Cuba y la religión, 1959‑2025: apuntes sobre un fracaso ideológico

La prensa ya no glorifica el régimen: su fracaso económico y el inesperado vigor religioso presagian un colapso total tras 66 años de gobierno castrista.

8–12 minutos

Por: Marcos Antonio Ramos

La prensa internacional, con excepciones muy escasas, ha dejado de glorificar “triunfos” y “avances” de la política oficial del régimen establecido en Cuba en 1959. Al menos no lo hace con la extensión y frecuencia utilizadas en otras épocas. Curiosamente, una mirada de cerca al panorama del fenómeno que nos ocupa en estos apuntes nos revelará asuntos que quizás hayan sido desatendidos. El fracaso económico y social de más de medio siglo no debe servir para ocultar otras situaciones.

Cuba ya presenta suficientes elementos para asegurar a los observadores imparciales acerca de la proximidad de una paralización en casi todos los aspectos fundamentales de la vida nacional. Enumerar las razones, por ser ellas tan evidentes, es prácticamente innecesario. Y a la paralización seguirá un caos absoluto, preludio y confirmación anticipada del derrumbe de todos los controles ejercidos en el experimento totalitario de 66 años.

Aún así, es posible distinguir señales que indican hacia un futuro diferente. A pesar de todas las medidas represivas y de los intentos por mostrar lo contrario, la comunidad religiosa, tanto en lo institucional como en lo numérico, ha sobrevivido casi siete décadas de un secularismo decadente. Solo la palabra fracaso caracteriza y define la política oficial hacia la religión en Cuba.

En diversos períodos se han formulado elogios y también acusación en relación con la política religiosa del régimen cubano. Pero casi siete décadas es mucho tiempo. Las visitas papales y la del reverendo Jesse Jackson, así como la proclamación de un “estado laico” en 1992, la “autorización” para celebrar públicamente la Navidad y algunas medidas adicionales, aquí y allá, han hecho que, hasta cierto punto, el espacio dedicado al tema haya sido dedicado a otro tipo de noticias.

En cuanto al entorno de las relaciones Iglesia/Estado, el mayor número de informaciones se ha concentrado casi exclusivamente en “concesiones” coyunturales y en reducir al mínimo el impacto que pudiera tener el ambiente religioso en el futuro del país. Utilizando el lenguaje bíblico, «el fin del discurso oído» es que la comunidad religiosa es hoy sumamente superior numéricamente y en actividad a la que una vez los castristas definieron como un “prometedor” proceso de reclutamiento del Partido Comunista, que todavía ejerce el poder en Cuba.

Como ya hemos dado a entender desde los inicios de este trabajo, si nos trasladamos a otros asuntos, resalta, sobre todo, el cada día más evidente fracaso económico de la revolución castrista. En 2025, y en décadas recientes, la población ha carecido literalmente de todo. A esto puede añadirse de manera especial la escandalosa ruina de la producción azucarera y de la agricultura en su totalidad.

Ante nosotros, ya en vísperas de que sea total la paralización del país, el más completo fracaso ya reconocido es la catástrofe económica representada por décadas de fidelismo, comunismo, revolución, o la designación que se prefiera. Los logros que se atribuían en el pasado en aspectos educativos y sanitarios son ahora mejor comprendidos y no coinciden con la propaganda oficial, pero ese desastre económico prevalece en muchas evaluaciones. Y es fácil comprenderlo.

No se trata de dirigir toda la atención a algún personaje encargado de supervisar o ejecutar las disposiciones oficiales al respecto. En nuestro caso, nos corresponde el religioso. El asunto va mucho más allá de todo eso. Para aproximarse al tema es necesario acudir a un recuento de lo acontecido. La situación de la religión y la política oficial hacia la misma no deben subestimarse.

El presente trabajo no pretende agotar el tema. Por espacio de décadas hemos escrito sobre el tema religioso en Cuba, pero prescindiremos de datos que se han ido acumulando y pasaremos por alto infinidad de detalles. Utilizar los materiales acumulados por el autor desde su entrada en el mundo académico en los años setenta del pasado siglo XX haría demasiado larga, y hasta innecesaria, esta presentación. Preferimos presentarla a modo de apuntes. No pretendemos mencionar todos los nombres, acontecimientos y situaciones, los cuales corresponden al nivel de amplio ensayo o de todo un libro.

La inspiración para este artículo procede de personas interesadas en la materia y se relaciona con un artículo, titulado «La lucha ideológica contra las sectas religiosas», publicado por Blas Roca (Francisco Calderío) en la revista Cuba Socialista en la edición de junio de 1953. El peso realidad del mismo recae sobre las llamadas “sectas” y no sobre el protestantismo histórico o el catolicismo, pero permite visualizar todo un mundo de ilusiones que no se convirtieron en enes.

No dudamos de la capacidad política del fallecido dirigente del Partido Comunista en sus diversos períodos (PC, URC, PSP y  PCC). Durante décadas, Roca logró mantener la actividad del partido contra viento y marea. Curiosamente, pudieran señalarse sus buenas relaciones de otras épocas con creyentes del espiritismo y otras manifestaciones compatibles con ese sistema de creencias en su nativo Manzanillo, pero su militancia ateísta aumentó después del triunfo de la revolución castrista en 1959.

Esa “lucha ideológica” parecía imparable al escribirse el artículo en cuestión. Utilizando varias investigaciones, puede afirmarse que la “lucha ideológica” terminó con un rotundo fracaso. Por citar un solo dato, nunca antes la asistencia a los templos, que llegó casi al mínimo en 1963, ha tenido por resultado, si lo queremos ver así, que haya más cubanos asistiendo a la misa católica, un crecimiento fenomenal del protestantismo y la difusión mayoritaria en algunos ambientes populares de una creencia religiosa sincrética a todo lo largo y ancho del país. Entremos, pues, en materia.

Antecedentes

Al ir tomando forma, a partir de 1952, la oposición al gobierno encabezado por el general Fulgencio Batista, un número considerable de laicos, así como de clérigos, se integró a esfuerzos de oposición que iban desde declaraciones y participación en movimientos opositores hasta llegar a un apoyo condicional, o casi incondicional, a la llamada resistencia y a la insurrección.

Un golpe de Estado llevado a cabo el 10 de marzo de 1952 y que fue organizado originalmente por elementos militares insatisfechos con la administración del presidente Carlos Prío, llevó de nuevo a la Jefatura del Estado al exmandatario, y entonces senador, Fulgencio Batista. Un nuevo panorama iba tomando forma en el país. A pesar del impacto causado por la interrupción del ritmo constitucional, el país continuó progresando, la sociedad civil continuó siendo una realidad fundamental y las tradiciones del pueblo se mantuvieron.

Se produjo en amplios sectores una reacción negativa al golpe, evidenciada, entre otros aspectos, por la posición de personalidades católicas y protestantes. Pero importantes líderes eclesiásticos, entre los cuales se destacaba el cardenal Manuel Arteaga, máxima figura del catolicismo en Cuba, enviaron mensajes de saludo al nuevo gobernante. El cardenal Arteaga llegó a hacer elogios en su comunicado al general presidente.

El 20 de marzo, pocos días después del golpe de Estado, el más alto prelado de la Iglesia en Cuba se dirigió oficialmente al nuevo mandatario de la siguiente manera: “Constituido ya su Gobierno, bajo su digna dirección, cúmpleme presentarle, en mi carácter de Arzobispo Metropolitano de La Habana, en mi nombre y en el del Episcopado cubano nuestros mejores votos en pro del orden, la justicia y la paz nacionales. Juntamente expreso mis respetos personales a los demás miembros de su Gobierno”. El Estado Vaticano fue uno de los primeros en reconocer diplomáticamente el nuevo Gobierno.

Estudiantes matriculados en los cientos de colegios católicos y protestantes del país se unieron frecuentemente a los de las escuelas públicas y sobre todo a la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y otras entidades estudiantiles en manifestar de alguna manera su descontento con el golpe de Estado. Esto no debe generalizarse, pero sí documentarse. Ahora bien, la mayoría de la población no participó activamente en el rechazo al acontecimiento. La ausencia de un apoyo mayoritario no oculta otros detalles. Puede hablarse hasta de cierta indiferencia. Un amplio sector, quizás mayoritario, también rechazaba al gobierno derrocado y a otros líderes políticos, incluso integrantes de la oposición.

Independientemente del estilo tradicional y diplomático de la dirigencia eclesiástica, algunos católicos iniciaron protestas contra la nueva situación, produciéndose una manifestación de protesta encabezada por católicos de la ciudad de Guanajay y otros en algunos lugares del país. La oposición de algunos laicos evangélicos también se notó en otros sitios del interior.

Pero Batista respetó la libertad de cultos sin discriminar a ninguna denominación religiosa. Numerosas instituciones católicas recibieron amplias contribuciones económicas del Estado cubano. Sería, sin embargo, entre ellas que surgirían algunos de sus más denodados oponentes, tanto en aspectos cívicos como en los de resistencia e insurrección. Pocos años después de lo ocurrido en 1952, los dos líderes más mencionados después de Fidel Castro serían el católico practicante José Antonio Echevarría y el maestro de escuela y predicador laico bautista Frank País. Este último fue considerado, durante muchos meses, como la segunda figura de la insurrección.

La lista de opositores notables al régimen incluía a algunos de los católicos más conocidos del país, como Andrés Valdespino, o evangélicos como el doctor Llerena. Con la muerte de Frank País, otro evangélico, el médico Faustino Pérez, pasó a encabezar la resistencia en las ciudades. El líder de la Federación de Estudiantes Universitarios, Echeverría, encabezó un ataque al Palacio Presidencial. Un cargamento de armas relacionado con las múltiples actividades del doctor Pérez fue encontrado en un local presbiteriano en La Habana.

Declaraciones del episcopado católico en los años 1957 y 1958 pudieran interpretarse como peticiones de cambio de gobierno, al principio, y luego de renuncia a sus cargos por parte de Batista y sus altos funcionarios. Meses después, las firmas de la directiva de la Acción Católica y de otras organizaciones con esa afiliación religiosa, así como la del Concilio Cubano de Iglesias Evangélicas, constituyeron específicamente solicitudes de la renuncia inmediata del gobierno. El Concilio de Iglesias y la Acción Católica estaban integrados en ese esfuerzo a las otras organizaciones del prestigioso Conjunto de Instituciones Cívicas de Cuba, institución de la cual era secretario ejecutivo un prominente pastor evangélico de afiliación presbiteriana.

Al producirse en enero de 1959 el triunfo de la revolución castrista, todo aparentaba ser favorable a las relaciones Iglesia/Estado. Con pocas excepciones no se notaba oposición religiosa al régimen. Es más, antes de terminar el año 1959 se celebró un multitudinario Congreso Nacional Católico en La Habana, en el cual se atacó el comunismo, pero no a la revolución. Funcionarios tan significativos como Fidel Castro y el recién designado presidente Osvaldo Dorticós estuvieron presentes.

Ya se habían celebrado en la capital y otras ciudades reuniones de católicos o de protestantes en las cuales se combinaba la oposición al comunismo y el apoyo a la revolución. El gobierno prometía mantener el laicismo en las escuelas y entidades públicas (situación existente en Cuba desde los inicios de la República), pero otorgaría el mayor grado de libertad religiosa imaginable.

Los colegios religiosos católicos se contaban por cientos y los protestantes poseían mucho más de cien. Al principio no se les molestó. Los conflictos originales con la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva en La Habana parecieron resueltos con la designación de monseñor Eduardo Boza Masvidal como rector. Pero el panorama estaba a punto de cambiar radicalmente.

Deja un comentario

Descubre más desde Caribbean Basin Research Institute

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo