Un recorrido desde su apogeo en el siglo XIX hasta la crisis actual.
Por: Francisco J. Díaz Pou
El exministro de Economía y asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, José Luis Rodríguez, reconoció que en la zafra azucarera de 2023-2024 se planificó una producción de 412.000 toneladas métricas (TM) de azúcar. Sin embargo, solo se alcanzó el 39% de esa cifra —unas 160.000 TM—, debido principalmente a la falta de combustible y de piezas de repuesto para la maquinaria agrícola e industrial 1 .
Aunque parezca increíble, la zafra de 2023-2024 es comparable a la de los años 1841 a 1845, en la que el promedio anual de azúcar exportada rondó las 148.000 TM2. En el quinquenio siguiente, las exportaciones alcanzaron un promedio anual de 215.000 TM, reflejando así los primeros avances de la modernización de la industria azucarera cubana, que hasta finales del siglo XVIII se mantenía en un estado casi artesanal. Para ilustrar este punto, entre 1786 y 1790, las exportaciones anuales apenas promediaron 12.540 TM3.
A finales de 1791, Don Francisco de Arango y Parreño se encontraba en Madrid, en su calidad de Apoderado del Ayuntamiento de La Habana, realizando gestiones ante el Gobierno español. Al enterarse del levantamiento de esclavos en la vecina Haití (entonces la principal fuente de azúcar y café para Francia y gran parte de Europa), comprendió que Cuba podía sustituir a Haití como proveedor de esos importantes productos. Arango y Parreño solicitó al rey Carlos IV una audiencia para exponerle las implicaciones del levantamiento haitiano y su posible impacto en la Isla de Cuba. Fue convocado por la Junta Superior de Estado y el 25 de enero de 1792 presentó su Discurso sobre la Agricultura de La Habana y los medios de fomentarla4. Ese mismo año se concedió a Cuba una nueva Real Cédula que autorizaba el libre comercio de esclavos. En los 275 años anteriores, la entrada anual promedio de esclavos africanos a la Isla era de unos 330; de 1800 a 1865, el promedio anual subió a 5.9455.
La expansión del trabajo esclavo, tanto en el corte y transporte de la caña como en el sector industrial —donde se operaban los “trenes” (pailas para cocinar el guarapo) y otras etapas del proceso productivo, como el manejo de las casas de purga—, fue decisiva en el crecimiento de la industria azucarera de Cuba. Tal y como señala Ramiro Guerra en sus estudios, en 1818, al autorizarse la libertad de comercio extranjero, Cuba se convirtió en el primer productor mundial de azúcar. De acuerdo con Guerra, “el cetro que Haití empuñó en el siglo XVIII había pasado a nuestras manos” 6 . Los incentivos a la exportación de azúcar promovidos por la Metrópoli, gracias a la presión de la clase dirigente criolla y la creciente demanda del mercado norteamericano, permitieron que la producción de la zafra de 1864-65 alcanzara las 638.848 TM.
La modernización de la industria azucarera cubana se había iniciado en la segunda década del siglo XIX. En 1818 se introdujeron los primeros equipos de vapor para operar los trapiches, sustituyendo la fuerza animal (bueyes). Al año siguiente, el hacendado Pedro Diago realizó toda la zafra de su ingenio en Matanzas con máquinas de vapor. Durante la década de 1820, muchos de los llamados “centrales” —resultado de la consolidación de varios trapiches— empezaron a emplear maquinaria y métodos fabriles de origen europeo. Al carecer de recursos para adquirir esa tecnología, algunos propietarios se convirtieron en simples proveedores de caña, iniciando así la división del trabajo entre productores agrícolas (colonos) e industriales (hacendados).
Otros avances técnicos de la época incluyeron la inauguración en 1837 del primer ferrocarril de la Isla, que ayudó a transportar el azúcar hasta los puertos a menor costo, y la introducción del telégrafo en 1851 para agilizar la comunicación con los ingenios de todo el país. Además, en 1862 se publicó en La Habana la afamada obra del científico cubano Don Álvaro Reynoso, Ensayo sobre el Cultivo de la Caña de Azúcar. El Conde de Pozos Dulces calificó este libro como “la primera obra sobre la caña en que, metódicamente y con arreglo a un plan fijo, se estableció una armonía general entre el cultivo de la caña y las leyes de la agronomía”7.
Durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), muchos cañaverales e ingenios fueron destruidos, sobre todo en la región oriental de la Isla (antiguas provincias de Camagüey y Oriente) y, en menor escala, en la región central (Cienfuegos y Sagua). Aun así, en la zafra de 1877-1878 se lograron producir 549.200 TM8.
La industria azucarera entró luego en una etapa crítica. Aunque los precios internacionales del azúcar se mantuvieron relativamente estables hasta su brusca caída en 1884, varios factores complicaron la situación: la abolición de la esclavitud, la reconstrucción de los ingenios dañados por la guerra, las continuas sequías y los elevados impuestos que el Gobierno español imponía a Cuba para sufragar los costes de la contienda. Además, la debilidad del sistema crediticio de la Isla perjudicaba tanto a los hacendados como a los colonos. En informes enviados al Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1883 y 1884, los cónsules norteamericanos en Matanzas (David Vickers) y Cienfuegos (William Prince) describían la precaria situación financiera de los productores cubanos, agobiados por hipotecas y deudas a intereses ruinosos, sin contar con efectivo y crédito suficientes para afrontar sus gastos corrientes ni iniciar la molienda9.
A finales del siglo XIX, la producción de azúcar de remolacha europea —que contaba con subsidios estatales— inundó el mercado internacional, reduciendo drásticamente la cuota del azúcar de caña proveniente de zonas tropicales. El Círculo de Hacendados y Agricultores de la Isla de Cuba afirmó entonces que no cabía esperar un regreso estable a los precios relativamente altos de la década anterior, pues la producción europea podía expandirse rápidamente con menores costos que la industria cubana.
Pese a estas dificultades, en 1890 entró en vigor el Convenio Foster-Cánovas, que permitió el acceso preferencial del azúcar cubano al mercado estadounidense. Las zafras crecieron de 651.610 TM en 1890 a 1.086.041 TM en 1894. De acuerdo con el Censo de 1899, realizado por el Gobierno de los EE. UU. tras la ocupación de la Isla al término de la Guerra de Independencia, esa zafra de 1894 se produjo en 1.100 ingenios y trapiches distribuidos geográficamente de la siguiente manera:
- Pinar del Río: 70
- La Habana: 166
- Matanzas: 434
- Santa Clara: 332
- Puerto Príncipe: 5
- Santiago de Cuba: 93
- Total: 1.100
En 1894 se modificó el sistema arancelario de los Estados Unidos con la entrada en vigor de la tarifa Wilson, que dejó sin efecto el Convenio Foster-Cánovas. Aun así, ese mismo año Estados Unidos continuó siendo el principal socio comercial de Cuba, concentrando el 64% del comercio bilateral, mientras que España ocupaba el segundo lugar con un 20,7%10. La imposición de la tarifa Wilson y el estallido de la Guerra de Independencia en febrero de 1895 redujeron drásticamente la zafra, que cayó en 51.500 TM con respecto al año anterior. Entre 1896 y 1898, la producción continuó mermando por la destrucción de ingenios y cañaverales. Según Ramiro Guerra, la zafra de 1898 apenas alcanzó las 305.543 TM.
A principios del siglo XIX, la industria azucarera de Cuba comenzó un prolongado proceso de transformación que la llevó de un estado artesanal a convertirse, a finales de ese siglo, en la mayor productora de azúcar del mundo. Este desarrollo fue posible gracias a la visión de la clase dirigente criolla, que supo superar las limitaciones del régimen colonial y adoptar las innovaciones características de la Revolución Industrial, las cuales impulsaban en Europa y los Estados Unidos un crecimiento económico y social sin precedentes.
Notas
- Rodríguez, José Luis, Cuba Debate, La Habana, 11-02-2025. ↩︎
- de la Pezuela, Jacobo, Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba, Madrid, Imprentas del Establecimiento de Mellado y del Banco Industrial y Mercantil, 1863-66. Citado en Estudio sobre Cuba, pag. 178, Universidad de Miami, 1963. ↩︎
- Ídem.
↩︎ - Guerra, Ramiro, Azúcar y Población en las Antillas, 3ª. edición, La Habana, Cultural, S.A., 1944.
↩︎ - Aimes, Hubert H.S., A History of Slavery in Cuba, New York, 1907. ↩︎
- Guerra, Ramiro, ídem.
↩︎ - Estudio sobre Cuba, pag. 192, Grupo Cubano de Investigaciones Económicas, Universidad de Miami, 1963
↩︎ - Guerra, Ramiro, ídem
↩︎ - Vickers, David, Financial and Agricultural Conditions of Cuba. Report by Consul General D. Vickers of Matanzas, Consular Reports, November 1883. Citado en Estudio sobre Cuba, pag,198, Universidad de Miami, 1963. ↩︎
- Estadística General del Comercio Exterior de la Isla de Cuba en 1894, Ministerio de Ultramar, Madrid, 1897.Citado en Estudio sobre Cuba, pág. 276, Universidad de Miami, 1963 ↩︎
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