vickers, David, Financial and Agricultural Conditions of Cuba. Report by Consul General D. Vickers of Matanzas, Consular Reports, November 1883. Citado en Estudio sobre Cuba, pag,198, Universidad de Miami, 1963. ↩︎
  10.  Estadística General del Comercio Exterior de la Isla de Cuba en 1894, Ministerio de Ultramar, Madrid, 1897.Citado en Estudio sobre Cuba, pág. 276, Universidad de Miami, 1963 ↩︎