El fin de la expansión de la industria azucarera en Cuba

En la segunda década del siglo pasado, luego de una expansión sin precedentes, la industria azucarera se enfrentó a un período de inestabilidad para la cual tanto ella como el gobierno no estaban preparados.

6–9 minutos

Por: Francisco Díaz Pou

En la segunda década del siglo pasado, luego de una expansión sin precedentes, la industria azucarera se enfrentó a un período de inestabilidad para la cual tanto ella como el gobierno no estaban preparados.

La producción azucarera del país aumentó un 430%, entre 1902 y 1927 1 , gracias a un clima de relativa estabilidad política al cesar la insurrección y la disminución de los niveles de violencia en los campos. Esto propició un medio ambiente atractivo a la inversión extranjera unida a una política económica de laissez faire

La inversión extranjera en la industria azucarera era principalmente estadounidense. Según estimados de la banca de New York, en 1919 la inversión norteamericana oscilaba entre el 40 y el 50% de un total de $600 millones de USD en que valoraban la industria cubana. En los estimados se incluían los centrales, equipos ferroviarios y colonias de caña de su propiedad o arrendadas por las empresas2. El total de las inversiones norteamericanas en Cuba en 1911 ascendía a $205 millones de dólares, años más tarde, en 1927, alcanzaba la cifra de $1 140 millones3.

Otro de los elementos que influyó en la expansión de la industria azucarera fue una fuerte corriente migratoria proveniente de Europa, mayormente españoles [96%] y braceros antillanos de Haití y Jamaica dedicados a trabajos agrícolas. Según Julián Alienes, de 1902 a 1930 entraron al país 1 084 000 inmigrantes masculinos y unas 196 000 mujeres4. Estas cifras se aproximan a las de los censos oficiales realizados durante ese periodo de tiempo. Esta inmigración masiva hizo posible el desarrollo acelerado de la industria azucarera ya que el país no poseía la fuerza laboral para emprender tal acción en tan corto tiempo. 

La expansión de la industria azucarera trajo consigo un aumento del ingreso nacional. Al realizar los ajustes por variaciones en los precios, el aumento entre 1903 y 1924 fue de un 250%.5 Esto permitió incrementar la capacidad de importar bienes y servicios, lo que hizo posible cubrir las necesidades de consumo de la población y la industria. Es conveniente señalar que en ese momento Cuba era el clásico ejemplo del principio económico de las “ventajas comparativas”. El país producía el azúcar a un costo que competía favorablemente en los mercados internacionales y obtenía los recursos para adquirir los productos necesarios para su desarrollo económico.

La intervención estatal en la industria azucarera

La Primera Guerra Mundial forzó al Gobierno a iniciar su intervención en la industria azucarera. En 1915 se obligó a los corredores [agentes] de azúcares a cotizar sus ventas en moneda nacional o norteamericana e informar diariamente al Ministerio de Agricultura, Comercio y Trabajo. Esas cotizaciones se utilizaban para el cálculo de los pagos a los colonos.

Las relaciones entre hacendados y colonos fueron objeto de regulaciones en 1921 y 1922. El gobierno amplió su control de los procedimientos en uso para la compensación a los colonos por la caña entregada a los centrales. La Ley No. 2 de 1922 reconoció el derecho del colono sobre sus cañas y cepas en terrenos arrendados y permitió que pudiera poner las cañas y cepas en garantía para obtener financiamiento para sus labores agrícolas.   

Durante la década de 1920 la intervención del gobierno en la industria azucarera fue en aumento. El 2 de mayo de 1926 se aprobó una ley conocida como la Ley Verdeja, que redujo en un 10% los estimados de producción de la zafra en curso. Además, autorizó al Poder Ejecutivo a fijar la fecha de las dos próximas zafras, el monto total de las mismas y las cuotas de producción de cada central. También, obligaba a los ingenios a establecer una proporcionalidad entre las cañas propias [cañas por administración] y la de sus colonos.

El 4 de octubre de 1927 el Congreso aprobó la Ley para la Defensa del Azúcar, conocida popularmente como la Ley Tarafa. Esta ley creó los organismos y procedimientos para regular en mayor grado la industria azucarera. La Comisión para la Defensa del Azúcar estaba a cargo del asesoramiento al Poder Ejecutivo en lo concerniente a la fecha de inicio de la zafra y su volumen; el otro organismo era la Compañía Exportadora de Azúcar de Cuba, S.A. cuya única función era la venta de azúcar en el mercado mundial. Ambos organismos contaban con la participación de los hacendados y en menor grado los colonos.

A lo largo de la década de los años 20 la relación de la industria azucarera con el Gobierno pasó de un estado de no intervención a uno de alta regulación por parte del poder central en respuesta a las sucesivas crisis que enfrentó la industria. Esta participación del Estado se produjo a instancias de los sectores agrícola [colonos] e industrial [hacendados] que según ellos no podían darle solución a las crisis exógenas producidas principalmente por la variación de precios en el mercado internacional y las políticas arancelarias existentes.

La inversión extranjera en la industria azucarera y sus efectos en el país

La clase empresarial azucarera del siglo XIX había sido diezmada por los años de guerras independentistas y la falta de apoyo financiero institucional para implementar la urgente modernización de sus ingenios.

Luego de la pacificación de Cuba, su situación geográfica, que permitía el fácil acceso al mercado norteamericano, fue uno de los elementos que influyó en el movimiento de los capitales extranjeros hacia el país. 

Lamentablemente, los gobernantes cubanos no previeron los impactos, tanto positivos como negativos, que esta transferencia de capital extranjero iba a tener en las estructuras económicas, sociales, y finalmente políticas de la nación. Ellos no prepararon al país para asimilar estas transformaciones en una forma ordenada. 

El llamado “crac bancario” de 1920 fue un claro ejemplo de la ausencia de medidas gubernamentales para resolver la crisis. Las que se tomaron tuvieron un efecto contraproducente. La banca nativa casi desapareció del panorama nacional por más de dos décadas, produciendo un retraso en el desarrollo económico del país.

Debido a la falta de preparación para enfrentar las crisis que se presentaban, se concluyó esta etapa de expansión de la industria azucarera con una gran parte de los medios de producción en manos de empresas extranjeras.  Como era de esperar, el interés primario de estas empresas no era el progreso de la nación cubana sino obtener el mayor rendimiento para sus capitales invertidos.

Ante la imperiosa necesidad de asegurar su materia prima, los grandes centrales de capital extranjero, principalmente en Camagüey y Oriente, fomentaron el cultivo de “caña de administración” eliminando la posible creación de una clase de empresarios independientes agropecuarios que hubieran fortalecido las economías locales. El sistema de cultivo de la caña de azúcar empleado por los grandes centrales provocó el desarrollo del llamado latifundio azucarero y el monocultivo con el consiguiente empobrecimiento de las regiones en que se implantó. El monocultivo retrasó la diversificación del sector agrícola, elemento indispensable para el fortalecimiento de la economía nacional.  

Los grandes centrales de capital extranjero se ubicaron mayormente en las provincias orientales del país debido a la abundancia de terrenos cultivables. La densidad de población en esas provincias era menor que en el resto del país. En el censo de 1899 la densidad de población en las provincias tradicionalmente azucareras era la siguiente: Matanzas 24 habitantes por kilómetro cuadrado [Km²] y Santa Clara 16.7 habitantes por Km². Mientras tanto, la densidad en Camagüey y Oriente era de: 3.3 y 9 habitantes por Km². respectivamente6

Cuando comienzan a operar a plenitud los grandes centrales en las provincias orientales requirieron del gobierno el incremento de la inmigración de haitianos y jamaicanos para realizar labores agrícolas en sus colonias. Solo de 1921 a 1925 entraron 63 973 haitianos y 31 212 jamaicanos7. Los centrales al utilizar esta fuente inagotable de mano de obra barata provocaban el desplazamiento y proletarización del campesino cubano de su región con el consiguiente aumento de las tensiones sociales. 

Una posible solución a la crisis de desempleo del campesino cubano hubiera sido promover programas de asentamiento en terrenos del estado como los que se hicieron con inmigrantes de las Islas Canarias años antes. Desgraciadamente, la inercia e incapacidad de los gobernantes cubanos para enfrentar estos desajustes estructurales hizo posible que las crisis futuras fueran de mayor intensidad.

Notas

  1.  Anuario Azucarero de Cuba 1959 (La Habana: Cuba Económica y Financiera, 1960) págs. 92-93. ↩︎
  2.  Cuba, Review of Commercial, Industrial and Economic Conditions in 1919 (New York: The National City Bank of New York, 1919) pág. 3. Citado en Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami Press, 1963) pág. 449. ↩︎
  3. Estudio sobre Cuba (Miami: University of Miami Press, 1963) pág. 550. ↩︎
  4. Julián Alienes Urosa, Características Fundamentales de la Economía Cubana, Banco Nacional de Cuba (La Habana: Editorial Cenit, 1950) pág. 38. ↩︎
  5. Alienes, pág 52. ↩︎
  6. U.S. Department of War, Census of Cuba, 1899 (Washington: Washington Printing Office, 1900). ↩︎
  7. Ramiro Guerra, Azúcar y Población en las Antillas (La Habana: Cultural, S.A., 1944) pág. 144. ↩︎

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