Por: Miguel Alejandro Hayes
Las empresas estatales cubanas no pueden sostenerse, están paralizadas. Así lo indican los datos de la (in)capacidad real de estas para costear a un mínimo de trabajadores que garanticen su funcionamiento.
El sistema empresarial estatal solo puede contratar entre 51 000 y 22 000 personas (Tabla 1), si da empleo únicamente a quienes pueda garantizarles un salario digno, calculado a partir de los costos de vida en la isla y sus estándares de cálculo.

Dichas cifras sugieren que el Estado cubano puede contratar, en promedio, entre 8 y 25 trabajadores por empresa (Tabla 2), una cifra casi 34 veces inferior al promedio actual de 842 trabajadores por entidad.

En la práctica, estos datos indican la necesidad de un cambio radical dentro de la estructura de empleo cubana que quizá ni siquiera sea posible. Y es que, si bien todo podría consistir en despidos masivos para reducir la plantilla al número de empleados a los que el socialismo pueda garantizarles un salario digno —con todo el costo social que ello implica—, la problemática va más allá.
Toda empresa, esencialmente, puede comprenderse como una combinación de recursos humanos, equipos y maquinarias, administrados de determinada manera; eso se conoce en economía como la relación capital-trabajo.
Ese enfoque sugiere que existen combinaciones óptimas para ambos factores. Por ejemplo, si hay que cavar huecos en la tierra y se dispone de cinco palas, el punto óptimo sería contar con cinco obreros; con cuatro, sobraría una pala y, con seis, uno esperaría a que otro se canse o se turnarían para usar el instrumento.
En el caso de las empresas cubanas, resulta relevante que estas se caracterizan por ser grandes (por número de contratados). Ello se debe a la influencia del Che Guevara en el diseño económico de la Cuba de Castro y a su énfasis en los monopolios y las grandes empresas. Así, en la actualidad, cada empresa estatal —salvo las «pymes»— es, en sí misma, una cadena de varias entidades llamadas UEB. Por ejemplo, cada una de las panaderías estatales de La Habana son una UEB de la misma empresa: la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria (EPIA).
En cifras, esto significa que el 78 % de las entidades económicas estatales tiene más de 100 trabajadores y, de estas, el 62 % (más de 1 000 empresas) cuenta con más de 300 empleados (Tabla 2).

Esta realidad podría señalar que, si ocurriera el catastrófico ajuste laboral basado en el costo real de la vida, el número de empleados sería insuficiente para producir: habría más palas que personas trabajando, dicho en términos del caso hipotético antes expuesto.
Aunque esa afirmación no puede demostrarse de manera categórica, la distribución de trabajadores por empresa y la propia estructura de estas lo indican: es casi imposible que entidades económicas que necesitan cientos de trabajadores (como la EPIA) puedan funcionar con apenas 25. Ello evidencia un hecho implícito en la diferencia entre el salario cubano y los costos reales de vida: la bajísima productividad del sistema empresarial estatal cubano.
Por último, vale destacar que las implicaciones de la situación del empleo en Cuba constituyen un caso extremo de desempleo por salario real elevado (real-wage unemployment). Donde lo excepcional viene dado porque los costos de la mano de obra son insostenibles por la productividad de la empresa estatal cubana, a tal punto, que esta no puede pagar ni siquiera la dotación mínima de empleados necesaria para operar su capital (equipos y maquinarias).
Ese caso extremo bien podría llamarse «parálisis empresarial».

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