Panorama económico, social y geopolítico de Cuba en el contexto contemporáneo

Cuba ocupa la última posición en PIB per cápita de la región caribeña, por debajo incluso de Haití. Este análisis examina las causas internas y los factores geopolíticos externos que sostuvieron al castrismo durante casi siete décadas, y las señales de que ese modelo ha llegado a su límite histórico.

Por: Francisco Díaz Pou

Panorama regional y deterioro social

Mientras Cuba atraviesa una crisis económica y social sumamente grave, resulta necesario comparar su realidad con la de los países vecinos en la Cuenca del Caribe. Al examinar los datos elaborados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se obtiene una visión equilibrada sobre el estado de la región durante el año 2025.

El desgaste económico y social experimentado por Cuba a lo largo de sesenta y siete años de régimen castrista es palpable. En el ámbito económico, el país pasó de ocupar una posición líder en la región a situarse, según el estudio de la CEPAL, en el puesto decimocuarto, con un Producto Interno Bruto (PIB) inferior al de Haití, Jamaica, Nicaragua, Honduras y las Bahamas. En contraste, la economía de República Dominicana era once veces mayor que la de Cuba en dicho estudio.

Al analizar el PIB per cápita de los diecisiete países que conforman la región, Cuba se ubica en la última posición, con un valor a precios corrientes de 1 009 dólares por habitante. El per cápita de Haití a precios corrientes es de 2 756 dólares. Los datos recopilados por la CEPAL, organismo vinculado a las Naciones Unidas, reflejan la magnitud del desastre económico y social resultante del control absoluto ejercido por la familia Castro sobre el pueblo cubano.

Al examinar la crisis provocada por el Castrismo en Cuba, nos preguntamos: ¿Cómo es posible que esto haya estado ocurriendo por casi siete décadas?

Para resumir tantos elementos que han concurrido para que se produzca esta situación tan compleja, dividamos el análisis en dos partes. Una, la situación interna, y la otra, los factores externos que hicieron posible la permanencia de la familia Castro ejerciendo un poder pleno sobre la sociedad cubana.

Situación interna

En la Cuba republicana, tanto en la práctica como en el imaginario popular, las disputas políticas a menudo se dirimían mediante alguna forma de lucha armada. Así, el recurso a la violencia armada se convirtió en una vía recurrente para canalizar la oposición al poder, y el castrismo no fue una excepción a este fenómeno.

La salida precipitada de Fulgencio Batista de Cuba, ocurrida el 1.º de enero de 1959, generó un profundo vacío político en el país. Esta ausencia de liderazgo y dirección fue rápidamente aprovechada por Fidel Castro y sus seguidores. Este acontecimiento no fue un hecho aislado, sino el resultado visible de una crisis política que afectaba a las clases dirigentes cubanas desde hacía varios años.

La campaña de terror implementada por el castrismo tan pronto como tomó control del país desencadenó un éxodo masivo de los sectores empresariales, profesionales, comerciantes e intelectuales. La salida de estos grupos fundamentales propició un empobrecimiento notable de la sociedad cubana, eliminando gran parte de su capital humano y debilitando la estructura social y económica del país.

La imposibilidad de organizar una oposición efectiva y de alcance nacional en Cuba ha estado directamente vinculada al ejercicio sistemático del terrorismo de Estado por parte del régimen castrista. Desde el momento en que el castrismo consolidó su control, la población se ha visto sometida a un ambiente de miedo permanente. Este temor se manifiesta a través de la represión, la vigilancia constante y la amenaza de consecuencias severas para quienes intenten desafiar la autoridad del Estado. Así, el miedo y el control ejercido sobre la sociedad cubana han perpetuado el dominio absoluto del castrismo, dejando a la población sin espacio ni recursos para articular una alternativa política viable.

Factores externos que han propiciado la permanencia del castrismo

La existencia de una marcada bipolaridad en el mundo tras la Segunda Guerra Mundial, que perduró durante siete décadas, fue determinante para la longevidad del régimen castrista. La llamada Guerra Fría estuvo caracterizada por la Política de la Contención, impulsada por Estados Unidos, y la política de expansión, promovida por la Unión Soviética. La aplicación global de estas estrategias generó zonas de influencia y áreas de fricción entre ambos polos, afectando directamente el devenir de Cuba.

La política norteamericana de la contención

Estados Unidos mantenía una política de Negligencia Benigna en sus relaciones con la América Latina y el Caribe. La atención de los círculos de poder en Washington estaba centrada en Europa y la cuenca del Pacífico, lo que permitió que un segmento de la llamada Generación del Centenario, de corte radical y gansteril, asumiera el control de Cuba debido a la crisis de gobernabilidad causada por los errores de sus predecesores, la Generación de 1933.

El nuevo régimen instaurado en enero de 1959 era claramente personalista, centrado en la figura de Fidel Castro, un joven abogado de treinta y tres años sin experiencia legal o administrativa y mucho menos en el área gubernamental. De hecho, nunca había ejercido su profesión de forma continua en un bufete de abogados ni en una empresa pública o privada. En el caso de Raúl Castro, no había finalizado su educación secundaria. Como es costumbre en estos casos, los centros de estudio en Washington realizaron un exhaustivo análisis de la personalidad de Fidel Castro y del modo en que operaba con el resto de su equipo de gobierno.

En 1959, los hermanos Castro, enfrentados a la disyuntiva de cumplir las promesas de restaurar el modelo democrático liberal vigente antes del golpe de Estado que devolvió el poder a Fulgencio Batista, optaron por instaurar un modelo totalitario. Para lograr su objetivo, insertaron a Cuba en la dinámica de la Guerra Fría, posicionándola en una zona de fricción similar a la entonces perenne crisis de Berlín.

Cuando los Castros comenzaron a desplazar a Cuba del área de influencia norteamericana hacia la soviética, Washington abandonó la política de la Negligencia Benigna y adoptó la de la Contención, vigente contra el Bloque Soviético.

Tras la Crisis de los Misiles en 1962, la política estadounidense se inclinó por reforzar la política de Contención, conocida entre los exiliados cubanos como la «política de la vitrina». Dicha política estaba basada en la premisa de que los Castros eran incapaces de fomentar un modelo de gobierno que permitiera el continuo desarrollo del proceso de modernización de la sociedad cubana y que el modus operandi que estaban empleando traería la ruina del país.

A finales de 1959, la mayoría del Consejo de Ministros y figuras relevantes del gabinete del régimen habían sido reemplazadas por personas con poca experiencia o preparación técnica, cuyo único mérito era su incondicionalidad al líder máximo. Un caso emblemático fue la salida de Felipe Pazos de la presidencia del Banco Nacional de Cuba, quien fue sustituido por Ernesto «Che» Guevara, un aventurero argentino sin formación económica formal que conoció a los Castro en México luego de deambular por varios países de la América Latina al finalizar sus estudios de medicina en su país natal. Pazos había participado, como miembro de la delegación cubana, en la Conferencia de Bretton Woods. Posteriormente había sido el economista jefe del Fondo Monetario Internacional para la América Latina antes de regresar a Cuba para fundar el Banco Nacional de Cuba [Banco Central].

Los hermanos Castro retiraron a Cuba del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, y declinaron la participación en la creación del Banco Interamericano de Desarrollo. Décadas después, Cuba es el único país de América sin acceso a estas fuentes de financiamiento y asistencia técnica, lo que ha obstaculizado su desarrollo y modernización económica. Este aislamiento, impuesto por Fidel Castro antes de la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y otros países del continente, definió el futuro económico de Cuba hasta el presente.

Por otro lado, la política de Contención adoptada por Estados Unidos frente al régimen cubano consiste en mantener una vigilancia constante y en esperar que las condiciones internas del país lleven eventualmente a un cambio, en lugar de intervenir de manera directa. Así, se busca que el propio desgaste del régimen, producto de sus propias contradicciones y limitaciones, propicie una transformación futura en Cuba.

La Política de Expansión Soviética/rusa y Cuba

Durante el prolongado y violento gobierno de Joseph Stalin, la Unión Soviética (URSS) llevó a cabo una política orientada a la consolidación de «esferas de influencia», con lo cual logró mantener su hegemonía sobre extensas áreas de Eurasia que inicialmente fueron controladas por el imperio zarista en el siglo XIX. Aunque la presencia soviética se manifestaba en otras partes del mundo principalmente a través de partidos y movimientos comunistas, la visión estalinista consideraba a América Latina dentro del área de influencia de los Estados Unidos. Por lo tanto, durante esta etapa, la URSS no buscó una presencia directa en América Latina, respetando la distribución de poder surgida tras la Segunda Guerra Mundial.

Cuando los hermanos Castro iniciaron sus acercamientos al Bloque Soviético, tanto el Ministerio de Relaciones Exteriores como el propio Partido Comunista soviético manifestaron recelo. Temían que estos intentos de aproximación fueran una posible trampa urdida por elementos antisoviéticos dentro del gobierno estadounidense, cuyo objetivo sería hacer fracasar la política de coexistencia pacífica. Por esta razón, en 1959, ellos rechazaron las solicitudes iniciales de los Castro para obtener armamentos vía Polonia.

Con la llegada de Nikita Khrushchev como sucesor de Stalin, la URSS enfrentó críticas constantes del régimen comunista chino, que lo acusaba de debilitar el movimiento socialista mundial mediante su política de «coexistencia pacífica» con Estados Unidos y el bloque occidental. Khrushchev aprovechó la toma del poder por Fidel Castro en 1959 para reorientar la doctrina de expansión soviética: decidió apoyar los llamados «movimientos de liberación» en el Tercer Mundo, buscando así neutralizar los ataques de China y fortalecer la presencia internacional de la URSS.

Fidel Castro, consciente de esa coyuntura internacional, aceleró a fines de 1959 la integración de Cuba en la órbita soviética. Posteriormente, Khrushchev tomó la decisión de instalar misiles en Cuba, con el entusiasta respaldo de los hermanos Castro. Esta acción provocó la mayor crisis de la Guerra Fría y puso en peligro la existencia misma de Cuba, ya que la confrontación pudo haber desembocado en la destrucción total de la isla. Tras la resolución de la crisis, Khrushchev fue destituido de su cargo, responsabilizado por la imprudencia que llevó a la URSS al borde de un enfrentamiento nuclear con Estados Unidos. Desde ese momento, la URSS y más tarde la Federación de Rusia han mantenido a Cuba en una de sus «zonas de fricción» en las relaciones con los EE. UU.

El fin de una era

La crisis económica y social en que está sumida Cuba refleja el estado de agotamiento del modelo castrista de gobierno. En lo interno, todo parece indicar que el régimen personalista impuesto por la familia Castro no podrá subsistir más allá de sus fundadores por la incapacidad de sus sucesores y el cambio radical que se ha producido en el ámbito internacional. El remover a Cuba del sistema democrático liberal le ha traído al pueblo cubano un grado de marginalización que le impide mantener un desarrollo económico y social sostenido.

Un segmento apreciable de la nueva generación de políticos latinoamericanos que militan en la izquierda ya no ven al castrismo como el modelo a seguir para alcanzar el poder. Esta evolución responde al desgaste del modelo castrista, cuya crisis económica y social ha evidenciado la incapacidad del régimen para garantizar el desarrollo sostenido y el bienestar de la población cubana.

El debilitamiento del poderío militar ruso ocasionado por la guerra en Ucrania le está produciendo una pérdida real de su capacidad para proyectarse más allá de sus fronteras. Además, la Federación de Rusia está sumida en una crisis económica que está poniendo en peligro su propia existencia.

Desde su creación por la familia Castro, las Fuerzas Armadas han contribuido a convertir al país en un instrumento de la política exterior de la desaparecida Unión Soviética y luego de la Federación de Rusia. La facción militar prorrusa que por medio de la contrainteligencia militar ha sostenido al régimen se debilita, ya que Rusia no puede proveer los recursos para salir de la crisis actual.

La única opción que tiene la dirigencia militar cubana es adoptar la ruta que utilizaron los militares polacos para sacar a su país de la crisis endémica que sufrió en la década de 1980. El último líder del Ejército Popular y del Partido Comunista de Polonia, Wojciech Jaruzelski, luego de varios intentos de reforma del sistema que no produjeron los resultados deseados y ante la gravedad de la crisis económica y social, inició el proceso de democratización de las estructuras del Gobierno. Este proceso culminó con el desmantelamiento de la República Popular de Polonia y la eliminación del poder hegemónico que Rusia había ejercido sobre el país durante una buena parte de su historia.

Jaruzelski, que desde los veinte años estuvo luchando dentro de las filas del Ejército Soviético en la II Guerra Mundial, puso los intereses del pueblo polaco por encima de sus intereses personales y partidistas. Eventualmente, y luego de una modernización de las estructuras del gobierno, Polonia ingresó en la Unión Europea, lo que la ha convertido en la nación líder de la Europa oriental.

La dirigencia militar cubana no tiene justificación alguna para mantener al pueblo cubano en la miseria cuando el camino hacia la modernidad está abierto para reintegrar al país al lugar que se merece dentro de las estructuras político-económicas del mundo occidental.

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